Viaje inesperado (Relato corto)

La publicidad me deslumbró, no pude detener mis dedos y sin percatarme del precio compré aquello que tanto me atrajo. Pasaron los días y al no tener noticas sobre el envío me comuniqué varias veces con la compañía. La respuesta fue siempre la misma: “Su envío está en camino”.

De los mensajes pasé a los correos electrónicos, luego me decidí a llamar. De esto último me arrepentí cuando la factura del móvil se disparó y el paquete aún sin llegar. ¿Por qué la demora? Nadie me daba una respuesta. El deseo por tener aquel objeto aumentó en la medida que los anuncios continuaban atormentándome al resaltar sus atributos. Con desespero volví a llamar, envié más correos y mensajes, pero nada. La tan esperada compra no llegaba. Mis gastos se multiplicaban. Así pasaron varios meses.

Una mañana me sorprendí al recibir un correo electrónico en donde me explicaban que el producto estaba agotado, debía esperar un tiempo o ellos me devolvían el dinero. De inmediato contesté para exigir mi compra lo antes posible, no deseaba ninguna devolución. Quería lo que compré, así que hasta solicité hablar con el jefe.

Pasaron varias días desde que pidiera una entrevista con el dueño de la empresa hasta que recibí un correo electrónico un tanto incómodo: Preguntaban si mi familia tenía conocimiento sobre esa compra. Medité muy bien la respuesta. Confesé que vivía solo y que mis ahorros los había gastado en esa adquisición. Pensé que con estos argumentos mis razones para hablar personalmente con el jefe supremo del negocio eran de peso y me tomarían en serio.

Obtuve resultados muy pronto, esa misma tarde me preguntaron si podía viajar a Seattle, ya que allí estaban las oficinas principales y desde ese lugar podían ponerme en contacto con  el dueño, el señor Jeff.

La emoción llenó mis días. Para no hipotecar mi pequeña vivienda y única propiedad, pedí un préstamo personal y en poco tiempo me encontraba en un avión rumbo a las oficinas centrales en donde me aseguraron que el señor Jeff me daría mi paquete personalmente.

Sentado en la sala de espera de la lujosa oficina me obsequiaron una deliciosa bebida, la tomé sorbo a sorbo. Disfruté de mi pequeño triunfo, pero al cabo de un rato una extraña somnolencia me invadió. Creo haber perdido el conocimiento. No sé cuánto tiempo estuve inconsciente.

Me desperté con la extraña sensación de que todo mi cuerpo flotaba. Traté de incorporarme, pero me di cuenta que estaba atado a la silla, me pareció estar en el consultorio del odontólogo. No tuve tiempo de aclarar mis dudas porque un hombre con acento distinto al mío, me indicó que era por mi seguridad. Balbuceé unas palabras que cayeron en el vacío y de nuevo me desplomé en un profundo sueño.

Al abrir de nuevo los ojos ya no estaba atado, me incorporé. Me costó caminar y moverme dentro del extraño traje con el que me habían vestido. Con mucha dificultad atravesé pasillos vacíos, asépticos, silenciosos. Recorrí un largo trayecto por esa construcción mezcla de metal y plástico con iluminación artificial, herméticamente cerrada.

Al final de uno de los largos pasillos encontré una ventana, al asomarme solo vi un lienzo negro salpicado de estrellas. El paisaje me asustó. De repente recordé la bebida que había tomado y pensé que eran visiones producto de alguna droga que habrían puesto, pero ¿Con qué fin? ¿Qué querían realmente de mí? y mi compra ¿la recibiré o no? Seguí frente a la ventana, abrí y cerré los ojos varias veces para despejarme hasta que un individuo me llamó.

Me dio la bienvenida a la nave que nos llevaba al nuevo mundo. Luego habló con euforia de la gran sucursal que estaba en marcha con la ayuda de voluntarios, que como yo, formamos la nueva plantilla de la empresa del señor Jeff en el planeta Marte. Me sentí atrapado, no podía abandonar la nave ¡Estaba en el espacio! Asombrado y sin saber qué responder, observé los documentos que me extendía para que los firmara. Eran los compromisos de pago del pasaje del vuelo espacial. De inmediato intenté mover mis manos para negarme, así sea con gestos, pero el traje impidió el movimiento. Un grito iracundo de impotencia se quedó a medio camino al distinguir en su otra mano el envío que tanto anhelaba. Traté de tomarlo, pero el señor extendió el bolígrafo. Firmé los papeles sin apartar la mirada del paquete, estaba tan emocionado que no leí a cuánto ascendía el monto del viaje, ni cómo lo pagaría.

Tan solo atiné a sonreír, no era una alucinación. ¡Tenía el producto en mis manos! Con el paquete en los brazos caminé con torpeza hacia un rincón para abrirlo. Con dificultad rompí la etiqueta que decía «La empresa Mártezon le da la bienvenida».


