Lo único que se mueve aquí es la luz, pero lo cambia todo para que nada cambie.
Azul, todo es azul
Han transcurrido varias semanas desde aquella reunión en el salón de reuniones de EMCU en donde se acordó el uso de vestimenta, gafas azules y de forma paulatina, casi a hurtadillas, de manera espontánea, en ciudad Agnus se abren tiendas que venden gafas, trajes, accesorios, zapatos, abalorios, cintas, mecheros, adornos para el hogar y un sinfín de implementos; todos en azul y bajo el mismo slogan: “Lo indispensable para existir”. De igual manera, en la televisión local, sus empleados lucen sus atuendos azules como señal de la nueva e innovadora moda que se impone en el mundo.
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Una reunión se ve interrumpida por las exigencias de los empleados para unificar al grupo.
Desean utilizar, en sus vestimentas, el mismo color azul del emblema de EMCU.

Luego de una larga y acalorada discusión se llega a un acuerdo sobre el tipo de ropa y el uso de gafas azules. In felicita a Acacio por el éxito de su brillante idea. Acacio le menciona a Virginia que presentó un proyecto, que fue aprobado y puesto en práctica. Ella desea conocer los detalles, pero él no le explica en qué consiste.
Por las calles es normal contemplar a las personas trajeadas en azul y se escucha un nuevo vocabulario como si fuese el de siempre. Aquellos temerosos por perder sus trabajos y los despistados deambulan cual posesos con sus atuendos azules. Los que desean estar a la vanguardia y los aduladores van alegres, orgullosos de lucir “el traje de los emperadores”. A lo lejos se divisa una ciudad uniformada.
Por los pasillos de EMCU, en las máquinas expendedoras de café, cubículos, baños, puertas de salida, oficinas; además de los acostumbrados chistes, a las reiteradas frases que pretenden arreglar todo lo malo de las cosas y las de motivación, se han anexado nuevas ideas. Entre un saludo y otro se escucha a los que van de azul aconsejar a aquellos insubordinados que aún visten con otros colores: —«La identidad es fundamental». —«Lo indispensable para existir es un modelo a seguir para ser, en verdad, diferentes al resto». —«No solo hay que serlo, sino parecerlo». Sus respuestas no son escuchadas, son tapadas con otras citas y se crea un nuevo término para identificarlos. Son llamados los negazulados.
No se conocen sus razonamientos; a nadie le interesan. Si alguno pretende imponer su voz, el barullo de consejos, beneficios, obligaciones, alegatos de compañerismo y otras expresiones que hablan de convivencia, sociedad etc. etc. aturde de tal forma al aludido que, o finge estar de acuerdo o huye despavorido.
Aquellos trabajadores de EMCU que hasta ahora han permanecido ajenos a este virus azul, pero que no desean pertenecer al grupo de los negazulados, notan que sus escritorios en muchas ocasiones están vacíos y al preguntar por sus tareas, los supervisores les dicen que después los atienden. Que están muy ocupados… ese después no llega y al consultar con otros compañeros, éstos miran para otro lado, parecen no conocerlos, los llaman por nombres diferentes a los suyos propios, alegan no recordar su antropónimo.
Algunos de ellos, al notar que ciudad Agnus parece el paraíso de los azules, se vuelven a sus pueblos; otros abandonan sus hogares y se aventuran a buscar nuevos horizontes. Los que se ven obligados, por motivos familiares o económicos, a permanecer en la institución, se doblegan. Buscan sumergirse en el azul de los tiempos.

