Ella cambió, como del día a la noche (relato corto)

Busqué a Milagros. La encontré de pie dentro de una habitación, con las rodillas muy juntas y la espalda recostada de esa puerta que estaba abierta lo justo para que mi cuerpo pasara, no sin dificultad.

Nadie me vio desplazarme hasta el final de la habitación grande, organizada y despejada (mucho más que la de ella). Sentado cómodo detrás de una gran mesa, con algunos pocos papeles sobre los que escribir, estaba Víctor. Frente a ella, de espaldas a mí y a la bella danza de ramas y hojas que se ofrece desde el ventanal.

Me coloqué en la pequeña rendija que deja abierto el ventanal y le pido al viento que me deje escuchar, sopla muy fuerte su canción. El viento acepta mi invitación a presenciar la conversación entre esta pareja de humanos. Hace una tregua en su anuncio para despedir al frío. Le pareció divertido que le pudiera contar una historia, algo sobre esa humanidad que intuye enloquecida, a la que le pasan cosas constantemente pero que él no comprende.

Milagros permaneció de pie, cogida de sus propias manos, viéndose los pulgares mientras habla. Víctor la escuchaba con su imponente escudo de hombre inaccesible, ese que le otorga credibilidad a lo que dice y que tanto gusta. Al terminar la explicación de lo que ella entendió eran las preocupaciones de Anier, él hizo gala de lo aprendido con su mejor amigo (Daniel) y apoyó su voz en la suave brisa que se cuela en la habitación. Manejó las diferentes entonaciones hasta crear un marco de confidencialidad. El aire se divirtió con mi relato, aunque solo entendió de vibraciones, no supo de quién le hablaba, ni de qué exactamente, a pesar de mis intentos de explicación. El sólo hecho de conocer un breve fragmento de historia satisfizo su curiosidad de significado. Estaba fascinado con descubrir parte de lo que por él transita y cómo era hábilmente usado para crear mensajes e intrigas.

Víctor bajó la voz para insinuar sus sospechas sobre la conducta de Anier. Milagros no se atrevió a separar los pies para avanzar hacia él y escucharlo mejor. Pensó en llegar hasta el borde de la mesa que los mantenía separados, entonces, indecisa sobre cómo sortear ese obstáculo prefirió seguir allí de pie, solo su cuello fue débil y cedió al instinto de acercarse para escuchar las ideas a medio desarrollar de Víctor sobre los muchos gastos de Anier. Él puntualizó que estos eran de un tiempo a esta parte. Habló con párrafos abiertos que ella completó en su mente.

Le dijo «nunca reprocho mis heridas», esa frase la desarma por completo y él lo sabe, la usó para relatar una versión sobre la noche de la muerte de Onagnaz. Lo dijo entre amenazas de lágrimas que no llegaron a salir de sus ojos, pero que hicieron vibrar mucho su voz hasta hacerla difícil de entender. Todos prestamos una acrecentada atención a las palabras susurradas, entrecortadas y dichas con vergüenza de ser pronunciadas que uso para que nos pudiéramos imaginar con detalle la escena.

Hablo de Anier, a los pies de la cama del agonizante Onagnaz, que se dirigió a él. Sus palabras detallaron cómo luego él tuvo que reunir, buscar y pedir dinero entre los presentes en el hospital. Finalizó su relato con pocas líneas que dibujaron el momento en que él entrega el dinero Anier.

Milagros interpreta a su antojo. En su memoria se grabó ese momento como si ella hubiese estado presente, como un hecho cierto. Hasta yo me dejé llevar por el relato.

El aire, que me escucha con atención, hace la observación sobre el hecho de que él también estuvo allí, está en todas partes, en todos los tiempos y no vio en ningún momento a la mujer que tomó las manos del que agonizaba (Anier) hablar con ese del que hoy yo le hacía referencia (Víctor), además, puntualizó el viento para mí: “Ella llegó y el agonizante ya había recibido la vestidura de la muerte. Ya no estaba con los vivos, yo mismo lo trasladé. Esa mujer tomó las manos de un fallecido y estuvo sola en la habitación”. Esto me hizo pensar sobre la facilidad de algunos humanos para manipular los pensamientos y recuerdos. De ahora en adelante debía ser más cuidadosa en comprobar en sus mentes los detalles que me ayuden a entender que es real y que no. Ahora entiendo Anier, al decir que muchas imágenes no son realmente suyas. Sin dejar que me perdiera en explicar mis reflexiones, el aire me pide que continúe con la traducción de lo que ocurre en la habitación detrás del ventanal.

