Mitos y leyendas: gato negro ¿Buena o mala suerte? (relato corto)

Julio decidió continuar trabajando conmigo en el blog, hasta dejó que le tomara algunas fotos (casi todas de espalda o con los ojos cerrados, pero se le agradece igual) y en agradecimiento escribo este relato sobre la leyenda de la buena o mala suerte que traen los gatos negros.

Se lo dedico a él, a Negrito, Naevia, Mónica, Sara, Musiú, Rumualdo, Chocolate, Barba Negra, Pantera, Tormenta, en fin, a todos los gatos negros que he conocido, que conoceré, que viven en éste o en el otro mundo.


Sobre la media noche, con la mirada atenta y el cuerpo relajado, Julio se pone cómodo en la terraza. Espera paciente que los otros gatos del vecindario se asomen por los tejados cercanos, la reunión nocturna va a comenzar.

Después de intercambiar las últimas noticias dice, como al descuido:

—Saben, mi humana tiene un blog y me ha comentado que existen páginas que hablan sobre nosotros, que hay personas que creen que los gatos negros influimos en su suerte. ¿Curioso, verdad?

—Mi humano y yo solemos buscar otras cosas en internet, sobre todo arreglos para gatificar la casa —Expresa Pantera mientras se acicala una oreja. Sus palabras caen en el vacío, El comentario de Julio despierta interés y la curiosidad en más de uno de los presentes.

—¿Y todavía hay humanos que creen en la suerte? —dice Tormenta, con una hebra de la hierba  purgante entre sus dientes.

—Sí, según el lugar donde hayan nacido creen que nosotros somos los portadores de su felicidad… —dice Julio con entusiasmo y termina un poco pensativo: —o de sus desgracias…

—¡Ya no hay respeto! —Interrumpió con un maullido melancólico el gato historiador que vive, dos casas más abajo, junto con una pareja de humanos que trabajan en la Academia de la Historia de la Localidad. Después de una pausa, que aprovechó para sentarse más cómodo en la maceta de margaritas de su terraza, moduló su alto ronroneo y en tono académico, como si se dirigiera a un salón lleno de ávidos alumnos, continuó:

En el antiguo Egipto nos adoraron, sobre todo a los gatos negros. Nos representaba la diosa Bastet. Éramos símbolo de armonía y felicidad, protectores del hogar, capaces de mantener alejados a los malos espíritus. Fuimos apreciados por nuestra dulzura, gracia e indolencia. Protegimos los granos almacenados en silos. Nuestra cacería de ratas y demás roedores mantuvo a raya enfermedades transmisibles, como la peste. —Bajó la voz para crear una atmósfera de misterio y susurró: —Cuando un gato moría, la familia guardaba luto y se afeitaba las cejas en señal de duelo…

Julio no lo interrumpió por respeto, pero se había puesto en pie al ver que se alejaba del tema. El historiador, que lo conocía bien, supo que era el momento de ajustarse al punto a tratar y así prosiguió:

—Fue en la Edad Media cuando nacen esas supersticiones de la que hablas. —Y continuó con su tono académico:

Cuentan que en esa época, la gente utilizaba carruajes movidos por caballos para atravesar las calles oscuras y se sabe que los caballos tienen poca visión nocturna. Una noche sin luna un gato lo miró mientras cabalgaba y al asustarse por el brillo de sus ojos corrió desbocado, el carruaje rodó por el suelo, las personas que iban dentro quedaron heridas y atrapadas en el coche. Entonces vieron pasar a un gato, que por curiosidad innata se acercó al caballo. Éste volvió a correr llevando tras él al carruaje. Al preguntarle a los heridos qué había ocurrido, todos estaban de acuerdo que un gato negro con llamas en los ojos había atrapado al caballo. Sabemos que de noche todos los gatos somos pardos o negros, por eso pensaron que los gatos negros eran portadores de desgracias al cruzarse en el camino de algún humano. También se comenzaron asociar a los gatos negros con las llamadas “brujas” que eran perseguidas y quemadas en hogueras. Creo que esto ocurrió al mismo tiempo que la llegada de una peste.

Julio retomó la palabra muy emocionado:

—Es cierto, eso lo leímos en algunas páginas. También es verdad que en la actualidad aún hay países que nos tienen como portadores de mala suerte y que traemos buena suerte. —Luego se dirige a Pantera y le explica: —Eres negro, al igual que yo, pero a ti te salen mejor las bromas. Por eso te propongo que mañana vayas con un grupo, calle abajo. Camines lento delante de algunas personas y mírales a los ojos.

