A propósito de: Tiempo compartido, Película 2018

Un lujoso resort muestra un confort lejano como si entraras en un anuncio publicitario, como para enamorarte, como para señalar que no lo puedes aprovechar porque aún no eres parte de ellos. En Tiempo compartido no se trata de ir de vacaciones, sino de sanarse y disfrutar de una familia.

No es mucho lo que se pueda decir sin hacer spoiler ya que nada le sobra, no hay anécdotas solo un mensaje directo lleno de detalles importantes. Un puzle que se va armando en cada imagen, cada silencio y cada diálogo. Resulta dinámica y un poco…

Primeras pesquisas (microrrelato)

Huella y pelo negro sobre bayeta amarilla.
Hora del hallazgo: 23:20h
Lugar: Cocina. Persona que hace el aviso: Humana encargada de la comida tras encender la luz, se disponía beber agua.
Transcribo declaración: «…puse pausa a Better Call Saul, la serie esta muy bien… Mike hablaba con su nuera y … si, si, me centro, perdone pero, son los nervios… bueno, me dio sed y puse pausa a, pesar de lo bueno que estaba el capítulo, si ya…el punto a tratar.. bueno si, fui a la cocina y encendí la luz entonces vi algo negro saltar desde la encimera…si, si muy rápido. Grité y fue cuando ustedes llegaron…no, no vi más nada…oh no!! no, yo no toque la bayeta!… no, no esa huella no es mia … si claro, le dejo mi huella de la mano en una servilleta sin problema…»
La averiguación queda abierta a la espera de los resultados de la comparación.

A propósito de: Cuando el destino nos alcance (película 1973), Delicatessen (película 1991)

¿Nos comemos o nos matamos? Hablando de distopías recuerdo a dos películas que han hecho historia. Cada una plantea el problema social en el que están inmersos sus personajes de diferentes maneras, pero con resultados irreversibles y poco amables, por decirlo de alguna forma.

¿Quién es quién?  

Ellos/nosotros Las distopías se centran en proyectar los aspectos más incómodos, injustos y absurdos de la realidad presente, la del autor o de quien versione. Describen contextos o estados sociales imaginarios extremando las consecuencias de lo que ya está pasando en germen y que llevan a sus personajes a situaciones indeseables.

A propósito de José José, el príncipe de la canción (2018)

José José, el príncipe de la canción (2018), es un claro ejemplo de contenido que advierte. El artista explica (dentro de la misma serie) que la realizó con la intención de mostrar sus errores, con el objetivo de que, al verlos, tomáramos consciencia de ellos para evitarlos en nuestras propias vidas.

Paradoja detrás del entretenimiento

Quiero o necesito   
Se produce para cubrir una necesidad pero, ¿cuáles cubre el arte? Seguimos con las funciones de épocas pasadas, que se van sumando a la lista conforme pasan los años y los siglos, reinventándose y adaptándose pero manteniendo su razón de ser.

La batuta la lleva, como no puede ser de otra forma, la función de transmitir la ideología, siendo necesarios los artistas y sus habilidades para transmitir pensamientos, consignas y valores de los movimientos sociales, políticos y religiosos propios de la época, expresados por encargo de los mecenas/patrocinadores o de motus propio por el artista. Como un piano cumple también una labor pedagógica que data desde la Edad Media cuando empezaron a encargar a los artistas mensajes para “educar” a la población. El cometido protagonista es ser el reflejo de registro, análisis y expansión de la realidad, como el concertino, su aguda visión es un estrecho vínculo entre la producción de arte y el contexto histórico a tal punto que a través de las obras de arte se pueda obtener información de la cultura de la que proviene, aun cuando el registro del entorno no haya sido una prioridad para el artista. Dentro de los principales los primeros violines con la función ornamental/entretenimiento, favoritos de la batuta de hoy en día.  Indispensable, como un violonchelo dentro de una orquesta, es su aspecto mercantil que se lo da su valor de cambio, su capacidad de convertirse en producto ofertable y demandable. Luego entran y salen la percusión, vientos, metales y demás cuerdas según la ideología vaya señalando, así su aspecto mágico-religioso, que está desde el arte primitivo, su función estética, heredada de la Antigua Grecia, su aplicación conmemorativa y de promoción otro aporte de los muchos de la Antigua Roma y como un triángulo cuyo sonido de frecuencia indefinida es claro y penetrante está la función de insignia social, por el cual el  prestigio está directamente relacionado con la capacidad de pagar/ganar grandes sumas de dinero por un objeto/trabajo que es innecesario y que carece de utilidad aparente.

