Auto-profecía cumplida ✔

Quiso conocer el lugar después de observar en directo cómo esa persona narra su viaje en internet. La fascinación por el paisaje hizo que catalogara la experiencia del influencer como extraordinaria. Así que quiso saber más.

Al leer la información anexa a los comentarios, obtiene el nombre de la agencia de viajes. De inmediato llama, le atiende una voz amable que pregunta:

—Buenas, soy su asesor de viajes ¿Desea ir al Amazonas Venezolano o a la Gran Sabana?

La consulta le toma por sorpresa y titubea. Esa voz aprovecha los segundos de duda para consultar la fecha del viaje y al obtener la respuesta interrumpe sin piedad:

—¡Qué suerte la suya! Justo para la esa fecha tenemos excelentes ofertas a la Gran Sabana —El tono eufórico no da respiro. Esa voz amable había aprendido que si quiere cerrar su venta diaria debe saber trasmitir urgencia, aunque la voz del cliente sonara a presa fácil. Sin compasión continúa: —Un tour completo para disfrutar de esa tierra exuberante, con majestuosos ríos, saltos de agua, espesas selvas y abiertas sabanas. —Con la necesidad de alcanzar su cuota de ventas en mente, hace una pausa como para respirar y sin dar tregua prosigue: —En la Gran Sabana, podrá maravillarse ante los Tepuyes, las montañas más viejas del planeta. Contamos con expertos que lo llevarán al Roraima, el Tepuy más emblemático y elevado, está a dos mil ochocientos diez metros de altitud. Imagínese a usted a esas alturas, las vistas la brisa. —La voz de la agencia de viajes hace otra pausa para comprobar que el potencial cliente sigue en línea: —Un paraíso, ¿verdad que sí? —Con solo la intención de respuesta desde el otro lado del teléfono continúa: —Para no abrumar con más información, tan solo le comento que la Gran Sabana tiene tres millones de hectáreas repletas de paisajes mágicos que van desde ríos de aguas mansas y rojizas con toboganes naturales, pequeñas cascadas ¡Hasta el imponente Salto Ángel! la caída de agua natural más alta del mundo. Como su asesor de viajes le comento que sería una lástima que no escoja ese destino. Es un lugar hermoso y además la oferta es por tiempo limitado y quedan pocas plazas. Aunque, por supuesto, usted decide a dónde ir. Así que ¿Desea ir al Amazonas Venezolano o a la Gran Sabana?

—A la Gran Sabana —responde de inmediato su lengua mientras su mente se recrea al imaginar el paisaje.

Recreación de la Gran Sabana

De nuevo la voz se extiende en los pormenores del viaje y aquí se perdió un poco, tan solo retiene que son muchas horas de vuelo, que puede navegar en canoa, que hay excursiones a pie. Todos estos detalles, lejos de intimidarle, aumentan su curiosidad. La voz de la agencia de viajes hace un cierre agresivo, logra que se haga la reserva y así asegura sus ingresos del mes.

Impaciente por la aventura que va emprender lo comenta con amigos, conocidos, compañeros de trabajo y éstos le miraron con asombro, no por el viaje en sí, sino porque se equivoca de lugar y por los motivos que le impulsan hacerlo. Le comentan que la persona del video fue al Amazonas y hasta hubo quien le aclara que murió de forma extraña en su habitación del hotel. En apariencia no toma en cuenta esos comentarios, pero quedan grabados en su memoria. Con determinación les reafirma sus deseos de ir.

Llega el tan ansiado viaje. Entre el largo vuelo y los diferentes traslados, tomó un día entero llegar. El hotel era una choza gigantesca, circular, rodeado por un paisaje imponente, parecido al que contempló en las fotos y videos. En la recepción les dan la bienvenida al grupo. Las personas a su alrededor están cansadas pero sonríen. Son informados de los horario de los paseos, por la mañana y se apunta para ir al primero del día siguiente.

