A propósito de: AK vs AK (2020, película)

A Netflix le gusta esconder joyas y esta película es una de ellas. La descubrí gracias a la nueva opción de similares, cuando terminé de ver otra joya, Mrs. Serial Killer (2020). AK contra AK (2020) es un meta cine absurdo solo en apariencia, divertido y agudo, bajo la dirección de Vikramaditya Motwane.

La puedes ver si quieres:
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“Tras discutir públicamente con una estrella de cine, un director venido a menos decide vengarse secuestrando a la hija y grabando su búsqueda en tiempo real” Se lee en la reseña oficial de Netflix.

Esta fórmula de meta cine ya lo hemos viso antes, solo que AK vs. AK lleva la ficción hacia la realidad y no al contrario.

Si se piensa bien, la película parte de una premisa tan importante como puede ser la pregunta: ¿Qué es primero el huevo o la gallina? no existe uno sin el otro, aunque en términos de ego no hay necesidad del “otro” que valga. Cada uno afirma ser el “alma” de la obra y sin su presencia el otro estaría perdido.

Conocemos poco del cine hindú y es una lástima la verdad, pero he aquí a los contrincantes en sus vidas reales: En una esquina Anil Kapoor, actor consolidado (Slumdog Millionaire, 2008 entre otras cien películas) En la otra esquina Anurag Kashyap, director de cine con su visión innovadora, escenarios realistas, historias con pinceladas de incidentes reales, cámaras de mano, bandas sonoras experimentales y en este caso, en su faceta de actor.

La ficción empieza con la grabación de un supuesto documental (desde el inicio se juega con el meta cine) bajo la cámara de una aspirante a cineasta, Yogita (Yogita Bihani) y una entrevista de Sucharita Tyagi (presentadora en la vida real) al actor Anil Kapoor y el director Anurag Kashyap, todos interpretando versiones ficticias y exageradas de sí mismos. Dicha entrevista da un vuelco tras la pregunta de un espectador ¿Qué es más importante, el director o el actor? Aquí comienzan a discutir y Kashyap arroja un vaso de agua en la cara de Kapoor. Esto trae como consecuencia que otras personalidades del cine corten los lazos y abandonen los proyectos de Kashyap. Mientras éste está furioso por los acontecimientos, Yogita le plantea una idea: Secuestrar a la hija del actor y filmar su búsqueda en tiempo real. Ella lo sigue con su cámara durante 10 horas, que son las que tiene para encontrar a su hija antes de que la mate. Kapoor (el actor) tan solo debe respetar tres reglas que Kashyap, el director, establece: no puede involucrar a nadie más en la búsqueda de su hija, todas las llamadas telefónicas deben estar en altavoz y la cámara de Yogita siempre debe permanecer encendida. Y así Kapoor se convierte en el protagonista de la nueva película de Kashyap, que es la que nos muestran.

AK vs AK es un thriller que se representa dentro un drama con alta dosis de crítica al mundo del espectáculo y con un tanto de comedia.

Normalmente este tipo de “fórmulas” muestran una película/documental o reality dentro de otra, también de ficción (tipo Roanoke, serie del 2016), pero AK vs. AK da un paso más allá y lo lleva a la vida real. A lo que deben enfrentarse un actor gracias a su fama y un director gracias al descrédito de la crítica. Extremos que se tocan y se entrecruzan con la deliberada intención de mostrar lo absurdo del trato que le damos a unos y a otros. Evidencia el manto con el que se recubre al famoso bien sea para encumbrar su carrera o para hundirla.

Bajo la premisa de intentar resolver la cuestión inicial: ¿Qué es más importante, el director o el actor? nos encontramos viendo una obra posmoderna (desaparición del objeto y la aparición del concepto) que nos lleva desde la comedia, aparentemente absurda, a la sorpresa y de ella a la duda de lo que vemos. En algún momento de nuestras vidas hemos sido partícipes de esa especie de realidad paralela al desvincular al individuo real del personaje que representa. Hemos amado u odiado de acuerdo a una representación realizada, un personaje o imagen que se llega a confundir con la persona que hay detrás, incluso hasta puede que llegue un punto (aunque este sea breve en el tiempo) que se nos olvida que es una persona independiente del contexto en donde lo conocemos, diferente a lo escrito por los guionistas. Amé, sufrí y me alegré por John Locke, pero no conozco a Terry O’Quinn en lo más mínimo, aunque lo he visto ir y venir en diferentes series desde los 80, solo puedo decir que es muy guapo y bueno en su trabajo, lo mismo se puede decir de Bryan Cranston, o de Joaquin Phoenix, por poner otros ejemplos de actores que nos llegan con sus personajes. Lo interesante es que que esto no pasa solo con la actuación, música o el arte en general, también ocurre con aquellos personajes públicos que vemos a diario. Se nos olvida o pasamos por alto que en realidad no conocemos a la personas detrás del personaje. La construcción que se hace, las imágenes de sus representaciones de cara al público quedan grabadas en nuestras mentes y a veces sin saberlo, copiamos sus gestos, estilos y sus palabras las repetimos/defendemos sin pasarlas por el tamiz de la objetividad, como si fueran verdades absolutas, científicas o como si fueran producto de nuestras reflexiones. Por otra parte y como consecuencia de esta separación es la deshumanización, el pensar que son para uso y disfrute del público en todo momento.

En el films, Kapoor en un momento entra corriendo a una estación de policía para denunciar el secuestro de su hija, pero esta se llena de oficiales deseosos de tomarse selfies con el actor; cuando por fin lo escuchan, el desesperado Anil Kapoor recibe aplausos.

Los oficiales han supuesto que su héroe de ficción está ensayando un monólogo. En otro momento, debe bailar ante un público a cambio de información. Todo dentro de un supuesto puzzle preparado por el otro AK, Anurag Kashyap. El juego con el espectador es ver la reducción a mono de feria de los sujetos dedicados al espectáculo y el no saber si realmente Anurag Kashyap tiene un secuestro en marcha, si es un thriller dentro de la comedia o una comedia dentro de un thriller.

AK vs. AK tiene un desenlace sorpresivo, digno de un thriller clásico. Para variar no estoy de acuerdo con los críticos “consolidados” que consideraron el final y el desarrollo de la película como “decepcionantes”. Creo que tiene una excelente propuesta y una visión novedosa de la sociedad actual. Que usa el mundo del espectáculo como excusa para mostrar una realidad no tan distante ni ajena a nuestro día a día, aunque se desarrolle en un sitio puntual y tenga características propias de ese lugar. Es interesante ver propuestas originales que nos permiten participar de nuevas perspectivas, lejos de nuestra propia burbuja.

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