—Me apunto para esa broma —Anuncia Tormenta

—Ya quiero ver las caras que ponen. —Barba Negra formula su deseo con una pata en la reja y la otra en el aire, a punto de saltar.

—Pero recuerden que alguno tiene que ver qué pasa. Mañana nos reunimos a esta misma hora y nos cuentan qué ocurrió. —Logró decir Julio antes que el grupo se dispersara con la acostumbrada estampida hacia otros tejados.

Al día siguiente Julio comió, durmió, volvió a comer, a dormir, y de nuevo comió, durmió, hizo algunas cosas privadas en su arenero, cantó algunas canciones al aire, jugó un rato con su humana, la acompañó en su regazo frente al ordenador con una pequeña siesta, hasta que ambos cayeron en los brazos de Morfeo. A la hora de costumbre se levantó, se estiró y acudió a su reunión de medianoche.

—Hicimos lo que acordamos —Afirma Tormenta.

—La cara de algunos humanos fue de absoluto pánico cuando caminé delante ellos mirándolos a los ojos, algunos lanzaron gritos de terror. A uno lo perseguí hasta su casa, se pasó toda la mañana caminando de un lado a otro. Se asomó a la ventana, yo me escondí, luego se volvió asomar, me volví a esconder y así pasamos un buen rato hasta que me cansé y me fui a mi casa —Cuenta Pantera con cara divertida.

—A ese lo vi hoy desde mi ventana —Manifiesta Chocolate que hasta ahora estaba renuente de participar en el experimento. —Salió de su casa nervioso, tropezó con algo en el suelo, el pobre estaba tan asustado que ni vio en dónde pisó, cayó al suelo y yo me escondí. También soy negro y no fue culpa mía, en ningún momento me atravesé en su camino.

—¡Qué dices Chocolate! —habla Negrito —Fíjate en la reacción del otro humano que soltó una carcajada al ver a Pantera. Corrió a la habitación, anotó algo en un papel, salió, buscó al señor de la lotería. ¡El 17, por favor! Se devolvió muy contento después de cobrar lo ganado.

 Julio está eufórico con el experimento y lo celebra con un maullido sostenido.

El historiador arqueó el lomo, se estiró y con sonidos imperceptibles a los humanos llamó la atención de los presentes. Luego con un maullido alto y claro cerró la reunión al decir:

Según el humano que lo interprete que pase por delante de él un gato negro es una invitación a confiar más en sus instintos y el número para jugar en la lotería es el 17. Por otro lado hay otros humanos que creen que si un gato negro cruza la calle de derecha a izquierda trae mala suerte, pero si cruza de izquierda a derecha es buena suerte. Hay muchas leyendas y creencias sobre la vida de los gatos y la superstición están presentes en casi todas ellas. Desde los sabios Egipcios, que nos reconocieron como dioses, hasta en la Edad Media que nos hicieron responsables de los accidentes de sus carruajes y empezaron a vernos como encarnaciones de malos presagios. Es indudable que nuestra personalidad enigmática nos hace ídolos, para bien o para mal. Nuestro mundo es, para los humanos, misterioso, mágico, irracional, de poder oculto, capaz de tener siete vidas. Esto todos los gatos, no importa su color, lo ha experimentado al quedarse mirando al infinito frente a una pared y comprobar que al poco tiempo el humano que comparte su casa comienza a sentirse nervioso y pregunta con voz temblorosa «¿Qué estás mirando?»

Luego de estas palabras el grupo se dispersa con la acostumbrada estampida hacia otros tejados.


8 comentarios sobre “Mitos y leyendas: gato negro ¿Buena o mala suerte? (relato corto)

  1. Buenísimo relato que contiene a la vez información valiosa sobre los gatos y las creencias sobre ellos. A mí me gustan. Me recordaste a los gatos que he tenido.¡ Saludos!

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  2. Umm de hecho se dice que la llegada de la peste tiene que ver con que en la edad media por supersticiones de brujería se mataba a gatos negros y pardos, búhos y lechuzas y murciélagos acusándolos de brujería y al no tener depredadores naturales en pueblos y ciudades (rapaces nocturnas y gatos) las ratas se multiplicaron pero también han tenido que ver los mongoles y genoveses y venecianos que en el asedio de Crinea lanzaron cuerpos de infectados por peste a Crinea y los venecianos y genoveses huían a Europa occidental expandiendo la peste.

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    1. Hola juanjo121, interesante tu razonamiento. Tienes razón en lo que dices, pero la historia suele olvidarse y quedan las supersticiones y para desgracia de los gatos negros, la “mala suerte” los acompaña aún en algunas creencias populares. Un abrazo. 🐾

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