Al retomar la escena, Víctor está de pie detrás de su mesa, sus pupilas directas en las de Milagros, lo que la obliga a mirar hacia arriba, la diferencia de estatura es considerable. Sigue con voz firme, con su volumen habitual le confió su secreto, porque «sé que son amigas» dijo. Luego, suavizó el tono, su rostro se acerca despacio. Milagros ya no escucha ante el anuncio de un posible beso, pero tuvo que conformarse con un discreto roce muy cerca de sus oídos y la confesión de un hombre engañado que da su dinero por perdido, «no pienso cobrarlo» le dijo mientras le desata los dedos de las manos. Ella continúa con la cabeza estirada en espera de más roce, tal vez del beso, él habla muy suave con su mirada fija en ella: «El deber de una amiga es ayudar» le repite, mientras continúa el juego con las manos de ella hasta separarse abruptamente ante lo que creyó un ruido externo. Milagros se quedó una vez más a la espera de su momento para ser tocada, retomó su postura sin lograr controlar sus latidos y sin saber muy bien qué hacer ante el silencio de él, quien le dio la espalda para volver a su cómoda silla y tomar asiento.

Pasados unos incómodos minutos Milagros pretendió girarse para salir. Le indiqué al aire que debía moverme. Me dijo que ya había tenido suficiente y que él debía atender a sus obligaciones, la primavera estaba muy cerca y no podía retrasar más su anuncio. Nos desplazamos. Fui hacia la puerta y él volvió a circular rápida y sonoramente.

Justo con medio cuerpo de Milagros fuera de la habitación, la voz de Víctor sonó firme. La hizo retroceder, me quedé en el dintel de la puerta. Habló rápido. Expresó su preocupación por lo que iba a desvelar, otro dato sobre Anier y el dinero del difunto. Dejó claro que «arriesga el puesto de trabajo de una compañera» esa que trabaja en la entidad financiera. A la vez que habla extiende uno de los papeles que están sobre su mesa. Mientras ella se acerca para tomarlo, él continúa con las palabras, pero en el tono de quien acaba de recordar: «Aquí consta la fecha del retiro del dinero de Onagnaz, míralo tú misma» explica que esto fue anterior a la escena del hospital y es por lo menos sospechoso. Había ocurrido, según él, el mismo día que Onagnaz sufrió el infarto. Milagros lo toma y su pequeño rostro se transforma. Con micro muecas, casi imperceptibles, llega a un rictus. Aunque no leyó aquel trozo de papel, ya no tenía dudas.

Extracto de: Día, noche capítulo de: 

Un encuentro con la Muerte confirmó que ni el amor, ni la supervivencia ni el tiempo son lineales cuando son Ellos los emergentes.

2 comentarios sobre “Ella cambió, como del día a la noche (relato corto)

  1. Cuando alguien toma una mala decisión imagino que es un extracto. Me inspira esas situaciones en las que nadie sabe muy bien cómo actuar cuando hay una muerte, una situación delicada o hay algo que no se comprende. Bien por darle ese aire que va haciendo que me fije en mi propia respiración (eso me ha ocurrido) El texto denota soltura, además de que no es para nada abrupto, hay buena sonoridad entre las palabras. Me llama la atención al nombre al revés, es Reina y el otro es Zangano. jeje!! Bien atado e ingenioso. Sin embargo, los nombres me inspiran fantasía. Me ha faltado más para poderte darte una visión completa. Pero me ha gustado.

    ¡¡Un abrazo campeona!!

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    1. ERES LA PRIMERA que lo menciona! Keren!!!! Siiii es Reina y Zángano jajajajaja y el narrador de toda la novela es….aviso es spoiler…. es….. Apis! Nombres que son una metáfora, por lo que explica la narradora en un punto de la historia …. hay extractos que he ido soltando en https://rosaboschetti.wordpress.com/tag/malas-decisiones/ y el hilo completo y ordenado está en la novela… Me alegra mucho mucho que te dieras cuenta y lo comentaras. Otra cosa, lo de la respiración es tal cual dices y era lo que quería expresar, esa incomodidad de la pobre MIlagros (o tan pobrecita jajaja) … GRACIAS por el comentario, me voy a dormir contenta 😍

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