Mitos y leyenda: El baile de Frau (Relato corto)

Cuentan que hace mucho tiempo Frau vivía sola en una cabaña, en el interior del bosque. Cansada de tanta soledad un día decidió ir al pueblo más cercano en búsqueda de compañía. Como tenía muchos años sin comunicarse con otro humano sintió temor por tener que entablar una conversación, sin embargo las sonrisas de los transeúntes le incitó a romper su silencio.

Con entusiasmo se dirigió a un grupo y saludó. A pesar de su esfuerzo las personas no respondieron, por el contrario, se retiraron de su lado. En sus rostros se notó el rechazo que produjo en ellos. Sorprendida siguió su camino e intentó hablar con una vendedora de frutas, pero ésta no quiso escuchar sus palabras y se disculpó con un «No te entiendo».

Muy perturbada le dio los «Buenos días» a otros que se encontraban en la calzada y éstos miraron a otro lado, como si no la hubiesen escuchado. Estuvo todo el día de grupo en grupo, dirigía una sonrisa, pronunciaba algún saludo, pero nadie respondió. Con tristeza emprendió el regresó a su cabaña. A lo lejos escuchó a un grupo que critica a alguien con dureza y decidió, porque así lo quiso, que esas palabras de desagrado eran por ella.

Al llegar abrió las ventanas y el calor de agosto entró con fuerza. Sentada en su mecedora habló con las paredes de la cabaña para pedirles ayuda. No tuvo respuesta, el silencio tan solo le produjo más incertidumbre. Recordó su paseo por el pueblo, a las personas que hablaban entre sí. Ensayó sonrisas frente el espejo, pronunció una y mil veces saludos en diferentes tonos, imitó los andares y frases que le parecieron más agradables. Durante todo ese tiempo la cabaña la observó con la certeza de su futuro fracaso. Ella ignoró las señales y a la mañana siguiente salió muy temprano en busca de nuevos amigos.

Ocurrió lo vaticinado por la cabaña. Las personas no respondieron a sus amables saludos, decían no comprender sus palabras. Desistió de su intento. Comenzó su camino de regreso y de nuevo se produjeron los murmullos que escuchó el día anterior. Prestó atención segura de que hablaban de ella y alguien dijo «Si al menos trajera algo para regalar, pero no, no trae nada y pretende ser parte de nosotros… Que insolente!».

Al entrar a su hogar le contó a las paredes el mal rato que pasó y el comentario que escuchó. Entonces la cabaña rompió el silencio. En la pared del salón se escribió una frase, en la puerta del baño otra y así la cabaña describió el plan que había ideado. Sin perder más tiempo Frau se puso en marcha para ejecutar lo que le pareció una idea perfecta para hacer amigos y muy animada se internó en el bosque hasta llegar a los centenos. Escogió las espigas que tenían CORNEZUELO. La cabaña los había descrito como «pequeños clavos ligeramente curvados, de sección vagamente triangular y terminados en una esferilla a manera de cabeza de clavo», así que fue fácil reconocer el hongo parasítico que la ayudaría.

Tomó el resto del día para preparar diferentes y apetitosos panes, también elaboró una bebida a base de centeno. Ya cansada se durmió con el arrullo que le proporcionaban las ventanas de la cabaña.

Al día siguiente llegó al pueblo cargada de obsequios para todos sus habitantes y éstos, sin mediar palabras con ella, comieron sus panes al tiempo que bebieron su apetitoso brebaje. La mujer alegre por el éxito de sus regalos se puso a bailar con fervor y los comensales de forma espontánea se unieron a su baile. Frau estaba agotada y volvió a la cabaña a descansar. Al día siguiente volvió con más regalos y la esperanza de hablar con alguien. Con sorpresa vio que la danza continuaba. Como su pan y su bebida se habían terminado, los repuso y se unió al baile. Transcurrieron tres días de frenética danza. Al cabo de una semana se habían unido otras treinta y cuatro personas. No podían parar, tan solo se detenían para comer y beber un poco. En un mes, cerca de cuatrocientos bailarines llenaban la calle principal. Pero Frau ya no bailaba, solo iba y venía con los obsequios para la fiesta.

El baile frenético no cesó. Por el contrario, empeoraba. Fue tanto el escándalo que llamó la atención de los entendidos y eruditos del pueblo. Algunos médicos locales se preocuparon por encontrar una causa a este baile sin fin ni descanso. Solo Frau fue capaz de parar de bailar, pero esto no lo notaron los doctores que descartaron causas astrológicas y anunciaron que esto se debía a un aumento en la temperatura de la sangre. Sin embargo, en vez de prescribir sangrías, persuadieron a la gente para que continuara con el baile. Pensaron que si danzaban día y noche, el cansancio sería su cura. De inmediato las autoridades recabaron impuestos y con ellos abrieron dos mercados en donde se construyeron escenarios y contrataron músicos para acompañar el baile.

