Carmen M. Sosa: La caja de regalos (10)

Carmen se levanta tempano y ya es habitual buscar en el móvil las páginas con ofertas de trabajo. Algunas veces sale apresurada a las urgentes entrevistas que solicitan su presencia para descubrir que son ventas de humo y al regresar a casa soporta con resignación las burlas de sus hermanos, la presión de su madre para que busque pareja, mira de reojo a su padre, quien prefiere darle a escondidas una mesada antes que dejarla trabajar con él en su taller. De vez en vez pasa por el local en donde acostumbra comer tarta y tomar café, pero ya no se detiene allí como solía hacerlo. Está cansada de tanta monotonía.

Esa mañana su desayuno se interrumpe con el inesperado sonido del timbre. Carmen va a la puerta, abre y recibe con sorpresa una caja. Se le escapa una sonrisa al leer el nombre del remitente.

La familia no pierde detalle de sus movimientos y de inmediato saben que se trata de alguien significativo para ella. La madre le pregunta cómo al azar:

—¿Y ese paquete? ¿Es para ti? ¿Quién lo envía?

Carmen finge no escuchar, abraza el paquete, se va rápido a su habitación, cierra la puerta con llave y lo abre: Adentro hay una cajita atada con una cinta de terciopelo rosado, la desata con precaución. Sobre ella descansan dos hermosas rosas negras. Al verlas se sonríe, toma una y se deleita con su aroma. Contempla el contenido, se le escapa una carcajada: un frasco pequeño lleno de tierra, con su etiqueta en letras cursivas que dice: “tierra de cementerio”; hojas de ruda secas, una pata de conejo de goma. Encuentra un papel doblado. Lo abre y lee en voz alta las letras hechas con recortes de diferentes colores y tamaños: “La mAlDiCión eStá pReSEnte”. También hay viejos periódicos arrugados, metidos con sumo cuidado entre fotos de personas sin rostros, al fondo una nota: “AsÚstatE VoY Por ti”. Termina de leerlo y vuelve a soltar otra carcajada, no para de reír.

En el salón-comedor se escuchan sus risas. La alarma familiar se desata, en silencio se convierten en cómplices, decididos a conocer esa misma mañana el nombre del remitente, qué lo motiva y cuál es el contenido de ese paquete.

Carmen, ajena al sentimiento familiar y sin dejar de reír, guarda en el armario la caja pequeña, pone las rosas sobre la mesa de noche y sale para buscar un vaso con agua para colocarlas allí. El paquete, con los datos del destinatario queda en su cama.

Al salir de la habitación su madre la llama para que termine el desayuno, pero Carmen responde que tiene una entrevista de trabajo, vuelve a su cuarto, coloca las rosas en el vaso y sale con la caja grande en su mano.

Luego se despide y casi detrás de ella va el hermano mayor. Al llegar a la esquina que dobla hacia la parada de autobús, Carmen tira en la basura el paquete y sigue su camino. El hermano va al contenedor y tras un gran esfuerzo logra recuperar la caja. Se devuelve a la casa, la familia lo espera expectante.

Para ella, el resto del día no fue muy diferente a los anteriores, lo pasó fatal lleno de frustraciones. Las tres entrevistas de trabajo que tenía programadas no resultaron ser lo que ofrecían. Deambuló por la ciudad, intercambió mensajes con Manuel, llamó a Montse y estuvo por allí hasta entrada la tarde. Mientras tanto, Manuel encuentra debajo de la puerta de su casa un papel que dice: «Te invito a cenar. No me llames, solo preséntate en mi casa a las 21 horas.» La nota está firmada: Carmen M. Sosa. Manuel sonríe porque cuando hablaron, Carmen no mencionó la invitación.

Esa tarde Carmen nota un ambiente raro apenas entra a la casa, pero acostumbrada a las extravagancias de la familia no le da mayor importancia. Por su parte Manuel está nervioso, teme que sea otra de las bromas de ella. Se arregla y piensa que no puede presentarse con las manos vacías, así que se detiene en un centro comercial para compra algo.

Sobre la hora de la cena la madre le pide a la familia que se arreglen, esperan la visita de alguien muy ilustre. Con desgano Carmen se recoge el cabello, se calza, no sale de su habitación, sigue a la espera de la llamada de Manuel, tiene ganas de entrar al chat classromm7 para elaborar lo planificado y jugarles una broma a los compañeros de la clase de ajedrez.

Su espera se interrumpe al escuchar el timbre y la voz eufórica de su madre, presta atención. Una voz alegre es la que le ha respondido el saludo. Alerta, afina el oído, le parece reconocer esa voz tan masculina.

Sale de la habitación movida por la curiosidad y petrificada contempla a Manuel con unas flores y unos dulces parado en mitad del salón, rodeado por toda la familia.


Así le va a la Carmen (ver Índice):

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