Amaneció. El desayuno fue algo extraño, pero no se quejó ya que deseaba vivir la experiencia completa. Cogió entre sus manos lo que vio como una especie de pan redondo, relleno de queso blanco. Dentro de todo el menú fue lo que percibió como menos extravagante. Tomó un vaso plástico con un liquido marrón, que pensó era alguna bebida de cola pero más aguada y le obligaron a tomar otro vaso con jugo de naranja.

Su sorpresa fue con el primer mordisco de aquella hamburguesa amarillenta. La concha era crujiente, la miga suave. Estaba humeante. Su sabor a maíz lo desconcertó. Definitivamente no era pan. Luego sintió lo frío del queso, suave aunque con cuerpo, justo de sal. Notó que no habían salsas ni mantequilla ni nada que le hiciera falta para adornar su sabor.

Comió tres de esas, en otra oportunidad probaría la rellena de carne. Durante el desayuno los viajantes están en torno a una única mesa circular y fue fácil entablar una conversación. Así supo que comían lo que se llamaba arepa, la suya rellena de queso de mano. Con la bebida no sintió el mismo placer, algunos rieron por sus muecas a ver la decepción de su cara cuando descubrió que no era ninguna cola. El sabor a limón dulce, muy dulce, no permitió que se lo bebiera completo. Le advirtieron que no despreciara del todo el papelón con limón, ya que es una bebida muy refrescante en las horas de calor. No prestó mucha atención, su concentración era para el jugo de naranja fresca, el punto justo del dulzor hizo que tomara dos vasos.

Comenzó la expedición por los caminos selváticos. Los mosquitos, el exceso de vegetación, el calor le abruma, aun así no expresa queja alguna.

Polilla Caniche

Se mantiene expectante ante lo inusual del trayecto y de pronto llama su atención un extraño insecto volador que revolotea cerca.

Se asusta, grita y el resto de los viajantes también se suman al temor. El guía, atento al grupo, distingue al pequeño animal  y les explica que se trata de la Polilla Caniche, que su presencia es habitual en la Gran Sabana.

— Aunque no conocemos muy bien sus costumbres, les aseguro que no es dañina y aprovecho para recordarles que no deben tocar a los animales ni a las plantas. Recuerden que este entorno es un lugar milenario. Son zonas vírgenes, únicas en el mundo.

El grupo se calma con esta explicación y continúan el trayecto.

Polilla Caniche

Camina en silencio. Se maravilla con el paisaje, pero observa que la Polilla Caniche sigue sus pasos. Al parecer nadie nota su presencia y ante las palabras del guía, no se atreve a decir nada más.

Transcurre el paseo sin más novedades que la presencia de la Polilla Caniche a su paso. Lo comenta con alguien que está cercano y éste, después de observar con detenimiento, le manifiesta que no hay nada, que es probable que el cansancio le haga verla. Le ofrece un poco de papelón con limón para refrescarse, pero lo rechaza. Ante la cara de susto, intenta darle ánimos:

—Al llegar al hotel, un buen baño con agua tibia hará que olvides el susto que sentiste al mirar ese animalito. En mi pueblo creemos que las polillas, y unas cuantas especies de mariposas negras, son mensajeras de riqueza económica.

—Pues para nosotros son presagio de algo malo, muy malo y mira que nosotros si sabemos de esas cosas de la naturaleza. Los de tu pueblo lo entendieron todo al revés —Dice otra persona que está escuchando y decide intervenir.

Continúan el trayecto. Apenas disfruta del paisaje. Va en silencio, mientras piensa con preocupación «Para unos serán una buena señal, pero estoy de acuerdo de que son mensajeras de mal agüero»

Recreación del Salto Ángel

Con nerviosismo no deja de sentir sobre sus hombros el vuelo de la Polilla Caniche. El temor se instala en su mente, sin embargó no dice nada. Al llegar al hotel se refugia en su habitación. Se pierde la cena y el desayuno del día siguiente, en donde quedaron pendientes las arepas de carne mechada que no llegó a probar. Se alegra de que ya sea la hora del retorno, espera paciente para realizar el vuelo de regreso y alejar de forma definitiva a ese animalito.

