Mitos y leyendas: Una historia sobre el rey de los gatos y su fiel súbdita, conocida en la actualidad como La loca de los gatos

Varias leyendas de Irlanda, Inglaterra y Escocia cuentan que entre nosotros se pasea de incógnito el Rey de los Gatos. Y yo, que conozco de gatos, lo creo probable. Aún no he visto a ninguno llevar corona ni cetro, pero si he observado conducta palaciega en todos ellos. Son los dueños de las casas donde habitan y jefes de las personas con las cuales conviven.

Este relato está inspirado en una historia recogida por Charlotte S. Burke, en tierras escocesas en 1884. Aunque busqué, no encontré información sobre ella (si alguien tiene alguna, por favor ¡pasar el enlace!) Mientras permanezca en mi dulce ignorancia seguiré pensando que fueron los gatos los que dijeron que ella hizo esta recopilación… cosas de gatos que no pienso discutir.

Cuenta la leyenda que en una población remota, al norte de Escocia, dos hermanos se alojaron en una cabaña en medio del bosque, para la temporada de caza. Allí vivía una mujer con algunos perros y el gato Romualdo, quien tiene un puesto fijo en el sofá, en la cocina, en el rincón del pasillo, en la ducha y en cualquier lugar que él decidiera es de su uso exclusivo. A pesar de sentirse vigilados por el gato Romualdo, los hermanos se encontraron cómodos.

La dueña amenizaba las cenas con anécdotas sobre episodios extraordinarios que algunos animales habían compartido con ella. Para los hermanos no eran más que historias inventadas por una mujer solitaria, pero la escuchaban con fingido interés mientras saboreaban su exquisita comida.

Una mañana el hermano menor no quiso salir de cacería y el mayor se fue solo. En la cabaña, el hermano menor quiso saber sobre los movimientos y saltos tan extraños que hizo el gato en la parte trasera de la cabaña. Tambíen sobre el significado de esos maullidos tan rítmicos al ejecutarlos y ante las insistentes preguntas, la mujer finalmente decidió responder:

—Son cosas de gatos. Aunque te lo explique no lo entenderás. Debes aprender a escuchar, observar bien y luego, con suerte, puede que lo entiendas. Para los animales es fácil, ellos hablan tres lenguas: Una común para todos los animales y que solo algunos humanos aún entendemos. El nuestro que entienden muy bien, pero no pueden verbalizar igual que nosotros. Y el de cada especie (que es diferente para cada una y es el que nosotros escuchamos, pero no entendemos) Es sencillo y complejo al mismo tiempo, ¿verdad?

Ante las palabras tan raras de la mujer, el hermano menor sonrió y asintió con la cabeza, aunque en verdad no comprendió nada.

Por la tarde los perros comenzaron a mostrarse nerviosos, hablaron entre ellos, salieron y entraron de la cabaña con un caminar inquieto, hasta que se internaron en el bosque. Durante todo ese tiempo que duró el ir y venir de los perros, Romualdo se la pasó dormido. Estaba cansado de sus ejercicios matutinos.

Al oscurecer los perros regresaron, comenzaron aullar y el hermano menor notó que el hermano mayor estaba tardando. Al caer la noche pensó que algo terrible le había ocurrido y se preparó para ir en su búsqueda.

A los pocos pasos lo vió con la cara descompuesta, asustado, las manos en su escopeta y el zurrón colgado de un hombro, vacío. No había cazado ninguna presa. Con preocupación el hermano menor corrió a su encuentro. Luego cuando estuvo más calmado el hermano menor lo interrogó sobre su estancia en el bosque, pero el mayor pidió más tiempo para recuperarse. Después de cenar se sentaron frente a la chimenea y ante la insistencia del menor para que contara lo ocurrido, dijo:

—Estaba en el bosque y de repente una espesa niebla lo oscureció todo, al punto de no ver la escopeta entre mis manos… Sentí un profundo terror, pero aun así comencé a caminar a tientas para volver. Tropecé con cosas que no pude distinguir. Me perdí, estuve a punto de abandonarme a una suerte incierta cuando vi una luz brillante que titiritó a lo lejos. Pensé que era la cabaña e intenté acercarme a ella. Escuché cánticos y también los segui. Me encontré de frente con una especie de pared rugosa que podía trepar. No tuve otra opción que subir. Cuando no pude seguir avanzando vi que estaba en la copa de un árbol, ¡Enorme! vi hacia abajo y fui testigo de algo insólit

El silencio se hizo presente, los perros y el gato Romualdo se pusieron tensos, atentos al relato, el hermano menor sentado en el borde de la poltrona, con los ojos muy abiertos por el suspenso, le gritó que continuara.

—Lo que les voy a contar no parece real, pero garantizo que es la verdad —dijo el mayor, luego tomó aliento para continuar: —Desde allí en lo alto vi lo que me pareció un funeral… con cánticos de los asistentes y antorchas…

—Eso no es nada anormal… En el bosque, sin luz… —interrumpió el menor un poco decepcionado por el desenlace del relato, pero a una señal del hermano guardó silencio.

