Perro Paco y su amigo

En este octubre de 1881 por la Puerta del Sol y la Calle de Alcalá en Madrid, deambula un ser solitario. El frío le hace tambalear y el hambre lo doblega. Se acurruca en un rincón de la plaza lejos de la gente. Otro ser siente su soledad mientras conversa a lo lejos con algunas aves. Camina despacio hacia él y se sienta a su lado. Inicia una conversación en un lenguaje propio, que dura un largo rato. Al finalizar el diálogo, el ser solitario con mejor ánimo y resolución se levanta. Camina decidido al Café Fornos y allí encuentra a una persona, que por deducción pensamos, fue el descrito por el ser que le habló en esa lengua extraña.

Perro Paco habla con las palomas

El ser solitario se acerca a esa persona, con su hocico le indica que tiene hambre y baja la cabeza en señal de paz. Esa persona se sorprende y mira al perro negro que lo aborda mientras los presentes observan en silencio, temen su reacción. ¡El atrevido perro ha interpelado a un Marqués! Este titubea, pero comprende lo que el perro le pide y le ofrece algunos huesos. El solitario perro negro le agradece con mimos, come algo, se aleja llevándose el hueso restante y escucha que el Marqués le dice:

—Hoy se celebra la festividad de San Francisco de Asís. En su honor, te llamaré Paco.

Está contento, tiene un hueso entre sus dientes, se aleja y busca aquel ser que alivió su soledad. Al encontrarlo le ofrece compartir su alimento, pero ese ser se sonríe y le dice algo que sólo ellos entendieron. Luego se fue, seguido por palomas y otros seres. 

El perro vuelve a estar solo y comienza a visitar el Café Fornos a la hora del almuerzo y el marqués compartió de nuevo algo de su comida con él. Al poco tiempo, lo invitó para que también fuera a la hora de la cena…

Así comenzó a ir y las veces que no encuentra al marqués, el Perro Paco cruza la calle de Alcalá para ir al Café Suizo. Entre el ir y venir, los habituales a las tertulias sienten simpatía por él. La prensa madrileña se une a ellos y llena sus páginas con historias que hablan sobre el Perro Paco. Su fama lo preside. Nadie se atreve a negarle la entrada por temor a la prensa y pronto le permiten el acceso en muchos locales, incluso en aquellos en los que los perros están prohibidos. También se escriben canciones en su honor.

Perro Paco es respetado, duerme en los mejores lugares que él desea, pero está solo, sin un hogar que lo arrope en las noches silenciosas. Añora la amistad de aquel que supo llenar su soledad con palabras sinceras. Extraña el cariño de aquel del lenguaje único y lo buscó por los cafés, por las calles, por la Puerta del Sol… sin encontrarlo.

Les preguntó a las palomas por él y ellas lo enviaron hablar con los caballos de los carruajes. Ellos le dicen que lo han visto visitar a los toros. Entonces Perro Paco asiste a todas las corridas de toro, en su búsqueda. Al terminar las faenas salta a la arena y entre cabriolas le pide al moribundo toro lo lleve con él, más no lo consigue, la gente lo saca de la arena y vuelve a ocupar su localidad en el tendido nueve, en espera de una oportunidad.

Perro Paco habla con los caballos

Una tarde de  junio del año siguiente un novillero lidia, malamente, a uno de los toros. Era el momento que Perro Paco ha esperado con paciencia. Sin pensarlo salta a la arena y entre brincos y cabriolas para esquivar el peligro, le pregunta al toro por su amigo. El Toro le dice que pronto lo verán y en ese momento su espalda es atravesada por el arma del torero. Mientras Perro Paco se desploma escucha los gritos del público. A la arena corre un hombre muy querido en Madrid, quien en medio de la algarabía se lleva a Perro Paco para que lo cuiden.

Cuando por fin Perro Paco logró abrir los ojos en ese oscuro rincón con olor a sangre y arena, logró ver al ser que buscaba. Él le habló con su voz cálida y su lenguaje propio. Limpió las heridas de su cuerpo y de su alma. No se apartó de su lado, lo acompañó hasta el último suspiro y luego caminaron juntos con respeto y amor hacia otros senderos nunca antes visitados por el perro negro.

Las personas no comprendieron el último comportamiento de Perro Paco. Durante un tiempo su cuerpo permaneció disecado en una taberna de Madrid y un día, sin pena ni gloria fue enterrado en el Retiro.


4 comentarios

    • Miguel, como bien dices, así es la vida en la calle. La historia del perro Paco es curiosa, fue adorado por toda una colectividad, participó de las mejores tertulias, pero según mi punto de vista no tuvo un hogar y eso me pareció triste… de allí el relato… Un abrazo 🐾

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  1. Me llama la atención por las fechas en las que estamos, los perros y animales de toda clase son abandonados, desprotegidos, olvidados. La gente se va de vacaciones y es muy querido entre la gente los animales, pero cuidarlos es otra cosa. Y ahí reside, el gran problema. Que muchos acogen a los animales cuando son pequeños y adorables, mientras dura esa ternura pequeña los perros corren la suerte de estar bien cuidados pero también con las vacaciones no tienen donde dejarlos. Al igual que los delfines, (con la sonrisa feliz, engañan a todo ser porque en los parques acuaticos solo se ve alegría) los perros por no tener maldad, corren la mala suerte de morir en las calles.

    Echo mucho de menos al mío, que tuve que dejar en Almería porque me separé. Tu relato, es la triste y cruda realidad de la vida. Un saludo!!

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