En el avión durmió cómo si fuera la primera vez que podía descansar. Llegó a su hogar. Al abrir la maleta del viaje salieron de ella una madeja de diminutos insectos voladores, o esa fue la impresión que le dio. Miró a su alrededor y vio revolotear a miles y miles de Polillas Caniches por el diminuto espacio. De inmediato llamó a un experto para que las exterminara. Éste le informó que no veía la presencia de ninguna polilla, pero ante su insistencia, fumigó toda la casa, cobró su trabajo y se fue.

Con la confianza que le dio la fumigación, durmió con placidez. Deseaba volver al trabajo para mostrar las fotos y contar su mágica experiencia. Claro que lo de la polilla no pensó en contarlo, era algo que pertenecía al pasado.

La Polilla Caniche, en su imaginación, se instala en su casa.

Al despertarse descubrió que desde su mesa de noche lo observaba la Polilla Caniche con ese aspecto esponjoso que le dan sus alas y pelaje blanco, largo, rizado. Frotaba sus antenas, parecidas a unas pestañas curvadas, de color marrón-dorado, mientras le miraba con sus enormes ojos saltones, negros, oscuros, profundos.  

No salió de su casa, se centró en acabar con esas polillas, pero cuando espantaba alguna ésta se multiplicaba. A los pocos días de haber llegado del viaje los del área de RRHH de su empresa llamaron para saber qué pasaba. No obtuvieron noticias. Los amigos tocaron su puerta. No hubo respuesta. Los del vecindario no le han visto.

Transcurrieron algunas semanas, tal vez meses, hasta que se resignó a la presencia de ese espantoso animal. Al sentirse que se había repuesto descubrió que desde el día del regreso había tenido el teléfono móvil en modo avión. Ya estaba descargado. Esperó paciente a que completara la carga y se comunicó con RRHH. Supo que ya no trabajaba allí. ¡Lo perdió por abandono!. Llamó algunos amigos y se sorprendió al comprender que ahora parecían conocidos. Salió a comprar provisiones. Los vecinos no le reconocieron, respondieron a su saludo con un movimiento de cabeza.  

Sus sospechas de que esas polillas eran unas mensajeras de mal agüero se confirmaron. Volvió al antiguo plan y retornó el ataque, debía acabar con ellas antes que la desgracia arruinara su vida. Mientras, en los pasillos de la empresa algunos se preguntan en dónde está y si ya habrá regresado del viaje.

Publicado por rosaboschetti

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4 comentarios sobre “Auto-profecía cumplida ✔

  1. Buenos y domingueros días, Rosa.
    Mientras iba leyendo tu relato me iba diciendo a mí mismo, esto solo lo vivo yo en mi imaginación porque a mí viajar me da yuyu. Conforme seguía leyendo me ibas dando la razón y, al terminar, mi yo interior ha gritado: «Veis como no es bueno viajar». 😂😂😂
    Yo polillas no veo, afortunadamente, pero moscas volantes sí. Dicen que es un defecto de los miopes. A veces, no me las espero y me pego unos sustos como tu protagonista. Aunque a ella le vendría bien lo que echaba mi abuela en los armarios. 😝
    Buen relato, intenso, intrigante, dramático y… echa flit-flit, por si acaso.
    Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

      1. Imaginar, imaginar… ¿y si no fue imaginación?
        Los poderes de las fuerzas oscuras tienen aliados por todas partes. 😝
        Y esa polilla tiene toa la cara del primo de Érebo. 😅😂
        Que san Raid nos coja confesaos. 😨🤣🤣

        Le gusta a 1 persona

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