¿El artista puede estar «civilmente muerto»? a propósito de Britney vs Spears

Tiempo estimado de lectura 19min 23sec.

Al descubrir el documental de Netflix Britney vs. Spears en donde la periodista, Jenny Eliscu y la cineasta Erin Lee Carr investigan la lucha por la libertad de Britney Spears a través de entrevistas exclusivas e informes confidenciales, no pude dejar a un lado esta reflexión y me pregunté: qué ocurre cuando la individualidad del artista se anula y tan solo queda como simple espectador de la sociedad, aunque su obra se exponga al público? ¿Es acaso una nueva forma de esclavitud pública, consentida por todos?

Dentro de las actividades cotidianas su participación se limita a trabajar mientras permanece al margen de toda elección social. Su producción continúa, su trabajo lo puede disfrutar o rechazar cualquiera ya que se encuentra al alcance de todos y a pesar de que por lo general se obtienen jugosas ganancias por su esfuerzo, no tiene acceso a los «detalles burocráticos de la vida» (decidir cómo obrar, de acuerdo con sus deseos). Algunos expertos llaman a esta circunstancia «muerte civil». Al buscar información sobre esa figura jurídica encontré:

« {…} La muerte civil consiste, en general, en la pérdida de los derechos civiles de un individuo, aun cuando no se ha producido la muerte biológica de este. Supone la pérdida para una persona de su personalidad jurídica, que conlleva la privación general de sus derechos. La persona deja de ser considerada viva a efectos jurídicos, aún mucho antes de su muerte real… {…} La muerte civil trae como consecuencia la pérdida de los derechos del estado civil, de los derechos de potestad, de los patrimoniales, de los políticos y públicos subjetivos; es decir prácticamente el status de la persona. Desde el punto de vista de sus facultades será suprimido por el derecho. {…} Sin embargo, el que sufría la muerte civil no perdía su calidad de persona, en cuanto que mantenía una cierta capacidad. Al imponerse como pena, aquel a quien se aplicaba era sujeto de deberes desde el punto de vista del derecho penal. Por ejemplo, podía sufrir nuevas sanciones si cometía otros delitos».

Esta información de la Wikipedia se refiere a las personas que sufren de la pena estando en prisión, sin embargo (de acuerdo a las explicaciones de algunos juristas del documental Britney vs Spears) también se puede «vivir» en una «libertad tutelada», continuar trabajando y sufrir una muerte civil. Hay quien dice que el que hace la ley, hace la trampa y por ello para aplicar la ley tutelar se pueden obviar circunstancias tan evidentes como que la realización de cualquier labor amerita concentración, ideas claras y en el caso del artista una propuesta, entre otras muchas cosas. Ahora bien, si éste realizar su trabajo, ¿por qué no está capacitado para comprar pan cuando le apetezca o contratar un abogado, por ejemplo?

Hay muchas maneras de apartar a alguien de la sociedad y al mismo tiempo dejar que éste consuma, pague impuestos a través de esos consumos (aunque sean pequeños) y el producto de su esfuerzo lo disfrute un tercero o el estado (de forma directa o por otros medios). Lo vemos reflejado a diario en individuos anónimos, con una vida de desempleo llena de mucho trabajo y por lo general pensamos que son personas que necesitan ayuda para lograr «una re-inserción social». De ser así estamos reconociendo que se necesita generar ingresos para ser un individuo activo en la colectividad. Ahora bien ¿hay «alguien» encargado de aceptar o no a los humanos dentro de la sociedad? Al parecer sí y lo hemos visto en algunos artistas, aun cuando no sea tan evidente su aislamiento.

Parece que hablo de épocas pasadas, cuando las personas estaban sometidas al capricho de un gobernante o que hago referencia a dictaduras, pero como algo curioso me refiero a tiempos no tan remotos y por desgracia a sistemas democráticos actuales.

Por lo general es el veredicto de un juez quien determina esa tutela, pero al pensar en el tema no puedo pasar por alto algunos artistas que han quedado aislados de la sociedad sin haber sufrido un juicio previo. Esto les ha ocurrido porque quizás algún «interesado» manipuló sus emociones o sembró temores para aliviarle de las «tareas cotidianas» y así pudiera trabajar «con libertad». El resto de los mortales disfruta o no de su obra, mientras piensa que los artistas son «un poco raros» y yo me pregunto:

¿La sociedad puede convertir a un artista activo en un ser «civilmente muerto»?

Se han dado casos de artistas que a pesar de que viven solos, trabajan y son autosuficiente para decidir cuál será su propuesta, la sociedad por alguna razón decide que no es apto para vivir dentro de sus normas y ese individuo queda aislado. Deja de existir para convertirse tan solo en consumidor y trabajador anónimo al cien por ciento, hasta que se mueven las teclas correctas y su trabajo es valorado. Cuando el artista ya no está entre los vivos, es glorificado. Un ejemplo simple es Vincent Van Gogh (por todos conocido su miseria económica y su anonimato en vida)

‘Iris’ – $ 101.2 millones de dólares (unos 86.896.792 €) ver más pinturas y su valor Aquí

Algunos podrán objetar que era un ser inestable y peligroso para su entorno. Sin embargo hay otros artistas que sí fueron aceptados y hasta adulados a pesar de lo conocido de sus excesos y excentricidades (por llamarlos de forma amable). Como ejemplos tan solo cito a El Caravaggio quien tuvo una vida desordenada, llena de peleas y según cuentan, probablemente por accidente, mató a un hombre. Egon Schiele, quien a parecer abusaba de sus modelos para buscar inspiración en sus sufrimientos y Huang Yong Ping quien en sus obras utilizaba animales vivos.

