La mentira (microrrelato)

Ella,  lo abordó  mezclando  palabras de reproche, indignación y tristeza. Él, en su interior solo sentía un profundo desprecio por los sentimientos que ella expresaba. Imperturbable, observo con cierto regocijo  las lágrimas que desdibujaban los ojos de ella, antes  perfectamente maquillados. No le diría nunca que la causa de su sufrimiento la había ocasionado él, no porque sintiera remordimiento o temiera alguna venganza, sabía que esto no iba a ocurrir, simplemente porque no le daba la gana. Gracias a su capacidad para mentir podía esbozar una expresión de condescendiente comprensión. Esa vecina que tan apetecible continuaba hablándole entre sollozos describiendo el  horror que sintió  llegar y ver el portal sucio, lleno de papeles publicitarios, mientras él mentía con la cabeza en señal de asombro o desaprobación de vez en cuando y al compás del relato desgarrador.

Adiós buena amiga (microrrelato)

Acompañaste mis pasos por caminos insospechados como una fiel compañera, silenciosa, a mis pies. Contigo me sentía cómoda, era yo misma. Aunque tenía otras opciones prefería tu compañía.

Sabía que te gustaba más el calor del verano, sin embargo no objetabas cuando algún otoño te escogía como mi compañera de camino. Recuerdo con alegría y nostalgia aquellas tardes saltando charcos y vernos empapadas de barro. También algún invierno que me empeñaba en sacarte de tu comodidad a sentir el frío ¡cómo nos congelábamos! no estabas preparada para ello.

Hoy te digo adiós, ya no hay más remedio para todos tus males. Sé que vendrán otras, pero ninguna será como tú, mis fieles sandalias.

Juguete entre sus brazos (relato corto)

Sentía la presión de sus familiares y amigos cuando le decían que no podía continuar viviendo con tanta soledad, necesitaba urgentemente una compañía o su vida no tendría sentido. Era tal la insistencia que sucumbió al ver su mirada ansiosa de amor. En ese momento decidió que ya tendría a quién mostrar para callar esas afirmaciones. Lo conquistó cubriéndolo con palabras que le sonaron amistosas. Se mudaron juntos a su piso en un edificio decente, muy bien ubicado, con vecinos silenciosos y amantes de los rumores. 

Para poder salir a pasear por las tardes le compró todo tipo de ropa muy mona que representaba muy bien el status que ahora tenía. Pronto logró callar las voces sobre su soledad y ya de paso despertar la tan ansiada envidia, le complacio mucho sobre todo la de sus vecinos. Pero llamar la atención fue un arma de doble filo porque pronto esos halagos se convirtieron en críticas a la ropa que usaban, al escándalo que hacían cada vez que llegaba del trabajo con a las excesivas manifestaciones de cariño, que eran continuas, escandalosas, definifotvamente perturbaban la paz vecinal.

No dejaba de escuchar a los vecinos quejándose de los ruidos, esto le generó una gran angustia y decidió tomar cartas en el asunto. Habló con su médico, el mismo que los había presentado. Este le aconsejó hacerle una pequeña operación de desvocalización para extriparle las cuerdas vocales y así evitar las posibles molestias que ocasionaran sus expresiones tan eufóricas.

—No sentirá ningún dolor, ni siquiera se va a dar cuenta. Así le dijo.

En verdad fue una operación muy simple, duró pocos minutos y la recuperación también fue sencilla, no tuvo que hacer ningún cambio en sus horarios para atenderle ya que se portaba muy bien, apenas se sentía su presencia. Por fin los vecinos dejaron de murmurar a su paso.

Una calurosa tarde de verano tenía que ir al supermercado para hacer las compras, le puso un traje muy lindo y decidió ir en el coche. Lo acomodó con mucho cuidado en el asiento de atrás, ajustando bien el cinturón de seguridad. El supermercado estaba abarrotado y tardó mucho. Al salir se encontró con unos amigos y les comentó que tenía más de dos horas comprando esas tonterías. Todos estuvieron de acuerdo que, entre el calor, la gente y la lentitud de los empleados habían perdido mucho tiempo. Hablando de estos temas y entre quejas y chistes se fueron, arrastrando los carritos de las compras, a tomarse algo para refrescarse. Así pasaron dos horas más de charla entretenida y decidió que ya era hora de marcharse caminando con mucha lentitud porque, insisto, el calor era insoportable. Cuando iba llegando al coche se percató que había un grupo de personas que comentaban

— ¡No hacía ningún ruido!

—Parecía que se quejaba, ¡pero no se escuchaba nada…!

