Carmen M. Sosa: El café de la tertulia de la tarde (18)

El incidente en las aldeas de las abejas despertó en Carmen M. Sosa desconfianza hacia el grupo Vida Próspera, sin embargo, Manuel insiste en que fue algo casual, producto de personas infiltradas con deseos de enturbiar la imagen de ellos. La división de opiniones ha enfriado el calor de las conversaciones nocturnas, así que para convencerla de su punto de vista (y devolver a las noches el ritmo y entusiasmo de las veladas previas a ese suceso) piensa en una estrategia para que ella asista personalmente a sus reuniones.

Promete no descuidar su trabajo por el hecho de que ella esté presente y que no causará problemas. Les manifiesta que a cambio ganan una seguidora y la gratitud de él por salvar su relación. Éstos acceden sin decir mucho, no pueden demostrar que están encantados de tener una nueva ficha para mover en su intrincado juego de poder.

Carmen M. Sosa al recibir la invitación se debate entre sentimientos contradictorios: Se alegra de pertenecer a la comunidad que sigue desde hace casi cinco años, pero también se asusta. Sospecha que podrían ser algo más que un grupo de estudio y crecimiento personal, sin embargo, por el bien de sus noches de pasión accede asistir a las tertulias. Continúa sin trabajo, aunque no ha abandonado las prácticas de ajedrez y los ejercicios de redacción, tiene muchas horas libres. Piensa que las puede emplear para observar de cerca el entorno de Manuel y comprenderlo por sí misma.

Llega el día de la primera reunión a la que puede asistir. Va dispuesta a obtener argumentos para demostrar sus preocupaciones cuando Manuel manifieste su ciega confianza en ellos, entonces ella sacará sus anotaciones. Toma asiento, abre su blog de notas y escucha, mientras transcribe todo aquello que considera, según ha estudiado, que no cumple con la lógica de una buena redacción para un discurso hablado. Así que anotó lo que le pareció contradictorio. También escribe al margen de sus apuntes algunos pequeños auto consejos para no llegar a ser «admirador ciego de la Vida Próspera» como apunta al lado del nombre de Manuel.

La actitud que Carmen mantiene en las primeras reuniones es muy parca por lo que muchos de los asistentes la tildan de tímida y se enfocan en ayudarla para superar lo que llaman inseguridad. Carmen M sosa se deja llevar al sentirse arropada por gente que es amable con ella, aunque en una de esas observaciones para sí misma, anota: «no olvidar que tímida no es igual a insegura».

Al finalizar las reuniones ella sale del recinto junto a unos compañeros con los que ha tenido simpatía, los acompaña hasta la reja que da a la calle y luego vuelve con Manuel para ayudarlo a recoger, dejar todo en orden dentro del salón, que él pueda dar por terminada su jornada de trabajo y ambos volver a casa.

Ya allí continúan acalorados por el entusiasmo de compartir ideas. Los conocimientos sobre cómo tener éxito y prosperidad se discuten noche tras noche entre bailes privados. Al final del alba él llega a las mismas conclusiones: deben pertenecer al grupo y dejar que ellos guíen sus pasos. Ella se limita a devolverle la mirada, no se atreve a enturbiar ese instante para afirmar lo contrario y mucho menos discutir en relación al hecho de aceptar que otros dicten los pasos a seguir en la vida. No es momento de volver a recurrir al blog de notas como prueba de la inconsistencia de los líderes que él defiende, así que solo sonríe.

Una noche al despedirse de los que ella acompaña hasta la salida, la sorprenden con una invitación. Desean que forme parte de un subgrupo de estudio. Se reúnen en la tarde, antes de las reuniones generales. Trabajan en las relaciones interpersonales y los vocablos claves para incentivar a terceros. Con curiosidad y presionada por ellos, Carmen accede acudir.

Muy a su pesar el grupo le da confianza. Sus intervenciones en las reuniones generales, si bien son escasas, son escuchadas con atención por los líderes y asistentes. Manuel empieza a presumir de lo rápida que es para aprender y de su inteligencia. No ha dejado de ser tímida, pero se ha ganado un lugar entre ellos y ahora tiene más temas de conversación con Montse, que se debate en medio de los celos y la alegría de que su amiga sea parte de los estudiantes de la Vida Próspera. Pese a que ella ha cuidado la forma en que se muestra vulnerable ante ellos no ha sido invitada a reunión alguna. En secreto confía en que Carmen no haya olvidado que ella la animó con las clases de ajedrez y sobre todo que necesita un guía, no en vano ha contado su historia de nomofobia muchas veces en el chat.