Egon Schiele, Kniende mit hinunter gebeugtem Kopf (1915)

También se han dado casos como el bailarín Vaslav Nijinsky (1889-1950) Quien buscaba una independencia económica que no logró. Sometido a su representante, tan solo le quedó continuar bailando, hasta que desarrolló una paranoia que lo llevó a ser internado en una clínica.

Independientemente del tipo de artista y del valor que la sociedad le dé dentro de su sistema, no dejan de ser personas que han perdido su libertad. Libertad para ser y decidir más allá de su trabajo. Tratados como animales de carga, solo pueden trabajar con un mínimo de mantenimiento para que sigan funcionado. Personas fuertes hasta que el sistema y sus entramados lo cercan para llevarlos a la asfixia psicológica. Miramos con horror hacia el pasado, ¡Vaya tiempos difíciles sin derechos humanos, democracia e instituciones! y pensamos que la globalización tiene sus ventajas después de todo.

Vaslav Nijinsky en Scheherazade (1910)

No soy seguidora de Britney ni de su música. Confieso que sabía de oídas que tenia problemas con la familia, jamás imaginé que se llegara a tanto y durante un tiempo tan prolongado (y sigue). La idea de una persona esclavizada de forma tan descarada realmente es desconcertante (en cualquier época) Britney es famosa, está en EEUU y aunque de forma velada se pueden lanzar puñales hacia los responsables (como hace el documental), seguro que pasa en muchos más lugares del llamado primer mundo, a más personas (apuesto que ha mujeres y por menos importe que el que genera la cantante).

Hay muchas maneras de apartar a alguien de la sociedad y al mismo tiempo dejar que éste pague impuestos a través de pequeños consumos y bienes, que el producto de su esfuerzo lo disfrute un tercero o el estado (de forma directa o por otros medios). Los anónimos no nos escapamos de esta realidad fuera del foco de Instagram. Pero llegan ciertos contenidos incómodos a nuestras pantallas chicas. Se cuelan en plataformas «raras» nos topamos con Pakistán: Los fantasmas de Karachi y pensamos bueno eso está muy lejos en todos los sentidos. Un hospital psiquiátrico solo para mujeres «inadaptadas» o devueltas por sus familias, seres sin valor alguno, desprovistos de la libertad de ser, de decidir y actuar. Personas fuertes que no se derrumban fácilmente, que hablan y explican con coherencia, que buscan soluciones. Fuerza que no es incombustible, se agota, se gasta. Y seguimos con la sensación: «imposible en el llamado primer mundo» y llega una plataforma popular como Netflix y muestra que ni la distancia ni el tiempo es relevante si de beneficios se trata.

Volviendo a la pregunta: ¿la sociedad puede convertir a un artista activo (y a cualquier persona) en un ser «civilmente muerto»? En mi opinión, la respuesta es sí.

La fortuna suele ser caprichosa y lo que para algunos ser artistas significa exponerse al rechazo social, para otros es la puerta a la gloria y a los halagos.

Rachel, Jack and Ashley Too

Los hay quienes logramos compaginar trabajo y vida social. Los hay con gloria y sin ella y está el grupo a quién se le acepta la obra, pero se niega como individuo, zombis civiles con deberes y si derechos. Miramos a otro lado su tragedia, se cantan sus canciones y se van a sus conciertos, se aplaude al sistema que permite el secuestro de una persona adulta, capaz de gestionar un trabajo artístico complejo (música, interpretación, puesta en escena, coreografía) pero legalmente incapaz de hablar con un abogado.

De momento Britney vive un capítulo de Black Mirror concretamente: Rachel, Jack and Ashley Too, pretenden hacer de ella una muñeca que salga a cantar y bailar, que genere muchos muchos ingresos y luego regrese a su bonita jaula. La respeto como artista y como persona, realmente hay que ser muy fuerte para enfrentar la traición, la soledad, la esclavitud y todavía buscar los medios para pedir ayuda.

Hemos visto cómo, a lo largo del tiempo, se ha pretendido anular la personalidad de algún artista (persona) y ha sido obligado a vivir tan solo para crear/trabajar y que luego por «algunas razones personales», terminan desarrollando paranoias y problemas mentales varios.

Por alguna razón me recuerda el final del personaje Jesse Pinkman en Breaking Bad, y no falta el que pensará o incluso lo dejara en un comentario abajo «el se buscó su destino» ¿Y estos artistas? se lo buscaron?, también lo «merecen»? según mi punto de vista no es plan para nadie del reino animal, humanos incluidos.

Publicado por rosaboschetti

Relatos, historias, ilustraciones… y flexiones sobre arte

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