Lo único que se mueve aquí es la luz, pero lo cambia todo para que nada cambie.
Un gran paso adelante
Acacio aguarda nervioso a que Daniel lo reciba; sin embargo, el tiempo de espera se alarga y este incidente le permite memorizar todo lo que encontró sobre el color azul. Piensa mejor en los argumentos que va a usar para presentar su idea. Cuando por fin lo llaman, está seguro y tranquilo, sabe lo que tiene que decir.
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Acacio piensa que las ideas relacionadas con el cambio de vestimenta y el nuevo nombre del proyecto se le ocurrieron a él. No se da cuenta que su nuevo amigo In es un manipulador y controla sus pensamientos.
—Buenos días, Daniel. Disculpa que te moleste, pero te pido unos minutos para explicarte una idea que tengo en mente. Es algo que aún tengo que madurar, pero es más o menos esta… un cambio de vestimenta… todo en azul, el color de EMCU. Quizás te pueda interesar.
Daniel asiente con la cabeza, pone cara de interrogación y le anima para que concrete.

—Me pareció observar en la reunión que hay algunas personas interesadas en identificarse físicamente con la institución. Si lográramos que todos se unificaran con el color azul, que es el mismo de EMCU, sería más fácil medir la influencia, el alcance que tiene el grupo, su proyección y crecimiento. Sin embargo, debo confesar que no sé muy bien cómo lograr que, de forma “espontánea”, ellos accedan a utilizar una vestimenta con esas características…
—Continúa. Si me convences, yo me encargo de hacerlo realidad.
—Se me ocurre que, para que sea aceptada por todos, sería interesante recalcar que el azul ha sido utilizado por la realeza y que entre los emperadores ha simbolizado históricamente poder, divinidad, nobleza y lealtad, convirtiéndose en un emblema de autoridad y alta alcurnia. Por otro lado, representa desde la conexión celestial hasta denotar un estatus social elevado, ya que en la antigüedad era un color muy raro debido al alto costo de sus pigmentos.
—Veo que te has informado bien. Es interesante lo que planteas. Jamás se me hubiera ocurrido.
Acacio, más animado, continúa:
—Al diseñar el emblema de EMCU, escogieron muy bien ese color, ya que lo tiene todo: la conexión divina y celestial, el linaje noble o sangre azul; además, el «azul rey» es un símbolo de dignidad, estatus, poder y riqueza que los reyes de Francia popularizaron. Por otro lado, psicológicamente, proyecta tranquilidad, seriedad, seguridad y lealtad, características que los monarcas desean transmitir para asegurar la estabilidad de su reinado. ¿Me equivoco en algo?
—En nada. De todos los integrantes de EMCU, eres el primero que expresa de forma clara y sencilla lo que representamos. Me has convencido. Vamos a poner en práctica un plan para que los que sean leales a nosotros los usen.
—Perdona, Daniel, pero en eso no me atrevo a involucrarme. No me gusta estar al frente de las masas; prefiero pasar inadvertido, trabajar, si se puede utilizar ese término, en la “clandestinidad”.
—Tranquilo, Acacio, tengo en mente a la persona que se va a encargar de ese asunto. —Esto se lo dijo con una sonrisa, en tono amigable y luego agregó: —¿Cómo te imaginas la vestimenta?
—Fácil: los hombres con pantalones y camisas azules.

Las mujeres necesitan, además de vestidos azules, otros elementos, quizás cintas en el cabello (como las colegialas) del mismo color, con el pelo suelto para que les dé un aire juvenil.


Esto último lo dijo al recordar que a Victoria le parecían que esos adornos en la cabeza no eran elegantes, sino un triste intento para prolongar la infancia. Luego continuó: —Eso sí, todos con gafas azules, para que parezcan “inteligentes”, a juego con las vestimentas.
Al terminar de hablar, Daniel se levanta y lo abraza. Antes de salir, Acacio le dice:
—Hay algo más… es personal. Resulta que mañana tengo que pasar por el banco para arreglar un asunto de una firma y por ese motivo voy a llegar tarde. ¿A quién me dirijo para informar o pedir ese permiso?
—¡Ya lo has hecho! Ve tranquilo y toma la mañana completa; yo le aviso a In para que le informe a Juan Peña y a Emma. En cuanto al proyecto: a comenzar, ¡que para luego es tarde!
Toma el teléfono y llama a In para que se reúna con él en su oficina. Acacio se sonríe, asiente con la cabeza y sale. Se dirige contento a su puesto; acaba de dar un gran paso adelante.
Luego de la reunión con Daniel, In, en el transcurso de la tarde, les informa a Juan Peña y a Emma que Acacio no va a asistir la mañana del día siguiente. No les explica el motivo, pero ambos sacan en conclusión que es por la amonestación que recibió. Deciden darle un empujoncito para que renuncie o cometa un error imperdonable y lo echen de la institución.
Juan Peña llama a su socio, el vendedor. Le pide que, al día siguiente, temprano, contacte con Acacio. Insiste en que es vital que lo capte para que asista a la reunión que ellos van a realizar ese mismo día y le envía todos los datos de él. Quedan de acuerdo. Juan Peña y Emma celebran lo que consideran un gran paso adelante, un gran triunfo.
A la mañana siguiente, antes de salir al banco para anular la firma de Virginia de su cuenta bancaria, Acacio recibe la llamada de esta gente en donde le prometen un gran futuro dentro de su carrera. Se queda pensativo, no recuerda haber dejado su currículum a esa empresa, pero al estar tan bien informados sobre su trayectoria, deduce que fue ella quien hizo esa solicitud y él lo olvidó.
En la puerta del banco, In le telefonea; desea concretar asuntos sobre la vestimenta azul y Acacio le comenta de la llamada tan extraña. In lo anima para que asista a esa reunión para descubrir de qué se trata.
Acacio, después de pasar por el banco, asiste a la reunión. No es el trabajo que prometieron. No tiene nada que ver con el mundo de la informática, es para vender artículos de oficina. Se marcha antes de que esta termine; sin embargo, le llama la atención que uno de los aspirantes al cargo mencionara a Juan Peña como un referente y se queda pensativo.
Cuando llega por la tarde a la institución, le comenta a In lo que pasó en ese encuentro. Acacio, para generar más interés, trata de restarle importancia al asunto. Le dice que Juan Peña es un nombre muy común e In le responde que no cree en las casualidades, que va a investigar. Acacio recuerda: «Para esa gente nada es casual. Te vas a dar cuenta de que tengo razón.» Su mente confusa no se percata de que esas palabras no las pronunció In. Se las dijo, días atrás, Virginia.
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Hola, Rosa.
Nos dejas con un avance en la historia y con una incertidumbre para la próxima entrega. Espero la continuación.
Un fuerte abrazo 🙂
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Hola Miguel. Así son las cosas en las oficinas de EMCU. Se tejen estrategias un tanto disparatadas para el resto de los mortales 😊 Gracias por el comentario. Un fuerte abrazo 🐾
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