Otro que quiso algo con mucha fuerza… (tal vez demasiada)


16 comentarios en “Viaje inesperado (Relato corto)

  1. ¡Vaya, vaya, Rosa!
    Hasta la mitad del relato pensando que me habías dao coba y ¡Zas! en tol careto. 😅😂🤣
    Has sabido con arte y talento darle la vuelta a la «aparente» intención de mi introducción. Todos nos situamos ya dentro de la nave y explicamos nuestra reacción o causa y tú dices: ¿Y por qué tiene ese que ser el principio de la historia?
    ¡¡¡Genial!! Te aplaudo con mis dos manos y otras cuantas que consiga prestadas. 👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼
    En el relato has conseguido dos cosas importantísimas, desde mi opinión subjetiva, por supuesto:
    Por un lado, controlar el tiempo y el ritmo de la narración. Nos llevas de forma pausada, y siempre intrigante, hacia un final impactante y, aunque esperado por culpa de la obligación del reto, también sorprendente. Aquí no hay astronautas, ni aventureros con ganas de viajes espaciales, ni científicos llenos de ideas galácticas. Solo un incauto y confiado consumidor. 😊👍🏼
    Por otro lado, has usado una de las técnicas más difíciles de introducir en un guion y que creo ya comenté en algún VadeReto. El «Macguffin». Creación del magnífico Alfred Hitchcock, maestro en su empleo. Me refiero al paquete deseado por el protagonista. Es un excelente conductor de la historia, pero la ignorancia de su contenido no interfiere para nada en el desarrollo y conclusión del excelente relato.
    Para los que no sepan de qué hablo, aquí un par de enlaces:
    https://es.wikipedia.org/wiki/Macguffin
    https://cinescopia.com/que-es-el-macguffin-10-de-los-mejores-ejemplos-en-el-cine-y-la-television/2020/06/
    Aunque encontraréis muchos más por todo el Internete. 😉
    Una mención más, ¿las ilustraciones que acompañan al relato son tuyas? Son un excelente complemento a la historia.
    Bueno, Rosa, paro aquí que me extiendo como una tormenta y vas a tener que comprar más espacio en WordPress. 😝
    Mi más sincera enhorabuena y muchísimas gracias por estos grandísimos regalos que le hacéis al VadeReto, al Acervo y, por supuesto, a mí, ávido lector de grandes historias.
    ¡Qué afortunada es la familia acervolense de contar con tan geniales cuentacuentos!
    Un abrazo grande grandote. 🤗😊👍🏼

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    1. Hola JascNet. Gracias por tan maravillosas palabras 😍. Este reto tiene su reto😁, me obligó a pensar en algo intangible que me llevara al espacio exterior y se me ocurrió recurrir al «Macguffin» con todo lo que implica se ejecución. Me alegro que haya salido bien. 🤗 Todas las ilustraciones son mías, las saco de mi cabeza con ayuda de Photoshop e internet, son una especie de collage ya que me gusta mezclar fotos con dibujos y también con cualquier cosa que tenga a la mano. Busco, en algunos casos, que las perspectivas o los objetos «no encajen» o parezcan fuera de lugar. Como por ejemplo la silla de odontólogo que está en la nave ¿Te diste cuenta? jajaja 😁 De nuevo muchas gracias por el elogio😍. Es un placer participar en tus retos que, de una forma u otra, plantea temas que para mí son inesperados. Un abrazo 🐾

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      1. Hola, Rosa.
        Que te haya salido bien, no. Te ha salido perfecto. 👌🏼
        Sí, había visto el sillón de las torturas. Aunque dé algo de repelús al verlo, como también puede parecer el sillón del peluquero no lo convierte en una sala del terror. 😅🤣🤣😂
        Enhorabuena también por las ilustraciones.
        El placer de leerte y disfrutarlo es totalmente mío.
        Abrazo 🤗🤗

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  2. Hola Rosa, muy buen relato. Al principio parecía que no tenía relación con el reto de Jasc pero… ¡nos has sorprendido! Un relato que aborda los hábitos obsesivos de consumo que imperan en la actualidad y la «publicidad engañosa» de las empresas. Muy bueno. Saludos.

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  3. Hola Rosa. ¡Muy buen relato!
    Parecía que te habías equivocado de reto ¡qué gracioso!, pero ¡nos has sorprendido!
    Un relato que, en el mejor estilo MacGuffin, aborda los hábitos obsesivos de consumo que nos estupidizan en la actualidad y la publicidad engañosa que nos atrapa. Siempre me ha puesto nerviosa el MacGuffin de «Belle de jour» de Buñuel, con ese misterioso bicho que no puedo ver. Y tú has logrado utilizarlo de manera magistral.
    Saludos.

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  4. Hola, Rosa. El guiño a la alusión a la empresa de paquetería me parece muy acertado como introducción de tu historia. Toda esa odisea por ese paquete tan vital y que finalmente consigue.
    Yo que también estaba allí, más bien de polizón virtual; con el último modelo de gafas de realidad y hackeando las webcams de las naves espaciales viajas en ellas, pero si te cansas sigues en tu casita.
    Así es como me enteré de lo que contenía aquel deseado paquete y, la verdad, por un simple manuscrito, eso sí original, de un tal Ray Bradbury no sé yo si merecía tanto alboroto. Bueno cada uno es como es y hay que respetarlo así que obviaré decir el título de la obra para mantener el suspense.
    Saludos.

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    1. Hola JM. jajajaja 😁 gracias por aclararme el contenido del paquete jajajaja 😁 yo me moría de ganas de saber su contenido, pero mi protagonista se fue a un rincón, me descuidé y no me enteré de qué se trataba. Gracias por el comentario. Un abrazo 🐾

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      1. Bueno, una de las copias manuscritas originales de Crónicas marcianas para ella debía de ser lo más. Del viaje se encargó Jeff, al ver la tenacidad de la buena señora. Al final ella encajará como cronista oficial de la colonización de Marte, nadie mejor para ello visto su interés por el manuscrito. Allí que los días tienen 25 horas y los años 637 días hay tiempo para todo. Yo incluso hasta para leer un rato, pero no lo digo muy alto a ver si me despierto en una nave y no como polizón virtual sino pasajero oficial. 👽🖖🏻

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