Crece y controla (Relato corto)

Opicordy Lateralis desea, de todo corazón, imponer sus muchas buenas ideas. Que los más allegados las reproduzcan dentro de sus círculos, que estos grupos formen otros y que el viento las esparza por el mundo.

Sin embargo, se le presenta un problema: cada vez que propone algo encuentra quien le discuta, lo contradiga o incluso se atreva a sugerir alternativas, así que sus buenas ideas se convierten en otras diferentes a las expresadas por él. Opicordy no tiene tiempo para esas discusiones ni para escribir sus pensamientos, editarlos y menos esperar que luego sean objeto de estudio. Ni que al cabo de muchos años filósofos o especialistas le den la razón y terminen por glorificarlo después de muerto. Desea cambiar el mundo en el cual vive ahora, no el del futuro. Que las personas lo admiren, respeten, que sigan sus ideas como mandatos indiscutibles en el presente y disfrutar, lo que le queda de vida, de los honores de ser reconocido como un ser inteligente.

Sus fuertes deseos lo llevan a pensar que debe haber una forma de controlar la mente de los demás, lograr que sus ideas pasen por sus cerebros sin filtro, que sean capaces de defenderlas como si de ello dependieran sus vidas.

Se aísla por varios días mientras realiza estudios de magia, hace cursos por internet sobre hipnosis colectiva, practica con varios tutoriales sobre cómo proyectar una imagen de éxito. Luego al reunirse de nuevo con los amigos, familiares y compañeros de trabajo obtiene una buena aceptación, aunque no es la que él desea.

Vuelve al aislamiento para seguir investigando. Descubre, casi por azar, que existe en la naturaleza quien logra esos objetivos: El Ophiocordyceps unilateralis, capaz de modificar la conducta de las hormigas que infecta, a tal punto que parecen zombis. Recopila toda la información que encuentra y mientras más lee sobre él, la idea de copiar su secreto de dominio lo atrae de tal forma que, sin pensarlo mucho, se va al parque más frondoso y cercano en su búsqueda.

Sus esfuerzos fueron en vano, no encontró a ninguna hormiga víctima del hongo. Al preguntar a los jardineros éstos explican que el mantenimiento del parque incluye tener a salvo a todas las especies de elementos que dañen o enfermen. Es así que surge otra de sus buenas ideas: debe ir a un lugar donde la vegetación sea virgen, sin intrusos jardineros.

Pide las vacaciones en su trabajo, comunica a familiares y amigos que se va a la montaña para meditar y encontrar su yo interno. Lleva poco equipaje, lo necesario para pernotar en medio de la vegetación.

Luego de mucho caminar encuentra, en lo alto de una planta, a una hormiga con sus mandíbulas aferradas a la nervadura de una hoja y el cuerpo con una gran espora. La emoción lo embarga.

Establece su campamento cerca de la planta. Pasa los próximos nueve días a la espera que el Ophiocordyceps unilateralis termine su proceso, mientras observa a la hormiga. El día diez el hongo ya está preparado para reproducirse y por fin sale de la cabeza de la hormiga. Es el gran momento esperado por Opicordy.

Sin más demora aplica todos los conocimientos que ha obtenido de sus recientes estudios en internet sobre comunicación para establecer contacto y pedirle que comparta con él su secreto. No sabe con exactitud cual técnica fue la que logró captar la atención del hongo, pero entre ellos surge una simbiosis nunca antes vista. Ophiocordyceps unilateralis le explica que no le interesa tener humanos bajo su control, pero entiende que Opicordy sí los necesita para que sean voceros y defensores de sus muchas buenas ideas para cambiar su mundo actual. También comprende que esos humanos que estén bajo su poder deben creerse dueños de sus propias acciones, de sus pensamientos. No pueden morir como las hormigas.

Durante los quince días siguientes Opicordy no toma nota sobre las explicaciones que recibe, no hacen falta. Las difíciles prácticas las hace bajo la estricta supervisión del hongo. Hasta que, producto de sus ensayos, puede dominar hormigas y sapos sin ocasionarles la muerte cerebral. Aun así continúan con las clases un poco más, su objetivo final tiene una estructura mucho más compleja y no desea que algún humano muera a los pocos días bajo su dominio. Al completar la instrucción se despiden.

Llega de sus vacaciones y las personas lo miran fascinados, reconocen en él a un individuo carismático, inteligente e innovador. Sus amigos, familiares, compañeros de trabajo al fin escuchan sus ideas como verdades absolutas, sin cuestionarlas están dispuestos a defenderlas con sus vidas.

Cumplió su sueño y todos somos felices al repetir y defender las maravillosas ideas de Opicordy Lateralis. Él se convirtió en ese individuo que la mayoría sigue, aún sin haberlo escuchado hablar.


Relato inspirado al conocer a Ophiocordyceps por Twitter


4 comentarios sobre “Crece y controla (Relato corto)

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