Una vida sin valor. Parte XI

Lava los platos, luego llena uno con comida seca y el otro con agua fresca. El pequeño Minino se acerca para comer. Ella lo observa interrogante y se pregunta: «¿Qué beneficios aporta este animal? Tan solo come, juega, ensucia el arenero y llena la casa con sus pelos, están por todos por todos los rincones» Él la mira y entrecierra sus ojos enviándole un dulce beso. Pero la mujer entiende ese gesto como una señal de somnolencia y piensa: «de nuevo tiene sueño».

Se dirige a la terraza, limpia el arenero y sigue rumiando en sus pensamientos: «Este animal tan solo ocasiona gastos y más trabajo. Claro que a mi pequeño le gusta jugar con él, pero igual lo hace con cualquiera de sus juguetes».

Enciende la TV y Minino se sienta a su lado para comenzar a ronronear. El sonido le impide escuchar su programa de cotilleo favorito. Minino frota su cabeza en el brazo de ella, quien lo aparta de un manotazo al tiempo que grita: —¿Por qué me empujas? Molesta por tanta interrupción, busca el teléfono para llamar a su marido. Él atiende. Ella sin preámbulos y con una voz dulce, casi al borde del llanto, le recita un rosario de quejas:

—Este animal no me ha dejado en paz toda la mañana, no he podido realizar nada de lo que tenía programado. En verdad que no soporto más tanto trabajo. Hay que tomar alguna decisión.

—Tranquilízate, mujer, que tan solo es un gato pequeño. ¿Qué cosas tan terribles puede inventar? Recuerda que ellos son curiosos, siempre quieren saber lo que sucede a su alrededor. Por eso te persigue, no lo tomes a mal, también son muy sentimentales y afectuosos.

Su voz suena entrecortada al responder:

—Eso lo dices tú porque no tienes que lidiar con él todo el día. Encima yo tengo que batallar con todas las verdaderas obligaciones de la casa, del niño, hasta con las tuyas y ahora, es el colmo que me pidas que no ofenda los supuestos sentimientos de un animalito.  

—Entiendo que estés cansada, pero tú eres muy optimista. Mira las ventajas que tiene. Son aseados, familiares, independientes, curiosos, inteligentes, hábiles, grandes cazadores… en fin, deja que esté por allí.

—El que no entiende eres tú. Sus pelos quedan pegados en la tapicería, los cojines, en las cortinas, por todos los lugares por donde pasa y claro, ¡quién lo limpia soy yo! Además, es probable que hasta arañe los muebles.

—Deja la angustia, eso no va a pasar, tiene el rascador que tanto le gusta, pero bueno, cuando vuelva lo hablamos y vemos cómo solucionamos lo que te preocupa. Tan solo te pido que recuerdes que los gatos no dependen de los humanos para sobrevivir, en gran parte, pueden cuidarse solos. Déjalo estar.

En el sofá del Piso de Daniel, duerme el gato negro (Bram)
Bram duerme

La llamada termina y ella está furiosa. No comprende por qué su propia pareja pone en primer lugar a ese ser, por qué lo antepone a las necesidades de ella. Sin embargo, las últimas palabras de su marido la deja pensativa y su mente creativa busca una solución inmediata. Debe hacerlo antes que la familia llegue a la casa.

Con determinación toma un bolso en el que introduce a Minino. Conduce por varias horas hasta que encuentra un sitio desolado, lejano, ideal para dejarlo sin que nadie la pueda observar. Sale del coche y lo saca del bolso.

Sin volver la vista atrás, vuelve a conducir para llegar a la casa mientras recuerda las últimas palabras de su marido: «… los gatos no dependen de los humanos para sobrevivir, en gran parte, pueden cuidarse solos» Y continúa con sus pensamientos: «Bueno, si es así, entonces que se busque la vida, pero lejos de mí.»

Al llegar, toma un tenedor y se hace algunas heridas en el brazo. Con la piel sangrando se dirige a la casa de una vecina y le cuenta el terrible ataque de Minino. Con lágrimas en los ojos le dice:

—No sé cómo se lo van a tomar mi niño y mi marido, pero salí con él y logré que una mujer lo adoptara. Ojalá esté bien con su nueva familia. A mí me da mucho miedo tener un animal tan impredecible.

La vecina la consuela, atiende sus heridas y se compromete hablar con el marido para explicarle la situación. Ella, más tranquila y con el brazo amarillo por el Betadine, se dirige a su casa.

Mientras, Minino camina por ese lugar desolado. Sin alimentos ni agua, lleno de coches que pasan muy rápido. Se enfrenta, sin saberlo, a una muerte segura. Que puede ser lenta y dolorosa o rápida, según sea el golpe de algún conductor despistado o lo que dure en actuar en su cuerpo la deshidratación e inanición. Si tiene algo de suerte será rescatado por una protectora responsable o alguna alma que aun conserve su instinto, su conexión y empatía emocional. Que sea capaz de reconocer y respetar otra forma de vida más allá de sí mismo.


En nuestra campaña #AdoptaUnGato que realizamos Todo Para Tu Gato y yo, hemos seleccionado una serie de frases para motivarte a la adopción. Este relato es parte de la frase #XI.

Comparto con ustedes el texto que Todo Para Tu Gato publicó en su blog:

Para que nunca más hayan gatos abandonados

Durante un año hemos tenido, junto a Rosa Boschetti, una campaña a favor de la adopción de gatos. Durante este año, te hemos querido dar razones por las que la adopción es la mejor opción. Pero he de decirte que en realidad hay miles de razones para hacerlo… Seguir leyendo


5 comentarios en “Una vida sin valor. Parte XI

  1. Genial.

    Comencé a seguir su blog. Espero que también sigas el mío e interactuemos ambos.
    AMBOS CRECEMOS Y APRENDEMOS 🫂

    Un cordial saludo desde el sur de España 🇪🇸

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    1. Hola María Pilar. Tienes razón, la historia es triste, pero lamentablemente es real. Ojalá más personas tomen consciencia y traten a los animales con respeto. Gracias por tu comentario. Un abrazo 🐾

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