El arte al servicio del poder

Como bien sabemos el artista es un ser que necesita estar en contacto con la sociedad en la cual vive, bien sea para dar su opinión sobre ella a manera de crítica o para transformarla de acuerdo a su visión de un mundo mejor. También puede utilizar su trabajo para dejar un testimonio de esa sociedad, sin omitir opinión a favor o en contra o simplemente dedicarse a realizar investigaciones técnicas que, con el tiempo, se transforman en aportes a la colectividad, pero cuando pone su trabajo al servicio de un poder determinado ¿deja de ser «arte»? y de ser así ¿en qué se transforma?

Cualquiera sea el camino que decida recorrer el artista, la influencia que deja en la sociedad es innegable. Algunos han podido ver el resultado de su labor y otros han muerto sin verlo, pero aun así cuando la propuesta es clara su mensaje transciende, se entiende más allá de su tiempo y puede o no sufrir varias interpretaciones, sin perder su esencia.

También hay que tener presente que, como cualquier individuo, el artista necesita sobrevivir y para ello puede realizar trabajos por encargo para lograrlo. ¿Y eso lo hace menos artistas que los que sobreviven con otros medios? En los ejemplos me voy a referir al mundo artístico occidental y comienzo con mencionar algunos representantes del renacimiento como Leonardo, El Greco, Durero, Botticelli, Rafael Sanzio, Pieter Brueghel, Tiziano, Michelangelo Buonarroti… tiene en común que son grandes maestros del arte, aunque la mayoría de sus obras fueron «encargos» de sus mecenas. Entonces la teoría de que el arte por encargo no es arte, se cae por su propio peso. Si el artista tiene un mensaje, una propuesta clara la expone, aun trabajando bajo el amparo del mecenas e incluso burlando las premisas indicadas por sus patrocinadores. Pero y si trabaja expresamente al servicio de una ideología ¿sigue siendo arte o se convierte en propaganda? ¿es diferente cuando el artista pone su trabajo al servicio de un poder determinado?

Retrato de Stalin en el XVII Congreso del PCUS
¡Hay un metro!

Hay una línea muy fina entre servir a su propuesta o a un poder determinado, pero cuando la propuesta es en sí misma la exaltación de ese poder ¿Es arte? Tomemos como ejemplo la obra de Aleksandr Guerasimov, un excelente retratista que, aunque trabajó en otras temáticas, centró su propuesta en exaltar las figuras del sistema social en el cual creía, en particular a la figura de Stalin.

Después de la guerra (en 1947) Guerasimov fue elegido primer Presidente de la Academia de Artes de la URSS, cargo que desempeñó durante diez años y desde donde luchó enérgicamente contra aquellos artistas que innovaban probando con otras tendencias que se alejaban de los principios revolucionarios, porque consideraba que el arte de occidente era degenerativo, ajeno al ideal y al hombre soviético. Fue uno de los principales promotores del realismo socialista.

Después de la muerte de Stalin (1953), el que queda encargado del Comité Central del Partido, Nikita Jrushchov critica fuertemente el culto a su figura (1956) y el pintor corrió el riesgo de caer en el olvido.

Tiene cuatro Premios Stalin, la Orden de Lenin y la Orden de la Bandera Roja del Trabajo.

Sello soviético con la efigie de Aleksandr Guerasimov (1981)

Hay otros artistas soviéticos como Marc Chagall, Wassily Kandinsky, Kazimir Malevich, entre otros, que aun participando en la revolución rusa de 1917 enfocaron sus trabajos hacia la búsqueda personal de sus propios discursos. Mezclaron la abstracción, lo geométrico y sus obras están relacionadas a movimientos como el futurismo, cubismo o el constructivismo.