—Tienes razón, las antorchas no son lo extraño…

El menor volvió a interesarse y su rostro se llenó de preguntas. El gato Romualdo abrió los ojos, los perros movieron las orejas y todos miraron con atención al hermano mayor, quien concluyó:

—Los cánticos eran maullidos. ¡La luz no venía de las antorchas sino que salía de los ojos de los gatos! Sus miradas eran profundas, tristes. Iban en procesión y a su paso las flores formaron círculos, como las coronas del entierro de papá y mamá… y había un cetro, también hecho con flores diminutas…

Los perros se miraron. Uno de ellos ladró con voz profunda y para asombro del hermano mayor estaba comprendiendo:

—¡Ese fue el mensaje que no logramos descifrar hoy en la tarde!. Con tanta brisa los aullidos se escucharon confusos, preguntamos varias veces, pero no logramos aclararlo. Por último la comunicación se cortó.

—Romualdo, te llamamos para que salieras y te enteraras, pero no te despertaste —dijo otro de los perros, con una voz más aguda, pero con excelente pronunciación.

Romualdo, afectado por la noticia, murmuró:

—¡El viejo Pete ha muerto!

Y con una voz estridente y la mirada al infinito llora:

—Oh querido amigo… No te pude acompañar…

Con el llanto Romualdo dio saltos del suelo a las paredes, de las paredes al suelo, con virtuosa elasticidad y a una velocidad inverosímil.

El hermano mayor al entender la conversación de los perros y el gato, cae preso en el pánico. Busca la complicidad del hermano menor, quien insiste en que solo son ladridos y maullidos sin sentido.

—Tengo que asumir mi responsabilidad. Para ello me he entrenado todos estos años —grita Romualdo sin dejar de saltar.

—Ruido de los animales —dice el hermano menor en un intento de dar consuelo al mayor. —¡Mira que es el gato quien está enloquecido dando brincos y maullando como un poseso!

— ¡El viejo Pete ha muerto! ¡Mi gran amigo ha muerto! ¡Ahora debo suplantarlo! —Al decir esto Romualdo realizó un hábil movimiento, brincó hacia el fuego, lo esquivó y mientras desaparecía chimenea arriba, su voz se escuchó como un eco: —A partir de este momento ¡soy el Rey de los Gatos!

La mujer comprendió lo ocurrido y salió de la estancia sin que los hermanos se dieran cuenta.

Los perros también salieron de la cabaña y aullaron toda la noche creando una cadena para anunciar al nuevo rey.

Ante la insistencia del mayor que ya se cree al borde de la locura, el hermano menor recuerda la charla con la mujer esa tarde. La buscó con la mirada por toda la habitación y al no verla, el pánico se apoderó también de él. Comprendió de sopetón que los relatos eran ciertos y que era posible lo de las tres lenguas.

Los hermanos comprendieron que algo trascendente había ocurrido. No fueron conscientes de haber sido testigos de la solemne ceremonia del rey de los gatos. Pasaron toda la noche en el salón, uno al lado del otro, esperando a la mujer, hasta quedarse dormidos. La chimenea se apagó pronto.

Al despertarse comprobaron que la mujer no había llegado. Recogieron sus cosas, dejaron el pago acordado y se fueron en silencio. Sus más allegados cuentan que no volvieron a salir de cacería, y murmuran que sus horas libres la dedicaron a estudiar el lenguaje de los animales, sus costumbres, mitos y leyendas.

Algunos afirmaron haber visto a la mujer vagando por el bosque con agua y comida para Romualdo. Al pasar el tiempo muchas personas la vieron en diferentes lugares, a distintas horas, con diferentes trajes, siempre con agua y comida para gatos. Otros dicen que la escuchan cantar y conversar con él en las noches de luna llena. Algunos la llaman La loca de los gatos.


6 comentarios sobre “Mitos y leyendas: Una historia sobre el rey de los gatos y su fiel súbdita, conocida en la actualidad como La loca de los gatos

  1. hay mas historias gaelicas sobre el rey de los gatos , en una de ellas un esposo para hacer daño a su mujer decapita a su gato mas querido y echa la cabeza a la chimenea, ésta antes de arder comienza a hablarle y le dice: “dile a tu mujer que has matado al rey de los gatos, pero que no se preocupe por mi, muy pronto vengare este insulto”,a los pocos días el esposo vio un cachorro de gato y se acercó a acariciarlo, el pequeño felino se le tiro al cuello a morderlo y le infligio tales heridas que el hombre murio desangrado, quedando asi el insulto vengado.
    Hay mas historias por lo visto que incluyen al menos a cuatro reyes gatos, yo este cuento que tu has puesto lo leí siendo pequeño y me gustó, he estado buscando informacion esporadicamente por internet sobre estas historias pero basicamente solo encontre lo que te dejo aqui y que el rey de los gatos está relacionado con los caith sith(a estos alguna vez se les representa con corona, como en el videojuego Final Fantasy VII)

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    1. Hola Adrian. Muy interesante y terrorífica la historia que me cuentas, no la conocía. Gracias por compartirla, la tomaré en cuenta para hacer un cuento sobre el maltrato animal, no sé cómo sería, pero ya veremos qué se me ocurre. Un abrazo 🐾

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