Una tarde en el estacionamiento (relato corto)

Había salido del hospital con tres costillas rotas, una escayola en la pierna que le llegaba a la cadera impidiéndole caminar. El rostro permanecía casi irreconocible por los moretones y cortaduras que le atravesaban ambas mejillas. Aun así, en silla de ruedas y con la seguridad de saberse víctima de esa agresión, asistió al juicio para declarar.

 «Oportunamente he facilitado las pruebas y fueron admitidas» dijo su abogado a los medios, mientras se dirigían al salón del tribunal. Al llegar, comenzó el interrogatorio.

—¿Usted permaneció consciente mientras sucedían los hechos?

Luego de todas las pruebas presentadas, las preguntas que le hacían le sorprendieron. Sin embargo, se contuvo. De nuevo repitió los detalles que dio en sus declaraciones anteriores y que se podían corroborar en la grabación.

—Perdí el conocimiento al cabo de un rato, después de recibir diferentes golpes, como indica el parte médico.

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—¿En algún momento sintió que esos individuos, que presuntamente le atacaron, actuaron de forma intimidatoria?

—Eran seis hombres —continuó con la voz quebrada —se me vinieron encima

—¿Sintió miedo?

—¡Me pegaron!— Relató entre sollozos — ¡Claro que sentí miedo! solo deseaba que terminaran.

Con el mismo tono neutral y sin tener en cuenta el estado anímico de la presunta víctima, continuó.

—Piense bien antes de responder ¿Por alguna razón usted consintió o provocó tal hecho?

Necesitó unos instantes para beber agua de la jarra que tenía a su disposición antes de responder.

—No! Yo salí de mi trabajo, atravesé el aparcamiento y estos sujetos salieron a mi paso. —El llanto le impidió terminar la frase.

Su abogado aprovechó ese momento para solicitar una nueva revisión de los videos del aparcamiento. Arrastraron la silla de ruedas y condujeron a la presunta víctima a una sala anexa. Los miembros del tribunal ya disponían de las declaraciones de los peritos y testigos, tan solo tenían que estudiar las imágenes presentadas. Vieron el video varias veces sin llegar a una conclusión. Cansados, acordaron continuar al día siguiente.

Le costó un gran esfuerzo volver para seguir con el interrogatorio, ya que el cuerpo estaba más adolorido que el día anterior. Aun así, llegó puntual. Aguardó nuevamente en esa sala solitaria mientras los miembros del tribunal volvían a revisar el video del aparcamiento. Lo estudiaban minuciosamente, buscaban en el rostro de la víctima alguna expresión que denotara un supuesto placer o rechazo para definir cómo iban a catalogar el hecho.

Avanzada la mañana llegaron a una conclusión y nuevamente la silla de ruedas fue arrastrada al salón del tribunal para enterarse de la resolución, la cual escuchó atentamente.

—Este tribunal hace una excepción al leerle personalmente lo decidido. Tras múltiples revisiones realizadas a las pruebas, hemos observado en el video varios puntos discordantes con su declaración. Primero, durante el hecho usted permaneció con los ojos cerrados, lo que se puede interpretar como que disfrutaba de los acontecimientos, además de restarle credibilidad a las descripciones que detalla en sus declaraciones. Segundo y no por ello menos significativo son las agresiones verbales a los implicados, que se escuchan con claridad. Lo que nos hace sospechar que estos improperios podría ser el motivo que avivó la agresión. No sabemos si usted, de forma habitual, disfruta de estas prácticas o por razones hasta ahora desconocidas por nosotros, quiere acusar a estos individuos de la supuesta ofensiva.

La poca expresión que se pudo dibujar en el desfigurado rostro de la supuesta víctima no daba crédito a lo que escuchó y se transformó en una máscara horrible. La voz impersonal continuó, sin percatarse de ello.

—Los implicados reconocen haber tomado su móvil que, en el forcejeo, se rompió. Ellos están obligados a pagar la reparación del mismo ya que vimos cómo lo pisotearon. Disponen de los próximos veinticuatro días para hacerlo, su abogado le dará los detalles. Pero usted deberá enfrentarse a una demanda que se acaba de introducir por los agravios verbales en donde usted amenaza a dichas personas. También será su abogado quien le pondrá al tanto de cómo proceder. ¿Queda todo claro? ¿Tiene algo más que añadir?

La víctima que continúa en un estado de shock atinó a decir:

—Señores yo salí de mi trabajo, me dirigí a mi coche y estos seis hombres me agredieron. No logro entender cómo, tras un ataque y después de permanecer dos semanas en el hospital me acusan de amenazarlos verbalmente ¿No entienden que mientras me pegaban lo único que pude hacer fue maldecirlos?

—Esos jóvenes procedieron de forma imprudente, es cierto, pero usted también actuó mal. Con estas palabras que acaba de pronunciar, reconoce haberlos agredido. Además, hay otro agravante. En su actitud hay una evidente provocación. ¿Cómo va a salir un hombre de sesenta y cinco años solo a esas horas y, perdone mi sinceridad, con esa vestimenta? No queda claro si usted incitó la posible agresión porque disfruta de esa forma. Por lo que este tribunal desestima su acusación.


Publicado por rosaboschetti

Relatos, historias, ilustraciones… y flexiones sobre arte

2 comentarios sobre “Una tarde en el estacionamiento (relato corto)

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