A pesar que el calor le hacía sudar a chorros, apresuró el paso cuando un policía le interceptó preguntándole si ese era su vehículo. Afirmó con la cabeza mientras, por insistencia de la multitud y del policía, abría el coche y un vapor insoportablemente caliente salió de su interior. Todos se miraron con tristeza y asombro cuando se encontraron al lindo perrito con su traje de chaqueta y la lengua colgándole como una corbata. Reaccionando ante la terrible escena lo tomó en sus brazos con gestos que se podían interpretar de mucho amor y arrepentimiento. Los demás se alejaron discretamente para no perturbar esos momentos tan trágicos.

Mientras le cerraba sus ojitos desorbitados pensaban «Pobrecito… pero… es solo un perro. Ya buscaré a otro que no sea tan tonto»

A propósito de: El cuento de la criada (serie, 2017)

Continuando con la reflexión sobre el arte como entretenimiento y la burbuja que nos construimos “a la carta”, pienso que realmente el arte no ha vuelto a la manera renacentista, sino de otra forma muy diferente. Otros hilos mueven a la industria del entretenimiento, demandando más contenidos por una parte y abriendo otro tipo de puertas a los que quedan fuera de nómina y se atreven. El resultado es un mercado saturado con unos y otros al borde de dejar de lado sus propuestas para ser interpretes al servicio de la publicidad, incluso la ideológica, me gustaría pensar que de forma inconsciente.

La mayor parte del tiempo nos encontramos con grandes producciones en donde el mensaje se convierte en complaciente, pierde su esencia de propuesta y gana en publicidad, pasando de audaz a obra maniquea y tramposa, que manipula al espectador/consumidor con la intención de que se afecte de determinada manera.  Existen muchos ejemplos de ello, se me antoja hablar otra vez de la  narración de ciencia ficción distópica El cuento de la criada.  No trato de hacer una apología de la novela ni un libro vs serie sobre ella, sino hacer un ejemplo de la paradoja detrás del entretenimiento; de cómo se le da al público lo que supuestamente quiere y este lo acepta porque se supone que es lo que debería querer (y así todo es supuestamente más fácil para todos) 

El momento de reivindicarla

Bruce Miller (Los 100) es el creador, guionista y productor ejecutivo de esta adaptación televisiva de la novela de 1985. Curiosamente, existe una adaptación previa cinematográfica de 1990, que estuvo protagonizada por Faye Dunaway, Robert Duvall y Natasha Richardson y también hubo una versión operística. Tristemente, el libro había tenido en España al menos, un periplo desigual, con gran probabilidad por el hecho de estar escrito por una mujer y encima de origen canadiense. (ver nota completa)

Al ser llevada a la TV como serie pierde su propuesta rompedora (a pesar de estar bajo su tutela) y se convierte en un sombrío mensaje de una mujer “heroica”, que es capaz de enfrentarse solo con su voluntad a una sociedad dictatorial de hombres, cuando en realidad es una testigo (en la novela y película de 1990) y esto le da otra perpectiva, claro menos abanderada y más creible. Offred no deja de preguntarse cómo no fue capaz de ver lo que estaba comenzando, esto ya suena más familiar, de hecho en el libro hay una referencia al poema Ellos vinieron de Martin Niemöller. La novela nos pone en situacion sobre la fuerza del miedo al ser compartido y disfrazarse de iniferencia; las cosas suceden mientras miramos a otro lado. La serie pierde la oportunidad de ir al fondo haciendo de la pompa de jabón una burbuja con efectos preciosos. El problema es la adaptación, la propuesta, es como si trataran de hacernos olvidar que muchas personas de carne y hueso se han tenido que enfrentar a situaciones reales y no han podido hacerlo solas porque los intereses de la realidad circundante las han anulado. 

Por otro lado en la serie tampoco es cierto que todas las mujeres sean víctimas de la sociedad que se ha creado, las hay con poder como las tías (usando recursos visuales muy potentes como en La kapo) pero sin dejar claro su posicion de prisioneras. En el libro esto sí queda pasmado pero en la serie, que busca la fácil identificacion con la victima heroica, se lo pasan por alto. Por otro lado estan las esposas de los comandantes, que una vez más quedan sin fuerza a pesar de las magnificas actuaciones y lo bello de la fotografía en cada plano.

En palabras de su autora, se trata de “un relato imaginario de lo que sucede cuando ciertos no infrecuentes pronunciamientos sobre las mujeres se llevan a sus conclusiones lógicas” El asombrario & co

En varias de las escenas de “represión/subordinación la serie sobre todo ofende, y no presisamente por cruda o fuerte sino por irreal e improvable. Recuerdo una escena en particular cuando Defred con una mirada de reto se niega a obedecer una orden de la tía quien asombrada las envia a todas a sus casas sin tomar ninguna medida ante esa insubordinación, justo cuando en la escena anterior había castigado, con golpes demoledores, a otra de las criadas por haberse negado hacer lo mismo. Pequeñas contradicciones, que a mi modo de ver son incoherentes, tramposas y manipuladoras.  

