Mitos y leyendas: Perro Paco y su amigo (relato corto)

Comenzó a ir al café y las veces que no encontraba al marqués, Paco cruzaba la calle de Alcalá para ir al Café Suizo. Entre el ir y venir de Paco, los habituales a las tertulias sintieron gran simpatía por él. La prensa madrileña se une a ellos y llena sus páginas con historias que hablan sobre Paco…

Juguete entre sus brazos (relato corto)

Sentía la presión de sus familiares y amigos cuando le decían que no podía continuar viviendo con tanta soledad, necesitaba urgentemente una compañía o su vida no tendría sentido. Era tal la insistencia que sucumbió al ver su mirada ansiosa de amor. En ese momento decidió que ya tendría a quién mostrar para callar esas afirmaciones. Lo conquistó cubriéndolo con palabras que le sonaron amistosas. Se mudaron juntos a su piso en un edificio decente, muy bien ubicado, con vecinos silenciosos y amantes de los rumores. 

Para poder salir a pasear por las tardes le compró todo tipo de ropa muy mona que representaba muy bien el status que ahora tenía. Pronto logró callar las voces sobre su soledad y ya de paso despertar la tan ansiada envidia, le complacio mucho sobre todo la de sus vecinos. Pero llamar la atención fue un arma de doble filo porque pronto esos halagos se convirtieron en críticas a la ropa que usaban, al escándalo que hacían cada vez que llegaba del trabajo con a las excesivas manifestaciones de cariño, que eran continuas, escandalosas, definifotvamente perturbaban la paz vecinal.

No dejaba de escuchar a los vecinos quejándose de los ruidos, esto le generó una gran angustia y decidió tomar cartas en el asunto. Habló con su médico, el mismo que los había presentado. Este le aconsejó hacerle una pequeña operación de desvocalización para extriparle las cuerdas vocales y así evitar las posibles molestias que ocasionaran sus expresiones tan eufóricas.

—No sentirá ningún dolor, ni siquiera se va a dar cuenta. Así le dijo.

En verdad fue una operación muy simple, duró pocos minutos y la recuperación también fue sencilla, no tuvo que hacer ningún cambio en sus horarios para atenderle ya que se portaba muy bien, apenas se sentía su presencia. Por fin los vecinos dejaron de murmurar a su paso.

Una calurosa tarde de verano tenía que ir al supermercado para hacer las compras, le puso un traje muy lindo y decidió ir en el coche. Lo acomodó con mucho cuidado en el asiento de atrás, ajustando bien el cinturón de seguridad. El supermercado estaba abarrotado y tardó mucho. Al salir se encontró con unos amigos y les comentó que tenía más de dos horas comprando esas tonterías. Todos estuvieron de acuerdo que, entre el calor, la gente y la lentitud de los empleados habían perdido mucho tiempo. Hablando de estos temas y entre quejas y chistes se fueron, arrastrando los carritos de las compras, a tomarse algo para refrescarse. Así pasaron dos horas más de charla entretenida y decidió que ya era hora de marcharse caminando con mucha lentitud porque, insisto, el calor era insoportable. Cuando iba llegando al coche se percató que había un grupo de personas que comentaban

— ¡No hacía ningún ruido!

—Parecía que se quejaba, ¡pero no se escuchaba nada…!

A pesar que el calor le hacía sudar a chorros, apresuró el paso cuando un policía le interceptó preguntándole si ese era su vehículo. Afirmó con la cabeza mientras, por insistencia de la multitud y del policía, abría el coche y un vapor insoportablemente caliente salió de su interior. Todos se miraron con tristeza y asombro cuando se encontraron al lindo perrito con su traje de chaqueta y la lengua colgándole como una corbata. Reaccionando ante la terrible escena lo tomó en sus brazos con gestos que se podían interpretar de mucho amor y arrepentimiento. Los demás se alejaron discretamente para no perturbar esos momentos tan trágicos.

Mientras le cerraba sus ojitos desorbitados pensaban «Pobrecito… pero… es solo un perro. Ya buscaré a otro que no sea tan tonto»