Apis Apidae: la adorable costumbre de «Contarle a las abejas»

El Sol y la Luna son sorprendidos en su charla. La Luna palidece y huye. El Sol lanza tímidos rayos mientras el Viento y Apis se alejan de la ciudad.

Al llegar al bosque encuentran al lobo somnoliento, en medio de los árboles, quien al percatarse de su presencia se sobresalta y dice:

—¡Gracias por venir! Debo informarte que ¡nacieron mis cachorros…!

—Me alegro mucho, ¡Te felicito…! El viento me dijo que durante la noche me llamaste con urgencia…

—Sí, fui de un lado a otro angustiado. Te busqué. Por todo el bosque se escucharon mis aullidos: «Debo contárselo a las abejaa AAauuu», repetí tu nombre: «Apiiii», te esperé toda la noche y al ver que no llegabas, el sueño me doblegó.

—Yo no vuelo por las noches, por eso llego a esta hora…   ¿Necesitas te ayude en algo en particular?

—No… no… Me urgía contarte que nacieron mis cachorros…  

—¿Y por qué es urgente contármelo?

—Porque en mi pueblo hay que informarles a ustedes las cosas que ocurren en la familia, como nacimientos, muertes… sabemos que son el vínculo entre nuestro mundo y el mundo espiritual.

Apis se sobresalta y realiza un pequeño vuelo circular para posarse en una flor y escuchar al lobo, que prosigue:

—Por eso es muy importante que ustedes sepan lo que ocurre en la familia de todo ser vivo (también de los humanos) porque si no, pueden pasar cosas terribles…

—No logro comprender —interrumpe Apis

—Por ejemplo: Un hombre, que el padre de mi padre conoció, vio que muchos miembros de su familia enfermaron de repente y también las abejas de la colmena cercana a su casa. Preocupado comenzó a investigar. Se dio cuenta que nadie de la familia les había informado de la muerte de uno de ellos, ocurrida días atrás. Entonces él se acercó a la colmena y les informó sobre la muerte del familiar, luego puso un paño negro en señal de luto. Al poco tiempo las abejas recuperaron la salud y luego se curaron sus familiares. —Lobo se tomó un breve descanso y continuó: —Las parejas también van ante ustedes para presentarse, de lo contrario su vida en común es miserable. Por eso, en algunos lugares los humanos decoran las colmenas si hay una boda en la familia y dejan pedazos de pastel para que las abejas coman.

Apis está sorprendida, le agradó comprobar que existe un grupo de humanos que comprenden la importancia de las abejas como seres y no sólo como elementos aprovechables de un paisaje.

—No quiero abusar de tu bondad, pero tenemos un problema —dice el lobo después de una pausa —me gustaría saber si puedes ayudarnos. Los lobos viejos han muerto y mis cachorros son los primeros en nacer luego de mucho tiempo.

—Oh! No lo sabía…

—Es cierto, quedamos muy pocos y ahora que tenemos cachorros es hora de volver con la manada, nos hemos perdido y no sabemos cuál es el camino.

En un susurro el viento se ofrece servir de guía y Apis le sirve de traductora para el lobo:

—El Viento que nadie ve, está presente en todos los lugares desde mucho antes del inicio de los tiempos y se entera de todas las cosas que acontecen en el mundo, él sabe cómo llegar a tu hogar. Mañana sigue el camino que la brisa te abra.

El lobo asiente y contento preguntó:

—¿Deseas conocer a mis crías?

—Sí, tengo algo de tiempo. Aún es temprano para la cita con Ratonlab.

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