Sin embargo, con asombro descubren que para comparar en las tiendas dichas vestimentas se necesita identificarse con unas credenciales, las cuales se consiguen en la página oficial de EMCU. En dicha planilla piden los datos personales, los familiares, hobbies; si se tiene o no mascotas (cuáles son), sexo, raza, nombres de las mismas e identificación del veterinario/clínica responsable. Además se debe redactar un párrafo de veinte palabras para explicar por qué desean comprar esos productos, anexar el número de cuenta bancaria, el cual es indispensable; si no, hay que abrir una.
Después de enviar dicho formulario, hay que esperar su aprobación. El tiempo de espera es variable, acorde con el volumen de solicitudes. Una vez validada, se tiene que realizar un curso e-learning, previo pago de la matrícula. Luego de aprobarlo, hay que inscribirse en la lista de espera de los grupos de estudio de su comunidad virtual sobre “Nuevos modelos del progreso actual”, que se debe cancelar en el momento de la solicitud. Al finalizar los cursos, se suman los puntos obtenidos en ambos y ello le permite al participante la posibilidad de adquirir la mercancía. A mayor calificación, más acceso a diferentes artículos.
Aquellos que necesitan mantener sus empleos se esmeran en los cursos. Los que aprueban con excelente puntaje pueden comprar sus trajes, complementos azules, gafas incluidas, pero los que obtienen poca puntuación se ven obligados a solicitar un préstamo para comprar las costosas gafas que son un complemento indispensable; sin embargo, todos reciben su recompensa: sus escritorios se llenaron de tareas. También quedan algunos rezagados que, aunque necesitan el trabajo, no visten de azul y pretenden mantener sus cargos. Esa esperanza les dura muy poco.
Saturnino Segundo Molina, aunque participa de las reuniones del grupo en el Café de la Tertulia de la Tarde, que es para los elegidos, no viste de azul. Sin embargo, aparentemente, lo dejan tranquilo. No se refieren a él como negazulado, se limitan a cambiarle el nombre o fingir no conocerlo. Para él tienen preparado algo “especial”, pero aún no es el momento.
Juan Peña y Emma, aunque comparten y repiten los ideales de EMCU, tampoco llevan la vestimenta azul. Alegan que se puede o no asumir, de acuerdo a las palabras dichas por Daniel y dada su cercanía con él; piensan que están eximidos de esa normativa. Ellos sienten que forman parte de los directivos y en cada encuentro con Daniel le señalan que Acacio no está en línea con los principios fundamentales de ellos, no va de azul como el resto de los empleados. Daniel sonríe y les promete tomar cartas en ese asunto, que pronto ellos tres tendrán una reunión privada con Acacio para aclarar las cosas.
Los únicos exonerados de esa moda, por vía de hecho y sin explicación pública, son los directivos, In y Acacio. Éste, fascinado por el impacto que se ha logrado en la ciudad con su idea, no se cansa de repetirle a In que quiere hablar con Daniel para el cambio de nombre del proyecto, desea volver a sentir la adrenalina del éxito y su pendrive en el bolsillo le pesa tanto como le pesaban los recibos no cancelados por sus compañeros de taxi. In le recita, con infinita paciencia, como si leyera el contenido de una plana escolar:
—No es el momento, se debe implementar lo de la vestimenta. Hay que esperar que se haga tan natural que se olvide que antes se podía escoger qué color usar o no usar. Ten paciencia.
Acacio, aunque no se conforma con la misma explicación que In le da cada vez que toca el tema, no lo contradice. No desea que se moleste y en cuanto a Saturnino, al verlo llegar, mira para otro lado. Si lo encuentra de frente, con la excusa de que es mejor hablar en privado, se limita a repetir los chistes y bromas que acaba de escuchar de sus nuevos compinches.

Saturnino observa con tristeza el cambio de Acacio y ya no insiste en hablar con él. No pretende ni desea darle consejos; sin embargo, con Virginia mantiene la relación amable de siempre. Comparten opiniones; él le informa que tiene una nueva oferta de trabajo en otra ciudad y que piensa irse pronto. En sus conversaciones llegan a la conclusión de que detrás de ese cambio al azul hay un oscuro proyecto de EMCU. Temen que Acacio esté involucrado y aunque Saturnino le expresa que él ya no puede aconsejarlo, le dice que quizás ella sí pueda.
Una noche, después que Acacio se dispersa con cuentos de pasillos, llenos de malos chistes y palabras al aire, Virginia intenta hablar sobre la vestimenta azul y él evade el tema. La conversación termina en discusión cuando ella descubre que él retiró su firma de la cuenta que tenían en común.
Virginia se retira a su habitación, cierra la puerta y él se queda en el salón. Se percata de la presencia de la abeja, que parece continuar observando sus movimientos y escuchar sus pensamientos. Desde el sofá decide ignorarla, al igual que la ausencia de su esposa; total, lo que acaba de ocurrir ella lo olvidará mañana o, a lo sumo, una semana después. La costumbre impide que Acacio se dé cuenta de que se han hecho más profundas las grietas en esa relación.
Sigue en: Cambio de nombre del proyecto (11) Programada para el 29 de Julio
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