Violinista. Marc Chagall
En blanco II. Wassily Kandinsky
El afilador de cuchillos. Kazimir Malevich

Y al ver la obra de unos y otros descubrimos que todas ellas son válidas como propuestas. Ahora bien, cuando el arte se emplea para la exaltación de un poder político, esos trabajos ¿se pueden catalogar como publicidad? ¿dejan de ser obras de arte? y aquí nos encontramos con el Arte Nacionalsocialista o El arte del Tercer Reich (entre 1933 y 1945)

Se caracterizó por poseer un carácter monumental, figuras realistas y tener un propósito propagandístico. Sigue los modelos del arte clásico. Algunos lo han llamado realismo heroico y otros, realismo romántico.

La obra de Arno Breker se toma como modelo del Arte Nacionalsocialista, pero algunos críticos afirman que el mismo artista negó hasta el final de sus días que ninguna de sus esculturas fueron hechas con la intención de promover los ideales fascistas. En la Wikipedia citan: “Nunca he tenido la intención de glorificar ningún sistema de gobierno a través de mi trabajo artístico (…) Si glorifico algo, es la belleza” (no encontré el origen de estas declaraciones) Sin embargo las apariencias parecen indicar algo diferente. Fue un activista del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán y cuando presentó el proyecto de El portador de la antorcha y El portador de la espada, para colocarlas a la entrada de la Nueva Cancillería del Reich (próxima a construir por su amigo, el arquitecto Albert Speer), Adolf Hitler quedó conquistado por los diseños, lo cual supuso para Breker el inicio de la etapa más fructífera de su carrera.

El partido Albert Speer.
Fachada del Patio de la Nueva Cancillería del Reich con las esculturas El partido y El ejército. Albert Speer.

A las esculturas que Arno Breker llamó “El portador de la antorcha” y “El portador de la espada” el propio Hitler​ las renombró respectivamente como “El partido” y “El ejército” y ambas obras fueron la bandera para representar el ideal del arte nacionalista. Después de la guerra, ambas esculturas (“El partido” y “El ejército”) fueron retiradas de la cancillería antes de que se diera inicio a la demolición de la misma. Se desconoce si ambas esculturas fueron destruidas o si se “extraviaron” durante el caos de la posguerra.​

Pero no solo en los sistemas sociales totalitarios se han dado casos de artistas que han sumado sus trabajos al poder del estado, también este fenómeno se ha visto con otros poderes. Tal es el caso de la Edad Media en donde los artistas estaban sujetos a las exigencias de la iglesia católica, pero no por ello se convirtieron en simples “ilustradores” de la fe católica. Los ejemplos son muchos, tan solo por mencionar algunos están las obras de Brunelleschi, de Lorenzo Ghiberti, cuyos legado a la humanidad son innegables.

Cúpula de Santa María del Fiore. Catedral de Florencia.
Autorretrato de Ghiberti en la Puerta del Paraíso del Baptisterio de la Catedral de Florencia

También encontramos otros artistas que dedicaron sus trabajos para exaltar los principios de la sociedad en la cual creían. Aquí me voy a detener en Walt Disney cuya producción de dibujos animados llevó a esta expresión al público en general como trasmisión y refuerzo de los valores del mundo occidental. Fiel a su cometido de artista sirvió de espejo.

Las opiniones sobre Disney y sus películas han variado con el paso de las décadas. Su trabajo ha despertado pasiones y se le ha acusado de muchas cosas, desde ser un máximo ejemplo de la cultura estadounidense hasta de realizar malas versiones de obras originales. Tampoco es un secreto su gran éxito y el legado después de su muerte. Desde sus inicios lidió con esta polarización de opiniones y a pesar de todo sacó adelante proyectos como Blanca Nieves, que hoy es ícono y molde para su fórmula, pero en sus inicios (como cualquier idea rompedora) implicó aventurarse sin apoyos. Se comenta que en Hollywood se le llamaba la gran locura de Disney”, que su hermano y cuñada le aconsejaron repetidamente que no siguiera adelante, pero fiel a su idea y a su propuesta, Disney siguió.