La ideología tiene sus prioridades y su versión de la pieza que corresponde con la época en que se vive. Por la naturaleza del producto artístico, tanto la producción como la comercialización tienen sus propias reglas que son diferentes, no mucho en realidad, a que si habláramos de zapatos por ejemplo. A diferencia de cualquier otra cosa, el objeto o la obra de arte no es un artículo vital, sin zapatos no podemos ir por allí pero sin arte pudiéramos sobrevivir al menos un tiempo, o eso creemos, yo no sabría cómo hacer zapatos con sisal pero aunque cante mal pudiera hacerlo sin problemas para atormentar a Mr. Wilson con mi voz. Así que el arte produce lo que la gente quiere, no lo que percibe como necesario (no se come, no protege…) se percibe como un anexo, algo prescindible sin embargo, podemos gastar grandes sumas de dinero en TV, música, libros…porque en el fondo si lo necesitamos como oxígeno para el alma y para no desligarse, del todo, de nuestra humanidad.

La paradoja detrás de la comercialización del arte
Los marchantes ahora también son los mecenas y vice versa, sobre todo en lo que ahora es la industria del entretenimiento, como la llaman. Muchas veces el artista es artista-mecenas-marchante gracias a internet que nos abrió esa puerta y democratizó un poco la cosa, con su consecuente inconveniente que es el exceso de oferta para la demanda real a este nivel, mientras que las grandes compañías se disputan el pastel mercantil que mueve millones a través de estudios de mercado. Y esto lleva a otro punto, hay artistas sin contrato de estos grandes jugando a ser best seller, artista revelación o algo por el estilo, estoy de acuerdo con que cada quien aplique su estrategia, eso está bien, no se le debe poner cercas al campo pero, el artista, o quien pretende serlo, que busca palabras claves y tendencia para ver de qué irá su próxima novela de seiscientas páginas ¿no estará traicionando la naturaleza de su trabajo? 

Estamos ante la paradoja de Abilene: se hace lo que le gusta a la mayoría y gusta porque se hace, en este caso porque lo hacen los mecenas-marchantes que son los dueños de las manos, es decir el dinero, que mueve la batuta pensando que es que lo que pudiéramos querer/entender. 

Burbuja de entretenimiento

Contenidos a la carta
El arte conceptual nos abrió un camino para experimentar con cualquiera de sus expresiones, es casi imposible contenerse ante tantos materiales que te permiten realizar cualquier trabajo artístico y muchos audaces nos lanzamos en esta aventura. Es la era de los guionistas, escritores, actores… una buena parte ha encontrado en la TV un nicho que a su vez se ha convertido en su mejor vitrina/mecenas. Grupos, que manejan intereses concretos y eligen contenidos, previo estudio de mercado, entre una gama de productos que van desde el entretenimiento sin propuesta artísticas hasta ideas simples o complejas, eso sí, todas presentadas con una impecable técnica, que muchas veces es suficiente para cautivar.

La nueva forma de ver los contenidos a la carta es la modalidad que estos mecenas del arte introdujeron en nuestras vidas cuando abrieron las puertas de los canales privados de TV, con esto no quiero decir que estoy en contra de esta forma de comunicarnos, simplemente me lleva a reflexionar sobre el efecto que tiene el hecho de que ahora podemos escoger la hora, el momento y lo que vamos a ver con toda precisión. Quedo muy lejos el tener que grabar la serie que tanto nos interesaba para poder verla luego,  y más lejos aún las carreras buscando llegar a tiempo para verla, salvo un veintitanto de mayo del 2010 cuando 13,5 millones de espectadores a nivel mundial nos plantamos frente a la pantalla para ver el capítulo final de Lost, sintonizados todos con el horario y la trasmisión de la cadena ABC…

