Mitos y leyendas: El perro y el bachaco (relato corto)

Esta historia se remonta a muchos años atrás, habla sobre un perro que goza de muchas horas libres y se dedica hacer lo que quiere. Disfruta de la naturaleza, recorre caminos no explorados de la selva.

Un día, mientras realiza su placentero paseo, un grupo de hormigas grandes y fuertes llaman su atención. Se sienta a observarlas. Le asombra el arduo trabajo que hacen: cortan grandes hojas, las apilan a un lado, luego las cargan sobre sus cuerpos y se despasan con el pesado bulto sobre su espalda en una fila perfecta. Caminan en orden hacia algún lugar desconocido para él. Son muchas. No se detienen. Efectúan esa labor una y otra vez. Intrigado se acerca con cautela.

—¿Qué hacen? —Le pregunta a uno de estos insectos que se ha detenido para ajustar su carga.

—Seleccionamos y apilamos nuestros alimentos. Luego las llevamos a nuestra casa.

—¡Cómo! ¿Ustedes no tienen humanos que hagan ese trabajo?

—¡¿Humanos?! —Gritan aterradas las que pasan cerca y sin dejar su faena, evidencian su asombro al apurar el paso.

Perro las mira, no comprende esa actitud.

—Sí, humanos que hagan el trabajo pesado —continúa 

—No, nosotros nos alejamos de ellos. ¡No son de fiar! —responde la que aún no puede equilibrar bien la carga para trasladarla con comodidad y que en realidad aprovecha la conversación para tomar un descanso.

Perro se queda pensativo, observa a las enormes hormigas que siguen afanadas en su labor. Al poco tiempo le vuelve hablar a la que continúa con el ajuste de su carga:

—¿Y ustedes cómo se llaman?

—Esos humanos, en los que tú confías, nos han dado varios nombres.

—¿Y cómo es eso?

—De acuerdo al lugar en donde vivimos ellos nos llaman: Hormiga arriera, hormiga cortadora, hormiga campestre, chicatana… curuhuinsi… zompopas… bibijagua… tanajura… y en este lugar, nos dicen bachaco. ¿Y a ti cómo te llaman?

—Perro

—¿Solo perro? ¿No te dan otro nombre?

—Bueno, a decir verdad, me llaman de distintas formas para expresar el cariño que me tienen…

—¿Para expresar su cariño…? ¡¿Qué dices?! —grita otro de los bachacos, que pasa cerca de los que están conversando, antes de detenerse y soltar su carga. Los gritos interrumpen la frenética actividad, todos los que están cerca se detienen estupefactos.

—Sí, la mayoría de ellos me tienen en muy alta estima…—responde Perro, aun sin comprender lo que ocurre.

El asombro general hace que a muchos se les caigan sus cargas. Después de un pequeño silencio, se escucha desde lejos la orden de continuar la marcha y la impetuosa tarea vuelve, pero el bachaco que ha gritado antes se para frente a perro, escudriña su expresión y continúa la charla:

—Dices que los humanos te estiman…

—No todos, pero la mayoría sí…

—¿Y qué dicen al atraparte… antes de comerte?

—¡¿Comerme?! No, eso nunca ha pasado. ¡Los humanos no comen perros! Por lo menos no aquí, yo lo sabría.

—A nosotros sí. En muchos lugares se comen a nuestras reinas… —dice estupefacto el bachaco. La actividad incesante del resto no impide que siga de pie frente a perro, con sus ojos fijos en él. Estas palabras hacen pensar a Perro.

—¿No han pensado en domesticar a los humanos? —dice Perro, después de su tiempo de reflexión. El bachaco lo mira en silencio y Perro continúa en lo que le parece una sabia explicación: —Eso es lo que yo he hecho y me atienden muy bien. Se encargan de mi aseo personal, me dan cobijo, cariño, juegan conmigo… A cambio yo alejo de sus casas a los extraños. También les indico dónde está la presa para que me puedan alimentar, pero son ellos los encargados de cazarla, cortarla y a mí me entregan las partes más suculentas.

El bachaco mueve la cabeza en señal de desaprobación, entiende que fanfarronea. Perro incómodo por el silencio y la mirada de su interlocutor se levanta, comienza su camino de retorno.

Va pensativo con el rabo entre las piernas, con pasos cortos. El bachaco se queda intrigado, quiere confirmar hasta qué punto las palabras de Perro son reales, retoma su marcha, pero en el camino se reúne con un grupo de curiosos para contrales la conversación que ha tenido.

Acuerdan liberar a ese bachaco de su bulto de trozos de hojas, se lo reparten entre varios que cargaran más, pero a cambio ese bachaco podrá seguir a Perro y confirmar o no su historia. Así que el bachaco sigue al taciturno Perro hasta la aldea de los humanos y ve como lo reciben con gritos de alegría, le hacen cariños y lo animan para que los guíe en la cacería mientras hacen los preparativos. Al tener todo listo Perro va a la cabeza, como líder del grupo. Los humanos lo siguen con evidente docilidad.

El bachaco, incrédulo, sigue de cerca los acontecimientos: Perro corre, señala algo que no distingue en la distancia, los humanos corren hacia el lugar que Perro señala. Al poco tiempo vuelven bañados de sangre, descuartizan la presa y llaman a Perro para entregarle una suculenta comida. Mientras Perro come, algunos humanos cargan sobre sus hombros el resto de las piezas. Perro termina de comer y otros humanos le dan agua para que beba. Luego, entre juegos, vuelven juntos a la aldea.

—¡Es verdad, el Perro es el amo de los humanos! —dice para sí mismo el bachaco que ha observado con asombro toda la escena y con esta valiosa información corre hasta su hormiguero. Allí cuenta la noticia. En medio del barullo que se forma, se crea un grupo para contactar con Perro. Necesitan que les explique cómo domesticar a los humanos.  

La leyenda cuenta que no lo lograron. Sin embargo, se sabe que surgió entre los bachacos y Perro una gran amistad. Desde entonces los perros invitan a los bachacos a las casas de los humanos, en sus cocinas recolectan suculentas comidas.


Esta basado en una leyenda indígena Venezolana: El perro y el bachaco.

4 comentarios sobre “Mitos y leyendas: El perro y el bachaco (relato corto)

  1. Está hermoso aunque te confieso que yo pensaba al final en un apocalipsis donde las hormigas esclavizaban a los humanos jajaja (bueno, yo soy así media fatalista). Me encantó en verdad, pobres hormigas que shock se han de haber llevado al ver que el perro no fanfarroneaba. Saludos…

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    1. jajajaja Ese es un buen final, lo tendré en cuenta para otro cuento de terror distópico jajajaja😁 A mi también me hubiera gustado ver la cara de los bachacos cuando descubrieron al perro con los humanos. Un abrazo 🐾

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  2. hOLA , Rosa!!
    Me ha gustado el diálogo con el que has iniciado el cuento y leyenda. Me ha echo reír mucho. Bueno, también hay quien les llama “Bichos” pero bueno, el perro con la cara bonita, y con el pelaje, su meneo de cola se ha ganado a los humanos, que las hormigas, pican y hacen agujeros en la tierra para los conductos en los que recolectan. Supongo que para que nadie pueda encontrar lo que han recolectado. Obreras pero algo rencorosas cuando las coges jejejeje!! sin embargo el perro sin mucho esfuerzo vive en la comodidad. Me llama la atención que las hormigas si se coman, los gatos también (O eso dicen las malas lenguas) Anda que si fuera verdad que comen perros… a mi me da un yuyu. De todos modos, me ha gustado el relato y lo amenos que ha quedado. Un saludo!!

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