Blanca Nieves y los siete enanitos fue la película más taquillera de su momento, la primera con merchandising, la primera en comercializar la banda sonora. Su villana es considerada un ícono de maldad. Consigue 7 estatuillas de la Academia del Cine más una honorífica, lo que significa la aceptación y reconocimiento que se necesita para llegar hasta donde ha llegado.

Lo que a mí me parece obvio es que en sus trabajos, de una forma muy elegante y hermosa, resaltan la realización del sueño americano, las expectativas y bienes de una próspera clase media en los Estados Unidos que se extiende por todo occidente como el sueño del bienestar, la familia y la prosperidad.

Tan solo basta con recordar a La Dama y el Vagabundo.

No se puede negar las bellas imágenes, el canto de los perros encarcelados, la participación del topo con sus fórmulas matemáticas, entre muchas otras secuencias que le dan a la obra un carácter magistral.

Sello postal de los Estados Unidos dedicado a Walt Disney dos años después de su muerte. ( De C. Robert Moore diseñó el sello y Paul E. Wenzel Moore pintó el retrato.)

Hoy la marca Disney trasciende al artista y es la industria.

Otro aspecto de centrar la propuesta en los intereses del statu quo es la temporalidad. Si la ideología cambia, la anterior es censurada. En este proceso de cambio la obra pasa a ser criticada bajo la «nueva» perspectiva ideológica.

También encontramos que cuando el arte y los intereses políticos se cruzan la obra del artista puede desaparecer con aparente impunidad, como pasó con la obra de Stanislav Szukalski. Un gran artista que se planteó la necesidad de encontrar los elementos comunes en todos los humanos que nos unifican. Mezcló en sus obras la grandiosidad de los antiguos elementos mexicanos, indio-americano con la historia pagana o precristiana de Polonia. Algo original y visualmente potente. En el momento en que él lo plantea (años veinte) era impensable y aún hoy en día es por lo menos audaz.

Amassiah (1947) Stanislav Szukalski ( Imagen de la wikiart.org )

Por fortuna para Szukalski esta experiencia nacionalista y la pérdida de sus obras le permitieron reflexionar haciendo de él un «ciudadano del mundo» Sus últimos años los dedicó a profundizar en sus estudios sobre lo que es común a todos los individuos y desarrolló una teoría sobre la cultura de la humanidad un tanto curiosa.

Remussolini (1932) Stanisław Szukalski.
Imagen de la wikiart.org

Ahora bien, en otros tiempos se limitaban a retirar del público las obras cuestionadas, a demoler estatuas y símbolos, a prohibir representaciones, música, teatro, cine… ahora a los autoproclamados defensores de estas «nuevas» ideas pretenden convertir en agravio el pasado y les da por reescribirlo, reinterpretarlo y cambiarlo según las nuevas gafas. ¿Pensar diferente a cómo se hizo en el pasado da derecho a modificar una obra de otros tiempos, aun cuando esta sea un espejo de su época?

Por último y respondiendo a mis preguntas iniciales sobre el trabajo de un artista que lo pone al servicio de un poder determinado ¿deja de ser “arte”? y de ser así ¿en qué se transforma? Creo que la respuesta es simple, un trabajo deja de ser una obra de arte cuando quien lo ejecuta no tiene una propuesta y sus ideas se convierten en elementos bien ejecutados de una campaña publicitaria.

Es importante recordar que esta idea de «publicidad» no se puede tomar como algo peyorativo. Basta con hacer memoria y ver algunas imágenes publicitarias del pasado tan potentes que ni el tiempo, ni su significado político le han restado importancia a sus diseños y aun hoy en día siguen vigentes, estemos de acuerdo o no con sus connotaciones.  