También se nos muestran la otra cara de la moneda: La sociedad libre (México y Canadá) que se deja ver, la primera como una socia potencial y la segunda como un paraiso que se hace patente en una escena corta, pero no por ello menos patética, al regodearse en la fantasía que tienen algunos sobre los refugiados. Es curioso que al hablar de los que están llegando a sus tierras se afirme, con una xenofobia contenida dentro de lo políticamente correcto, que estos son atendidos con una consideración desbordada, mejor que a los nativos del lugar. Si nos quitamos las gríngolas y vemos las noticias de diferentes países nos vamos a sorprender que todos dicen lo mismo y el problema se enfoca, de forma velada o directamente desde el mismo ángulo. Creo que en la serie se ha perdido una gran oportunidad para mostrarnos la realidad sobre este tema, menos bonita y más acorde con este drama real.  Es deplorable cuando  vemos llegar a Moira al país “libre” y la atienden ubicándola en un apartamento, le regalan dólares, teléfono y la ponen en contacto con su amigo (el esposo de Defred). Un poco la fantasía no está mal pero… bueno es cilantro, pero no tanto.

Nuevamente la serie me defrauda al ver cómo se regodean en la fantasía infantil de aquellos que han elegido ignorar la realidad circundante y vivir su propia burbuja políticamente correcta del “soy bueno y diferente”.  Otra vision del mismo tema y misma autora, en donde el personaje principal no es presentado como victima ni victimario es Alias Grace, miniserie menos vistosa en lo estetico y  más valiente incluso, en donde la manipulacion no es hacia el espectador sino entre personajes.  Definitivamente esta serie a pesar de su despliege visual y de las actuaciones no es una serie que entretiene, sino que hace pasar el tiempo. 

“Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, 
porque yo no era comunista, 
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, 
guardé silencio, 
porque yo no era socialdemócrata 
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, 
no protesté, 
porque yo no era sindicalista, 
Cuando vinieron a buscar a los judíos, 
no pronuncié palabra, 
porque yo no era judío, 
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi, 
no había nadie más que pudiera protestar.”

Ellos vinieron, por Martin Niemöller

Hora de entrada (relato corto)

Salía de casa pensando sobre lo injusto que era pasar tanto tiempo en un tráfico infernal. Cada día había algún contratiempo distinto.

A aunque saliera con tiempo de sobra habría alguna calle sin arreglar, alguna colisión, algún algo de último momento. Esto tiene que terminar, escuchaba decir a su propia voz en su mente alguien debe poner orden completaron su labios en un alarido que nadie más escuchaba en la soledad de su coche, con las ventanillas arriba.

Solía aparcar rápidamente para que le diera tiempo de un café antes de entrar. Aun con la bebida caliente en su garganta y la conversación con el camarero sin terminar, caminaba hacia el ascensor que lo llevaría hacia su puesto de trabajo. A media mañana llegaba el momento de reunirse con sus compañeros en un pequeño oasis al aire libre con forma de patio descubierto, lejos de los supervisores y coordinadores que los vigilaban disfrazados de paredes allí  sus oídos camuflados no tenían alcance, o esa era la impresión que daba.

Como algunos, aprovechaba ese breve tiempo para fumar mientras se peleaba con las máquinas en la pared del fondo que, café si café no, solían robarle las monedas para su segundo café. Pasado el ritual de los reclamos a las máquinas dispensadoras, se disponía a compartir con los compañeros, quienes también querían desconectar de sus funciones. Como era costumbre la charla empezaba girando en torno a un único tema: el tráfico.

Caían las muchas quejas en forma de relatos resumidos, pero exagerados, sobre algún algo de esos que pasaban continuamente. Luego llegaban a las soluciones, las mismas a diario. Hasta que, una frase dicha por cualquiera al azar, solía cerrar esa particular lluvia de ideas con la cual se entretenían. “El problema real es que el transporte público no funciona bien” sentencia que daba pie para comenzar hablar sobre la verdadera cuestión que tenían en mente: lo mal que estaban todas las cosas. Se entretenían enumerando y clasificando primero los problemas más particulares de su entorno compartido y para llegar a los más generales. Seguramente sabrían cómo arreglar esos problemas, solo que antes de llegar a pronunciar alguna de sus ideas solucionadoras llegaba el momento de volver a las labores así que, quedaban para el día siguiente. Volvían a sus puestos con una sensación de descontento.

Un día, cuando se disponía a salir de su casa, supo por unos vecinos que no podía llevarse el coche. Se le había olvidado lo de la nueva ley, o realmente no lo había…

A propósito de Alias Grace y Mindhunter (Series T1)

Crímenes de otros tiempos, espectadores de hoy. Protagonistas que manipulan para seducir y lograr la libertad o simplemente por el placer de perturbar. Al parecer aun al espectador de hoy perdura la percepción de las seductoras frente a los implacables de historias que revelan inteligencia y astucia truncada. Siendo la manipulación un síntoma claro en ella y en ellos una posibilidad.