Carmen M. Sosa: La caja de regalos (10)

Tiempo estimado de lectura: 10min 44sec.

Carmen se levanta tempano y como algo habitual busca en el móvil las páginas con ofertas de trabajo. Algunas veces sale apresurada a las urgentes entrevistas que solicitan su presencia para descubrir que son ventas de humo y al regresar a casa soporta con resignación las burlas de sus hermanos, la presión de su madre para que busque pareja, mira de reojo a su padre, quien prefiere darle a escondidas una mesada antes que dejarla trabajar con él en su taller. De vez en vez pasa por el local en donde acostumbra comer tarta y tomar café, pero ya no se detiene allí como solía hacerlo. Está cansada de tanta monotonía.

Esa mañana su desayuno se interrumpe con el inesperado sonido del timbre. Carmen va a la puerta, abre y recibe con sorpresa una caja. Se le escapa una sonrisa al leer el nombre del remitente.

Su familia no pierde detalle en sus movimientos y de inmediato saben que se trata de alguien importante para ella. La madre le pregunta como al azar:

—¿Y esa caja…? ¿Es para ti…? ¿Quién la envía…?

Carmen finge no escuchar, abraza la caja y se va rápido a su habitación. En el salón-comedor se deja caer el cómplice silencio de la familia que está decidida a conocer esa misma mañana el nombre del remitente, qué lo motiva y cuál es el contenido de esa cajita. Carmen se encierra y la abre: Adentro hay otra cajita atada con una cinta de terciopelo rosado y sobre ella, dos hermosas rosas negras. Al verlas se sonríe, toma una de las rosas, la huele y se deleita con su aroma. Desata la cinta con precaución. Al ver su contenido se le escapa una carcajada: un frasco pequeño lleno de tierra, con un letrero en letras cursivas que dice “tierra de cementerio”; unas hojas de ruda secas, una pata de conejo de goma. Un papel doblado que abre y lee en voz alta: “La mAlDiCión eStá pReSEnte, realizado con recortes de letras de diferentes colores y tamaños. También hay viejos periódicos arrugados y metidos en la cajita con sumo cuidado con fotos de personas donde no se distinguen sus rostros, porque están tapados con letras mal recortadas que al unirla dicen AsÚstatE  VoY  Por  ti. Al ver su contenido vuelve a soltar otra carcajada, no para de reír y recuerda la reunión que tuvo con Manuel noches atrás en donde le jugó una broma al hablarle de una supuesta maldición familiar.     

En el salón-comedor se escuchan sus carcajadas y la alarma familiar se desata.

Carmen, sin dejar de reír, guarda en el armario la caja pequeña, pone las rosas sobre la mesa de noche y sale para buscar un vaso con agua para colocarlas allí. La caja grande con los datos del destinatario queda sobre su cama.

Al salir de la habitación su madre la llama para que termine el desayuno, pero Carmen responde que tiene una entrevista de trabajo, vuelve a su cuarto, coloca las rosas en el vaso y sale con la caja grande en su mano.

Luego se despide y casi detrás de ella va el hermano mayor. Al llegar a la esquina que dobla hacia la parada de autobús, Carmen tira en el contenedor de la basura la caja y sigue su camino. El hermano va al contenedor y tras un gran esfuerzo logra recuperar la caja. Se devuelve a la casa, la familia lo espera expectante.

El día de Carmen no fue muy diferente a los anteriores, lo pasó fatal lleno de frustraciones. Las tres entrevistas de trabajo que tenía programadas no resultaron ser lo que ofrecían. Deambuló por la ciudad, intercambió mensajes con Manuel, llamó a Montse y estuvo por allí hasta entrada la tarde. Mientras tato, Manuel se encuentra debajo de la puerta de su casa una nota que dice: «Te invito a cenar. No me llames, solo preséntate en mi casa a las 21 horas.» La nota esta firmada: Carmen M. Sosa. Se sonríe porque ella no mencionó la invitación.

Esa tarde al llegar Carmen  a su casa nota un ambiente raro, pero acostumbrada a las extravagancias de la familia no le da mayor importancia. Por su parte Manuel está nervioso teme que se sea otra de las bromas de Carmen, se arregla y de camino a la casa de ella piensa que no puede presentarse con las manos vacías, así que se detiene en un centro comercial para compra algo.

Sobre la hora de la cena la madre de Carmen le pide a la familia que se arreglen para cenar, esperan la visita de alguien muy importante. Con desgano Carmen se recoge el cabello y se calza, no sale de su habitación, sigue a la espera de la llamada de Manuel, tiene ganas de entrar al chat classromm7  y hacer lo que habían planificado para jugarles una broma a los compañeros de la clase de ajedrez.

Su espera se interrumpe al escuchar el timbre y la voz eufórica de su madre, presta atención. Una voz alegre es la que le ha respondido el saludo, se queda expectante, le parece reconocer esa voz tan masculina, así que sale de la habitación movida por la curiosidad y se queda petrificada al ver a Manuel con unas flores y unos dulces parado en mitad del salón, rodeado por toda la familia.

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Publicado por rosaboschetti

Relatos, historias, ilustraciones… y flexiones sobre arte

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