Frau no tuvo ningún puesto para sus panes ni bebida, ignorada continuó llevando más provisiones y colocándolas en los bancos de la plaza para que lo tomase cualquiera a cambio de una sonrisa. Ya no esperaba conversación porque los habitantes se acercaban como posesos, sin dejar de bailar. En un momento se acercó un hombre que bailaba y temblaba a intervalos. Frau le ofreció una hogaza de pan y él se desplomó. Lo auxilió y con pasos torpes lo llevó a su casa. La cabaña dispuso nuevas instrucciones para el invitado, que en pocos días curó su ansias de baile.

El hombre se mostró agradecido, además no había probado antes tan exquisitas comidas, ni recibido tantos mimos. Pidió que lo dejara vivir allí. Se ofreció ayudar con el trabajo en la cabaña y ser el proveedor de la casa. Frau aceptó el trato y la luz de la habitación brilló como nunca. Ella y la cabaña sonreían, habían logrado su objetivo.

Frau ya no volvió al pueblo con panes ni bebidas, ni ansias de ser vista. Ella y su hombre se enteraron que el baile duró más de un mes y que un día desapareció envuelto en el misterio de su aparición. También tuvieron noticias sobre algunas personas que, sin poder detener su danza, murieron de ataques al corazón, derrames cerebrales o agotamiento y que a otros bailarines los llevaron a las capillas para que los sacerdotes curaran esa extraña actitud, sin logarlo.


El cuento está basado en la “Epidemia de baile de 1518” ocurrido a mediados de 1518 en Estrasburgo, una ciudad del Sacro Imperio Romano Germánico (ahora al noreste de Francia). Fue un caso de coreomanía (enfermedad del baile, manía de bailar o popularmente, baile de san Vito) que en su época no se encontró la causa de tal euforia. En la Wikipedia encontramos:

[«…Las teorías modernas incluyen la intoxicación alimentaria por los productos tóxicos y psicoactivos de los hongos del cornezuelo, que crecen comúnmente en los granos de la familia del trigo (como el centeno o la cebada). La ergotamina es el principal producto psicoactivo de los hongos del cornezuelo, está estructuralmente relacionada con el fármaco recreativo dietilamida del ácido lisérgico (LSD-25) y es la sustancia a partir de la cual se sintetizó originalmente el LSD-25. El mismo hongo también ha sido implicado en otras grandes anomalías históricas, incluyendo los juicios de Salem…»]

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Carmen M sosa: primer amor, primer trabajo, primera secta.

12 comentarios en “Mitos y leyenda: El baile de Frau (Relato corto)

    1. Hola Marcos. Tienes razón, por fortuna los adelantos científicos descubrieron ese hongo en los cereales y no lo consumimos por «descuido» (ahora, si alguien lo desea, lo obtiene con el LSD) 🤐 Gracias por tus palabras. Un abrazo 🐾

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  1. Fantástico relato, Rosa. 👏🏼👏🏼👏🏼
    Increíble que esté basado en hecho reales, aunque tú le has dado una forma de fábula preciosa. 🥰🥰
    De tu historia se pueden extraer varios mensajes interesantes.
    Por un lado, el despreciable interés de la gente que no devuelve un saludo, pero sí se apropia de los regalos de la pobre Frau. Esto lo tengo visto demasiadas veces.
    Por otro, el increíble poder de la naturaleza, en tu relato confabulada con la cabaña, capaz de subyugarnos sin
    que nos demos cuenta o por la ignorancia en su posible toxicidad.
    No está mal este baile de san Vito como venganza por el rechazo y desprecio, aunque algunos salieran mal parados, otros consiguieron perder peso a fuerza de danzar. 😅😂
    ¿Cornezuelo has dicho que se llama, verdad? 🤔 ¿Lo tendrán en el mercao de mi barrio? 😂😝
    Me encantó tu forma de adaptar la historia y regalarnos un cuento lleno de detalles y preciosos matices.
    Muchas gracias por tu participación en el VadeReto del Acervo.
    Un abrazo.

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    1. Hola JascNet. Es un placer participar en tus retos, espero que en el próximo no me tenga que desvelar jajaja😁 Cuidado que le pides a alguien el Cornezuelo porque te lo pueden vender y no hay garantía de que dejes de bailar por mucho tiempo y en cuanto al saludo no devuelto, es algo que por desgracia aun se da en algunas personas. Un abrazo 🐾

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  2. ¡Me gustó tu relato Rosa! Y me resultó extraño que esté basado en un hecho real. Nunca había oído algo sobre la epidemia de Estrasburgo. Aunque recuerdo que mi abuela, cuando estábamos muy inquietos y no parábamos de movernos, nos preguntaba si teníamos el baile de San Vito.
    Me gustó cómo has armado el escenario y me hizo reflexionar sobre la indiferencia de mucha gente que parece no verte, hasta que se dan cuenta que pueden sacar algún provecho. ¡Menuda cara!
    Jose, no preguntes por el cornezuelo, no vaya a ser que te lo vendan y tengamos que leer cosas extrañas.
    Un abrazo.

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    1. jajajaja 😁 Si vemos algo extraño en su blog, ya sabemos el origen jajaja 😁 Yo conocía el baile de San Vito, pero hasta que no investigué no me enteré de este hecho. En la investigación encontré que no es el primero, sino me equivoco en el siglo IV ya se produjo algo similar, pero no encontré suficiente material para referirme a él. Gracias por tus palabras. Un abrazo 🐾

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