Miradas gatunas (relato corto)

Al sacar a pasear al gato callejero que llevo dentro camino con cautela, busco calles pocos transitadas, observo las diferentes cosas que encuentro, escucho los comentarios que gritan algunas personas, los razono, a veces llego a conclusiones que es mejor no decir en voz alta y en otras oportunidades mis pensamientos se interrumpen por la presencia de alguien que me espanta.

Por lo general luego comparto estas ideas con otros que, como yo, mantienen intacta su libertad. Al encontrarnos solemos intercambiar saludos con un parpadeo de ojos y si las circunstancias lo permiten comentamos en breves murmullos nuestras opiniones y hasta alguna otra noticia, de esas que no se escuchan en las conversaciones de los cafés.

Una mañana después de comprar agua y algunas provisiones, el paseo se prolongó más de lo previsto. Para descansar y protegerme del sol me senté sobre un muro. De repente apareció ella, salió del sitio en donde se refugia con sus crías, desde esa casa que parece abandonada con un letrero descolorido en una de sus paredes. Al principio su presencia me perturbó, pero al sentarse frente a mí y entrecerrar sus hermosos ojos verdes, fijos en los míos, comprendí que su actitud era amistosa. Aunque era la primera vez que nos encontrábamos, mantuvimos por un segundo nuestros parpados caídos como si el sueño nos dominara, luego los abrimos con lentitud y la comunicación se afianzó como algo natural.

Noté su cansancio por lo que le ofrecí beber de mi agua, también aceptó con agrado que compartiera con ella mi comida. Esa mañana el ardiente sol pasaba factura. Mantuvimos una conversación silenciosa de miradas profundas y sinceras. Al pasar un rato sus crías la llamaron, comprendí que debía despedirme. El verde de sus ojos asaltó de forma intermitente mis pensamientos durante el camino de regreso hacia el refugio de mis cuatro paredes.

Quise volver a verla. No esperé mucho, esa misma noche caminé con precaución por las calles repletas de gente que parecían celebrar algún acontecimiento importante, sin que se percataran de mi presencia llegué a la casa con el letrero en una de sus paredes. La esperé paciente varias horas y al no verla, me atreví asomarme a través del vidrio roto de una ventana. Tampoco apareció. La casa, envuelta por las sombras, se veía más triste y descuidada que antes. El silencio desolador que respiré se rompió al escuchar una voz que me obligó retroceder, la oscuridad de la noche cubrió mi presencia y ese mismo silencio fue el que me permitió esconderme de sus amenazas. La voz se cansó, se retiró y esperé a que ella saliera. Sin embargo esto no ocurrió.

Su ausencia desató mis alarmas y antes de que el amanecer llenara las calles comencé a indagar con precaución. Unos gatos que también la conocían me dijeron que ella y sus crías se habían ido apenas cayó la tarde. Alcanzó a despedirse con un parpadeo de ojos y a pesar de que la siguieron durante un rato habían perdido el rastro. Hasta ahora ninguno la ha vuelto a ver, pero siguen en su búsqueda.

El gato callejero que llevo dentro continuó con sus paseos, con la observación de las callejuelas, con la cautela.

En todas las miradas busqué la de ella. Hoy salimos por una ruta diferente. Algo hizo que nos detuviésemos en aquel jardín con césped, plantas y flores, entonces la vi: Juega feliz con sus cachorros.

Ella sintió mi presencia, corrió a mi encuentro, nos volvimos a mirar con los párpados caídos. Me pidió enviara un mensaje a sus amigos y al darse cuenta que la había entendido su ronroneo se hizo presente, se escuchó en todo el lugar. El sonido atrajo la atención de una señora que preocupada salió de la casa

—Minina, no te alejes, ya es la hora de comer… —dijo en un tono amable. La señora me miró amenazante, pero ella, Minina, se interpuso y supo calmar sus temores. Luego se acercó aún más a mí y con suaves movimientos acarició mi mano extendida. Miró mis ojos, parpadeó con suavidad y volvió con sus crías. La señora me sonrió, supe que podía volver.

De inmediato corrí a la calle de la casa abandonada. Al encontrar a los gatos que la conocen, que la buscan, los reuní y nos miramos un buen rato con los párpados caídos hasta que todos pestañamos con suavidad. Fue entonces que escuché el ronroneo de la colonia y comprendí que pude transmitirles el mensaje que Minina les envió. El gato callejero que llevo dentro, también ronroneó.  


Publicado por rosaboschetti

Relatos, historias, ilustraciones… y flexiones sobre arte

11 comentarios sobre “Miradas gatunas (relato corto)

    1. Cómo no! de tu parte! La casa que la adoptó está por el camino largo hacia el auto-mercado al que suelo ir, a veces lo tomo para verla, está hermosa. No estoy segura si de verdad los otros gatos de la cuadra me entendieron, pero también están tranquilos. Saludos para ti y un gran abrazo 🐾

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    1. jajajaja😁 pmerchana, la historia de la gata es verídica. La conocí una tarde y cuando ella se acercó y me habló, me asombré. No te preocupes Minina y sus crías están viviendo en una casa con una familia muy agradable. Un abrazo 🐾

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