Los Salvadores de la hambruna (Relato corto)

Tiempo estimado de lectura: 11min 36sec.

Cuentan que un día un pueblo cayó en desgracia, el trabajo comenzó a escasear y con ello los alimentos mermaron. Ante esta calamidad, los asustados pobladores decidieron unir las escasas provisiones. Las guardaron en el granero más grande de la localidad y nombraron a varios guardianes que también serían los administradores. Asimismo formaron varios grupos para ir a otros lugares en busca de soluciones.

Uno de esos grupos encontró una casa enorme, no muy lejos del poblado. La pareja que vivía allí escuchó con agrado y fingida compasión el motivo de la visita. Quiso mostrar su solidaridad con ellos e invitó a un gran banquete a todos los vecinos de aquel pueblo cercano. El grupo contento con la invitación, acordó con ellos los detalles del festín y se devolvió esa misma mañana.

En el pueblo aguardaban ansiosos y hambrientos. Se preocuparon al verlos llegar tan pronto. «Tan solo tardaron horas, no pudieron haber ido muy lejos», se dijeron unos a otros, así que con gritos los interpelaron en la plaza central. Sus quejas se callaron y el grupo pudo contar su experiencia y comunicar la invitación. Las personas reaccionaron de forma explosiva. Pasaron de la desconfianza al agradecimiento y en medio de la euforia, los integrantes de aquel primer grupo en regresar fueron proclamados los salvadores de la hambruna porque supieron despertar la generosidad de esa pareja, hasta ahora desconocida. 

Las personas del pueblo estaban absortas en los previos al convite así que, renunciaron al cuidado del granero y las provisiones. Al caer la tarde vistieron sus mejores galas, aunque no faltaron los escépticos que desconfiaron en los proclamados salvadores y dudaron de la existencia de esa propiedad tan cercana, descubierta de forma oportuna por ese grupo. Unos y otros se habían olvidado de los que aún estaban en búsqueda de soluciones en las poblaciones vecinas y motivados por el hambre, marcharon rumbo al festín cuando llegó la noche.

Al terminar la velada en esa casa las personas quedaron satisfechas con la comilona, hasta hubo quien escondió entre sus ropas algún manjar para disfrutarlo más tarde. La pareja los despidió con alegría y extendió la invitación a la noche siguiente y a todas aquellas noches que necesitasen volver. Entre susurros y palabras de asombros los lugareños, halagados, aceptaron.

Camino al pueblo no faltó quien insistiera en cuestionar el motivo de tanta generosidad y abundancia. Las preguntas fueron incómodas para la mayoría que no deseó conocer motivos, sino saciar su hambre y llegar pronto a sus casas. Sin embargo, esas palabras sembraron algunas dudas que amenazaban el disfrute de los ricos manjares y cuestionaban lo que supondría el fin de las necesidades del pueblo, así que los proclamados salvadores de la hambruna decidieron aplacarlas. Contaron una historia con muchos detalles sobre esa pareja: los orígenes de su riqueza (herencia de sus predecesores), las fastuosas y tradicionales recepciones con toda clase de invitados (que daban fe de su generosidad) e historias que sirvieron de aval.

Los llamados desconfiados no supieron cómo argumentar su escepticismo y la mayoría quedó satisfecha con estas explicaciones, que con el tiempo, fueron adornadas con otras declaraciones que tampoco se cuestionaron. Con la complicidad de unos y las dudas de otros, el pueblo asistió a esa casa las noches siguientes.

Pocos recordaban a los otros grupos que no habían regresado. Después de siete noches llegó el segundo de ellos y mientras caminaban en dirección a la plaza se les informó de los festines. Con la alegría de la noticia se olvidaron de contar los acuerdos e intercambios comerciales hechos con las personas visitadas en pueblos más lejanos. A los pocos días llegaron los otros grupos. Tampoco se les preguntó lo que habían encontrado o resuelto. Lo convenido no tenía importancia ya que el fin de la hambruna había llegado.

Transcurrió un tiempo y algunos que deseaban encontrar soluciones duraderas, objetaron la nueva actitud del pueblo. Consideraron que ir a esa casa todas las noches no resolvía el problema de trabajo y abastecimiento. Además cuestionaron la actitud de la pareja anfitriona, pero al no recibir respuestas de sus vecinos se cansaron de ser señalados como inconformes. Decidieron irse del pueblo y así lo hicieron saber a sus vecinos.

Durante la mañana, mientras todos dormían el trasnocho del gran festín, algunos dejaron sus casas en dirección a otros lugares.

La ausencia de esas personas no se notó de inmediato. Pronto dejaron de escucharse las palabras de los inconformes, podría decirse que no quedaba ya alguno que se cuestionase la dinámica del pueblo. Sin embargo, los rumores sobre las casa abandonadas eran cada vez más, el pueblo se vaciaba, las personas desaparecían ya sin despedirse. Los proclamados salvadores de la hambruna llenaron esa intranquilidad con nuevas habladurías: Corrieron la voz en donde se afirmaba, con lujos de detalles, que los ausentes habían partido después de robar infinidad de manjares a la generosa pareja. De inmediato se dieron por válidas esas historias y hubo quien añadió otras, con nuevos testimonios de veracidad.

La época de la carencia y hambruna quedó en el olvido. Los habitantes llenaron su tiempo con preparativos para las visitas nocturnas, deseaban llevar sus mejores galas. Las pocas horas del día, después del largo descanso mañanero, lo dedicaban a modificar los trajes usados en noches anteriores con adornos, lazos, flores. Se esmeraban por destacar y llamar la atención de la pareja anfitriona. Durante los preparativos se compartían cuentos, cada vez más detallados, sobre traiciones y ausencias. Saber por qué algunos desaparecían del pueblo se convirtió en una competencia. Se esmeraban en inventar noticias, que luego otro confirmaba para añadir detalles, de invención propia, que la hiciera más escabrosa.

Noche tras noche la pareja siguió con las puertas abiertas. Los pueblerinos asistían puntuales, expectantes por los manjares que les serían ofrecidos y cuentan que, a pesar de sus pocos habitantes, es un pueblo muy feliz que vive para disfrutar de las fiestas.


Publicado por rosaboschetti

Relatos, historias, ilustraciones… y flexiones sobre arte

10 comentarios sobre “Los Salvadores de la hambruna (Relato corto)

    1. Hola Mireugen, creo que si preguntamos mucho nos arriesgamos a ser señaladas como inconformes jejeje. Bromas aparte, en realidad esto es una especie de spin off del relato corto: Sobre gatos, ratones y otros seres, que publiqué en la web de Todopatugato y pronto, (está programado para el 15/06) lo re-blogueo aquí. En este relato hay una posible explicación 😉 de la abundancia de la pareja y de la suerte del pueblo. Un abrazo 🐾

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  1. Muy buenas reflexiones sobre las soluciones rápidas (el famoso, comida para hoy y hambre para mañana) que tenemos en nuestra sociedad. Aunque seguramente, en la mente de una creadora (la tuya) habrá una explicación realmente diferente que nos dejará todos con la boca abierta.

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    1. jajajaja 😁 Hola hemosvisto, en el relato «Sobre gatos, ratones y otros seres» hay una posible explicación dentro de la fantasía. La realista me dio miedo decirla a gritos, tan alto, que se perdiera en el viento y no se escuchara. Un abrazo 🐾

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    1. Hola pmerchana. Como he comentado, en el relato «Sobre gatos, ratones y otros seres» hay una posible explicación (dentro de la fantasía) de lo que le pudo ocurrir a la pareja. Un abrazo 🐾

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