11 comentarios sobre “El arte al servicio del poder

  1. Saludos, es interesante tu entrada. Me gusto sobre el arte, en cuanto sea politico o no politico. Además, el artista busca plasmar el arte o su arte, como forma de expresar lo vivido. Creo, que artista será un incomprendido de su mundo, sea ahora, ayer o presente. Otro detalle, que me gusto, sobre los, que desean borrar el arte para poder reescribir, aquella historia a su gusto. No obstante, la historia esta escrita y eso no va ocurrir. Por que no va a ocurrir; “escrito esta y no se borrara”. Esta cita la tomó en una forma más real de la Biblia, que dijo: Jesús. Dicho eso, la historia, que muchos desean hasta cambiar fechas, sacar esculturas o pinturas para tapar la historia o tonterías para justificar las remociones. Por más, que lo hagan la historia, ya esta escrita y lo demás, esta demás. Estoy encantado con tu entrada y deseo saber más de Szukalski.

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    1. Hola wp4oka. Gracias por tus palabras. Estoy de acuerdo contigo, el artista al realizar su obra ya deja plasmada su visión de la sociedad. Que otros, con intereses que cambian con los tiempos, traten de modificarla es deplorable. Pero ha ocurrido y sigue pasando. En cuanto a Szukalski, en una entrada anterior en el blog puedes ver algo más sobre él y su obra. El enlace está en esta misma entrada, debajo de la imagen de Official Trailer, un documental de Netflix. Un abrazo 🐾

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  2. La línea entre arte y propaganda es sensible a engrosar o adelgazar, según la visión, y también los inereses de la sociedad de turno. Esto es lo que lleva al arte hacia censuras o enaltecimientos inmerecidos. Creo yo, a modo muy personal, que conexión, o no conexión de una obra y el espectador, es la que determina la relevancia de la obra. Es así que lo que para unos es genial, para otros podría ser mera estupidez…Gracias por tus publicaciones querida amiga.

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    1. Hola Oswaldo, gracias por el comentario. Creo que el artista es quien tiene una propuesta en su obra y si el mensaje es claro y potente, es arte. Ahora bien se convierte en publicidad si tan solo es un producto. Independientemente que estoy de acuerdo contigo en que la sociedad eleva o no a la categoría de arte a lo que más le convenga, de acuerdo a sus intereses 😁 Un abrazo 🐾

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  3. fantástica pregunta, si el arte se convierte en propaganda cuando tiene carga ideológica. Y es interesante porque no hay conclusión o respuesta tácita. No se puede imponer una idea de lo que es arte o no para todos. En lo personal; considero arte aquello que me asombra y que reconozco que yo no podría hacer con mis capacidades.
    Me encantó tu texto. Saludos desde México.

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    1. Hola Redo. Estoy de acuerdo contigo de que no se puede «imponer» una idea de lo que es arte o no, creo que el ser humano es capaz de ver más allá de lo que se le impone, aunque tarde en hacerlo. Gracias por tus palabras y por tus saludos desde ¡México Lindo!😍 Un abrazo 🐾

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  4. Hola, Rosa.
    Es un tema delicado y complejo este que planteas sobre las relaciones entre el arte y el poder, su aceptación, sumisión o rebeldía. Los casos que traes ejemplifican a la perfección estos modelos.
    Me permito añadir dos reflexiones. A partir del inicio del Renacimiento el arte floreció con un esplendor inusitado gracias a un grupo de mecenas, sin los cuales, los artistas no habrían podido desarrollar sus talentos y abrir nuevos caminos. Era el arte de la nueva burguesía y los poderosos (reyes, duques, papas…) que buscaban el arte como forma de muestra de su poder.
    Por otro lado, en el siglo pasado, el gobierno finlandés dotó de una pensión vitalicia a Sibelius para que no tuviera que preocuparse por temas económicos para componer (o no) lo que libremente deseara.
    Un fuerte abrazo 🙂

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    1. Hola Miguel. Totalmente de acuerdo contigo, los mecenas han existido y existirán. Aunque en lo personal creo que es su participación es algo delicado para el artista, pero eso es otro tema. De más está decir que es interesante la iniciativa del gobierno finlandés, pero estar atado de por vida y de semejante forma es, una vez más es, un arma de doble filo. Gracias por compartir esa información. 😍 Un abrazo 🐾

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