Al poco tiempo Carmen empieza a pensar que aquello que en un principio vio como fallos en el discurso, reducciones al absurdo y otras inconsistencias, son sus propias interpretaciones erróneas. Las notas dejan de tener el objetivo de demostrarle a Manuel y recordarse los posibles huecos en las ideas del grupo. Ya no cuestiona lo que dicen ellos, sino que se cuestiona a sí misma. En casa y durante las noches ambos buscan adecuar sus pensamientos a lo que se ha dicho en las reuniones. En esos momentos, los apuntes sirven para apoyar los mantras que aprenden sobre la prosperidad y la felicidad. Sus cuerpos dan el aprobado de sus mandatos, se han dado cuenta de que los bailes nocturnos son cada vez más frenéticos y salvajes.

Carmen y Manuel están contagiados por completo por la euforia de los compañeros. Sin apenas notarlo han copiado los gestos, la vestimenta azul. Ella luce la cinta azul en su cabello y juntos han salido a comprar gafas con una bonita y discreta montura azul, aunque en realidad no las necesitan ambos las lucen con orgullo. También han añadido en su día a día nuevas palabras y a las viejas, les han dado otros significados. La influencia que la Vida Próspera ejerce en la pareja ahora se nota incluso en su intimidad, ya ni siquiera se percatan de la presencia de la abeja que ronda por su casa.

Han transcurrido varias semanas de reuniones y ejercicios diversos de vocabulario, en donde Carmen M. Sosa también se ha documentado con videos que ayudan a identificar cuáles son las relaciones positivas y cuáles las engañosas, las dañinas que los apartan del grupo y sus beneficios. Decide alejarse de forma definitiva de los pocos conocidos y amigos con los que mantenía una efímera relación. Está muy contenta con esta decisión y se encuentra muy atareada. Todas las mañanas sigue en la búsqueda de trabajo, por las tardes y noches se reactivan sus energías al asistir a las charlas. Se nutre con esas enseñanzas. Se siente muy elegante con su vestimenta azul y mientras camina, piensa con orgullo: «este era el color de los emperadores».

Una noche, después de la reunión, Víctor y Daniel se acercan a ella.

—Hemos observado el avance que has logrado en tan poco tiempo. Te felicitamos por ello. —Le dice Víctor con voz dulce y prosigue: —Nos hemos enterado que buscas trabajo. En El café de la tertulia de la tarde necesitan a alguien. No sabemos muy bien en qué consiste el empleo, pero si estás interesada podemos hablar con el dueño y recomendarte.

Esta conversación sorprende a Carmen M. Sosa y disipa de forma inmediata las pocas dudas que aún tenía sobre ellos.

—Claro que me gustaría, gracias por ofrecerse a recomendarme. Le garantizo que no los defraudaré.

—Manuel sabe en dónde está el café. Acércate mañana en la mañana, habla con el marido de Milagros. Él es el dueño. —A manera de despedida le da una amistosa palmada en el hombro y le dice —seguro te irá bien.

Esa noche la casa de Carmen M. Sosa y Manuel se viste de fiesta ante la inquisidora mirada de la abeja que continúa presente. Ansiosos esperan el amanecer para la entrevista con el marido de Milagros, esa señora tan elegante que al parecer es la mano derecha de Víctor con un cargo influyente en la institución.

Al día siguiente la entrevista es rápida. Esa misma mañana Carmen M. Sosa tiene su primer trabajo estable, con posibilidad de ascenso. De momento es la única mesera contratada en El café de la tertulia de la tarde. Sobre su traje azul imperial se ajustó el delantal azul eléctrico a juego con la cinta en sus cabellos sueltos y la montura de sus gafas. Se sintió segura, tranquila, elegante.

Al atender su primera mesa, comprendió el porqué de la insistencia del grupo en utilizar ese color. Su apariencia impecable impresionó a la pareja que la escuchó atenta. Carmen M. Sosa supo que representaba el orden. Ya en la barra le mostró al marido de Milagros sus notas del pedido. Él observó su cuidadosa caligrafía y ella se reconfortó en sus pensamientos. Se reconoció como un ser estable, poderoso y al igual que Milagros, su ropa marcaba distinción.

Con una generosa sonrisa se dirigió a sus clientes. La bandeja en alto, repleta de cafés, tartas de chocolates y una de manzana.   


Así le va a la Carmen (ver Índice) :

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