[…] ‘Perdidos’ consiguió despertar pasiones, comentarios, discusiones… Es una de las únicas series que ha conseguido, sin importar edades, intereses o nacionalidades, unir a millones de personas e introducirlas en un laberinto mental en el que descifrar numerosos misterios. Su éxito fue de tal calibre cómo el miedo a los spoilers y el final de ‘Perdidos’ se retransmitió simultáneamente en 59 países […] Fuente: energy.es

Esta elección de contenido tan evidente (siempre ha existido la posibilidad de elegir lo que vas a ver, solo que ahora puedes diseñar tu propio catálogo) nos abre a su vez otra puerta, una que nos da la impresión de perdernos en un sinfín de variables. Nos descubrirnos en un laberinto de relatos confusos, aburridos o incomodos y vemos la luz cuando nos identificamos con una propuesta que, por un tiempo, nos aísla de nuestras circunstancias cotidianas para sumergirnos en ese otro mundo. 

Dependiendo de la serie, ese mundo paralelo que compartimos puede durar años. Al ver y al participar de una que nos apasione, nos creemos un poco dentro de sus circunstancias, «fue sin querer queriendo» como diria el Chavo del Ocho, que compartimos con otros fans-adictos vía foros, merchandising y conversaciones (incluso presenciales) en un espacio a temporal, ese entre nuestra vida cotidiana y el tiempo de la serie que se congela en su propia historia. Nos encontramos viviendo en una burbuja, en donde podemos elegir la información y contenidos a los que nos acercamos que sean de nuestro interés, conectamos con las personas que también hicieron esa misma elección. Esto suena muy interesante y enriquecedor, sin embargo cabe el riesgo de quedarnos con la información de la realidad que a nosotros nos interese, retroalimentándonos al infinito de tal forma que creamos nuestra propia burbuja de información e interacción. Auto limitándonos a ver solo lo que queremos ver y a defender cosas que a veces solamente está en nuestra burbuja, donde pasamos olímpicamente de lo distinto e incómodo pensando que así deja de existir.. Dividiéndonos según el tema de interés en grupos diferentes pero iguales en su funcionamiento. Pensamos que somos incompatibles al resto que omitimos y elegimos ignorar, sin saber que el que ha elegido otro tema pensará lo mismo sobre nosotros. No pasa así con los libros, aunque nos apasione y lo compartamos con otro lectores-adictos podemos entran y salir de ellos sin problema, el tiempo no se nos divide. Podemos pasar página e incluso cerrarlos del todo,para reencontrarnos con su reinterpretacion años más tarde.

Entonces ¿Estamos en presencia de mecenas/corporaciones dañinas o malvadas? No, aquí no se puede señalar a un “culpable” de esta situación de iguales unidos por los mismos intereses y por el exceso de oferta, simplemente creo que es el momento social que estamos viviendo.  Aunque cabe pensar que da paso a un poder hegemónico que va ser realmente el que controle la percepción de esa vida compartida (vease este artículo)  Estas alianzas en aras del entretenimiento en cualquiera de sus formas están pensadas para pasar el rato y para mostrarnos un nuevo contexto que, como ya dije, consiste en ver una parcialidad de esa verdad que compartimos con grupos afines a nosotros, que nos permite manejar una gran cantidad de información pero que, contradictoriamente, nos hace comportarnos como si fuéramos  incapaces de ver  la totalidad del entorno que nos rodea.

«El modelo de negocio de las nuevas plataformas va sumando escalones como una pirámide: el contenido atrae suscriptores, que proporcionan ingresos, que pagan por más contenido. Eso, a su vez, ha cambiado las reglas sobre cómo se financian las cadenas de televisión, vendiendo programas directamente al consumidor y utilizando los datos para dirigir la publicidad. Los mercados han comprado el modelo de negocio como si fuera pan caliente: Netflix, con 135 millones de suscriptores, tiene una capitalización de casi 150.000 millones de dólares, no muy lejos de los 185.000 de la venerable Walt Disney Company»