Carmen M. Sosa: propósito de Año nuevo. Consiguió su primer trabajo (1)

Revisa la App y aún faltan 10 minutos para el próximo autobús. Camina despacio. Al pasar frente al café en donde suele merendar recuerda el último domingo que estuvo allí y como no necesitó expresarse con palabras, sólo con mirar al camarero éste supo lo que debía servirle.

Con el agradable recuerdo de la tarta de chocolate en la boca se sube al autobús. Una vez sentada contempla a su alrededor, sin prestar atención a nada en particular. Aquella tranquila mañana amenaza con nublarse. En su cabeza revolotean antiguas imágenes sobre resentimientos. Su mente viaja al pasado en un breve repaso de su vida. Al sentir que el nudo en el estómago se acentúa se pregunta a sí misma si el malestar es producto de los nervios por lo que está a punto de hacer, por revivir las imágenes o por ambas cosas. No lo sabe con certeza. Igual, su estómago siempre está anudado.  

Al cabo de unos minutos se reconcilió con su «yo» de la pasada tarde del 30 de diciembre que hoy también revive en sus recuerdos:

En ese momento sintió que su vida debía tomar otro rumbo, que tenía que cambiar. Ese domingo distraída entre un bocado y otro de la tarta, revisó las notificaciones en su móvil. Buscó en la red social al grupo abierto que seguía desde hacía un tiempo y encontró un consejo que se repitió en mil imágenes diferentes, los distintos perfiles publicaban: «Terminar el año con nuevos propósitos para el siguiente, así será todo más fácil» «…deja atrás las cosas malas y empieza a ser la persona que quieres ser». Se armó de valor, se le ocurrió que ella también podía tener propósitos para el próximo año.

No se atrevió a escribirlos en su móvil por temor a que sus hermanos lo leyeran al quitárselo de las manos para revisarlo y volvieran las burlas, los malos ratos. Se vio a sí misma restándole importancia a los «chistes» de ellos, pero sintiéndose cada vez más infeliz por exponerse de esa forma. Buscó más información sobre cómo hacer esos propósitos. Los reconocidos como personas inteligentes por los integrantes del grupo sugerían escribirlo en un papel, lo que le pareció muy bien porque llegado el momento podría esconderlo o tirarlo si fuera necesario.

Recordó cómo, en aquella mesa del café, buscó con qué escribir. Al vaciar el contenido del bolso encontró un boli, no tenía papel. Nerviosa ante lo que consideró una mala señal, guardó todo de nuevo y tomó una servilleta. En esos momentos no se percató que sus decepciones no la habían abandonado, solo estaban disfrazadas de ánimo y de resolución.  

Con el boli en la mano, la servilleta colocada como una hoja de apuntes y el cuerpo inclinado esperó impaciente, quería que alguien dictase respuestas a las preguntas que revoloteaban en su mente: «¿Qué se puede escribir en una lista de propósitos de año nuevo?»; «¿Las cosas buenas que deseo para mí o para los demás?»«¿Lo que quiero o lo que debo hacer?». Sin saber las respuestas correctas de nuevo buscó en el móvil alguna publicación del grupo que la ayudara a salir de dudas. Todos ellos preguntaban y respondían cosas serias, seguros de sus palabras. No supo cómo intervenir, recordó haber pensado «se reirán de mí, me tomarán por tonta», así que dejó el móvil en la mesa y miró al infinito. De pronto escuchó una canción de un coche que pasaba cerca:

“♫ ♪ Caer está permitido y levantarse es obligado No tires piedras al vecino si de cristal es tu tejado Perro que ladra, no te asustes, nunca te morderá Que con la bendición de tus ancestros llegarás ♪ ♫”

Prestó atención a la letra y esta le dio la clave: Quería poder opinar en el grupo de la Vida próspera, que su familia y que todos la reconocieran como una persona inteligente.

Comenzó a escribir despacio mientras sus ideas se aclaraban. Había leído que necesitaba realizar diferentes pasos para lograr lo que se propusiera, por lo que estuvo largo rato con su escritura.

El autobús se detuvo, la sacó de esos recuerdos, la trajo al momento presente. Cerca de su parada mira dentro del bolso para asegurarse de llevar consigo aquella servilleta con sus propósitos escritos, la dobla con cuidado antes de guardarla en el bolsillo de su abrigo. Ya en la calle se tropieza con sus propios pies al caminar apresurada hacia su destino, al apretar con la mano esa servilleta en el bolsillo la hace sentir segura.

«Lo que me sucede hoy lo logré por mí misma, sin que nadie me avalara. Las duras pruebas de selección durante las primeras semanas de enero han dado sus frutos. Mis propios pasos me han dirigido a esta empresa en donde comenzaré a trabajar por primera vez en mi vida» Con esos pensamientos alimenta su seguridad antes de detenerse frente a la fachada de la empresa.

En la imponente recepción se identifica, le piden que espere. Al poco tiempo escucha su nombre «Carmen M. Sosa» y un escalofrío le recorre el cuerpo, sin sacar la mano del bolsillo se apresura a cruzar la puerta que le indican.

Está feliz porque su lista de propósitos funciona. Pensó que esa servilleta era su amuleto de la suerte.

Índice

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .