Un artista ¿solo puede crear desde su experiencia?

Como he dicho en varias de mis reflexiones, el individuo necesita dejar testimonio de su existencia. Algunos lo hacen a través de acciones sociales, otros dentro de su mundo familiar y/o trabajo y un grupo se expresa a través del arte, pero en todos ellos hay un factor común: expresan la visión propia o colectiva que tienen del mundo.

También he mencionado en reiteradas ocasiones que el Arte refleja, transmite y/o advierte, por eso en algunos casos su trabajo expresa el reflejo del hábitat (lo copia/recrea) o es la reinterpretación del entorno. En cualquier caso nos transmite un mensaje o nos advierte, con un toque imaginario, que en ocasiones está cargado de ficción (del pasado, presente o futurista) de una realidad de la cual, quizás, no nos hemos percatado.

Ya que la creatividad se nutre de la observación, la reflexión, la constancia, el ensayo/error, el discurso creativo nace de la combinación de todos estos elementos. Por eso al crear formas y situaciones el punto de partida son cosas habituales que conocemos o imaginamos, que se transforman hasta convertirse en otras. Sin embargo, el punto de partida es el humano. 

Pero que la perspectiva humana sea el punto de partida ¿significa esto que el arte se devuelve al existencialismo? es decir, lo limita a la subjetividad del sujeto, a la reflexión sobre los motivos de la propia existencia y circunstancias (y cómo esta es asimilada) ¿El arte deja entonces de lado toda reflexión sobre lo abstracto, externo y anterior a la existencia concreta del sujeto? ideas como la belleza, la moral, los dioses.

Entonces ¿el arte es autobiográfico?

La respuesta es que no. De ser así, los autores que escriben o realizan trabajos sobre asesinatos serían asesinos, los que muestran en sus obras alimentos serían unos golosos y así se podrían enumerar un sin fin de ejemplos que sirven para mostrar que el artista no cuenta su vida personal en sus obras. A sí mismo tampoco necesitamos conocer los pormenores del quehacer diario del artista para poder apreciar su obra ya que ella habla por sí misma. Nos cuenta una historia, nos muestra una realidad independiente del sujeto que la realiza (aunque, como toda creación, tenga trocitos de su creador)

Este autor ¿se enamoró de joven y murió de amor?
El Caravaggio ¿conoció a Cupido en estas circunstancias?

Si el arte tuviese esta especie de vuelco existencialista, que en realidad no es tal, estaría hablando sobre la libertad y la responsabilidad individual sin destellos de ideologías, nacionalismos, moral o religión, es decir sin ningún concepto abstracto. Sin embargo, el arte anecdótico y personalista que hoy se ve habla de sexualidad, género, felicidad, familia, conceptos cargados de categorías abstractas (salvo los gatos, pero esa es una adoración que merece una reflexión aparte)

El público «necesita» la certeza de que hay personas detrás de una obra

Otra cosa es la excesiva producción de contenido artístico desde la experiencia (aunque estén en tercera persona) que inundan el mercado del arte con recreaciones de la propia biografía o con la presunción de humanizar las abstracciones tales como la felicidad, el género, familia (y los gatos que, insisto son tema aparte) y llevarlas a niveles de anécdotas de conferencias de ventas, con moraleja incluida. Necesidades del arte de tener una salida comercial y que hace de la propuesta puro marketing. Lo que lleva a la ya mencionada paradoja del entretenimiento.

Al público se le da lo que el público demanda y éste demanda lo que tiene visible y a mano. Entonces surge esta tendencia a buscar la identidad del autor, sus costumbres, conocer su vida personal, para poder comprender si la obra es buena o mala, para saber si me va a gustar o no su trabajo.

También hay quien necesita la opinión de algún experto que catalogue el trabajo para poder disfrutarlo. Es lógico caer es esto cuando la tecnología confunde y las propuestas de marketing que tanto gustan al mundo bien pudieran estar hechas por cualquier programa avanzado de inteligencia artificial.

Los artistas empezaron a diferenciarse y a mostrar la mano detrás de pluma, sus vidas, sus rostros, sus inspiraciones y motivaciones personales para hacer tal obra o esta otra (no sus propuestas, sino su persona como aval para su obra) Las grandes marcas no necesitan tal cosa, no tuvimos que seguir por las redes sociales a ninguno de los dibujantes, guionistas, etc. de la película Encanto (2001). Disney los agrupa a todos y funciona como un solo ente que hace marketing sobre sus productos, en este caso la película completa. La vimos y nos emocionamos sin saber qué programa y cuáles artistas hicieron cada parte, tampoco se necesitó buscar las historias personales de ellos para comprender la película. No hubo necesidad ya que la historia habló por si sola.

Los artistas que no contamos con la maquinaria comercial detrás, debemos mostrar el trabajo y además hay una exigencia no escrita de mostrar que estamos vivos, que somos reales, así se pide cierta exposición y un crear comunidad similar a la que las empresas plantean en sus estrategias. La marcas quisieron acercarse al consumidor fingiendo ser un sujeto (hay que imaginarse la marca como una persona para que interactúe y se comunique como tal) y los sujetos emulan las estrategias de las marcas. Empresas e instituciones que pretenden ser sujetos y sujetos de carne y hueso que pretenden ser sujetos reales, auténticos, es una extraña dinámica que da para otro tema.

Volviendo al punto de la autobiografía en el arte, también podríamos decir que el uso de las redes sociales son la forma más eficientes y rápidas de encontrar el público que el artista necesita.

Aquí muestra su trabajo, pero no escapa de las normas propias de las redes: selfis, historias simples, anécdotas y mucha referencia autobiográfica. Por otro lado, en las mismas redes, están los expertos que nos dicen lo que debemos o no apreciar, que ofrecen «el final explicado» de aquello que todos vimos, que reaccionan y nos dicen su valoración y clasificación. Son muy pocos los que ofrecen alguna perspectiva diferente de la obra, otras lecturas o análisis propio.

Por lo general son repeticiones de datos, resúmenes y una puntuación subjetiva que valora el trabajo de otro.

Sin embargo, concentrar en las redes el vuelco narcisista y otorgarles toda la responsabilidad es un poco simplista y lo más anti existencialista. Para un existencialista el humano es libre e independiente de toda categoría abstracta, así la libertad se ejerce desde la responsabilidad individual, las redes las manejamos las personas y somos nosotros las que hacemos o dejamos de hacer las cosas. El asunto de la anécdota como propuesta, el narcisismo social y artístico son asuntos más complejos que la herramienta de las redes y las empresas que las manejan.

Además hay que tomar en cuenta que el público, es decir el usuario, es una cara visible de la cinta, que paradójicamente se convierte en la otra cara, también visible, (se nos da lo que pedimos y pedimos lo que nos da) y así esta especie de cinta de Moebius se mueve y avanza.

Si se observa con detenimiento también parece que retrocede, ya no al existencialismo (que inicia en el siglo XIX y alcanza su apogeo en la segunda mitad del siglo XX) sino a una especie de pre- Ilustración (siglo XVIII, hasta los primeros años del siglo XIX) en donde el sujeto estaba en una especie de infancia mental, incapacitado para usar la propia razón sin la guía de otra persona. «Esta puericia es culpable cuando su causa no es la falta de inteligencia, sino la falta de decisión o de valor para pensar sin ayuda ajena» de esta manera Kant invitaba al abandono de semejante estado, de la necesidad del mentor.

Duras palabras que pueden servir para explicar la excesiva necesidad de un guía que nos lleve de la mano o de un apetito insaciable por buscar auto-referencias. En términos de hoy, si se me permite el paralelismo, la necesidad de verse reflejado en un tipo concreto de arte, de sentirse representado por otro. De buscar en su biografía la propia.

El arte como expresión

El arte es una expresión, que me atrevo a decir primaria, del humano y espero que continúe así. No necesita de anécdotas personales ni de un tercero para que exista. De lo contrario estamos en presencia de trabajos tan personales que no se podrían catalogar como arte, son obras (buenas o malas, este no es el problema) que narran la experiencia de alguien, pero que por lo general no traspasa el tiempo. Tampoco se podrían catalogar como costumbristas porque el costumbrismo es una tendencia o movimiento artístico que refleja los usos y costumbres de la sociedad, referidos a una región o país en concreto y al conjunto de su folclore tradicional.

Como reflejo de la época es inevitable que se llenen las librerías, físicas y virtuales, las redes y las plataformas de videos con esta coexistencia entre industria que se personaliza y personas que se institucionalizan. Es interesante el arte como objeto de consumo (libros escritos a base de palabras claves, dibujos que emulan a los de las grandes estudios, etc.)

Pero afortunadamente hay cabida para todo, también para un arte que se propone, que intenta un diálogo, que deja abierta explicaciones (que no reclaman ser públicas) y artistas que trabajan desde su perspectiva, sin necesidad de ser anecdóticos ni exponer su vidas como productos.


11 comentarios en “Un artista ¿solo puede crear desde su experiencia?

  1. ¡Hola, Rosa! Por supuesto que no. Es evidente que cada autor tiene sus temas, sus preocupaciones y sus demonios y ello de alguna manera se traslada a su obra. Pero de ahí a concluir que la misma es fiel reflejo del creador va un mundo. Por esa regla de tres, nadie podría hablar de un período histórico que no hubiera vivido, nadie podría, como dices, escribir una novela de asesinos sin serlo… Un despropósito. El problema es que vivimos en una época donde todo está politizado y el lugar más politizado de todos son las redes sociales. Ellas son el campo de batalla ideológico, donde cualquier cosa sirve como arma para atacar al contrario o para reafirmar a los propios. Entre ese arsenal, por supuesto, está el arte.
    Hace unos meses en España «saltó» una polémica porque tres escritores usaron la identidad falsa de una escritora. Al desvelarse su identidad de un bando salieron airadas reacciones por lo que entendían un engaño. No era un engaño, esa falsa identidad femenina había sido utilizada como un icono para un sector ideológico, al que por supuesto lo que menos le interesaba era si las novelas eran buenas o malas. ¿Qué mas da lo que sea o piense un escritor? Para mí, lo único importante es lo que su obra me provoca, nada más.
    Otro problema de las redes es que a veces olvidamos que son un negocio. Y como tal se rigen. Un anónimo perfil pasará inadvertido, en cambio, una empresa, un lobby ideológico y otros entes pagarán publicidad, comprarán bots, y crearán ejércitos de perfiles para que su mensaje o marca se imponga al resto bajo una apariencia de espontaneidad.
    Las redes deberían ser reflejo de la opinión pública nacida en la calle real, pero se han convertido en los generadores de opinión pública con debates que no existen en la calle, pero que todos asumimos como reales.
    No me enrollo más, ja, ja, ja… Te deseo un verano maravilloso. Un abrazo!

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    1. Hola David, totalmente de acuerdo contigo. Creo que las ideas que se manejaron como expresiones espontáneas (me refiero en las redes) fueron absorbidas por el status quo y ahora se manejan según sus propios intereses, pero esto ocurre desde siempre, en todas las expresiones/acciones del humano. Lo triste no es que ocurra, sino que no nos demos cuenta. Gracias por el comentario. Un abrazo 🐾

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  2. Buenos días, Rosa.
    Maravillosa exposición la que nos has regalado. Poco hay que añadir.
    Estoy de acuerdo contigo y con el comentario de DavidRubios.
    Creo que es tremendamente difícil, aunque no imposible, mantenerse ajeno a lo que creas sin «contaminarlo» de lo que eres, lo que piensas, lo que has vivido, etc. Dos personas distintas pueden crear el mismo cuento, la misma trama, desde dos puntos de vista totalmente distintos y hasta opuestos. De eso podemos disfrutar en el VadeReto de mis locuras. Y esa creo que es la grandeza del arte creativo.
    Sin embargo, imaginar a la persona que crea por lo que crea es una gran estupidez. Se puede ser la persona más buena del mundo y crear al personaje más vil del universo, por ejemplo. La imaginación, el momento sentimental, la expresividad, la innovación, la rebeldía… son mucha cualidades que enriquecen las obras creativas y no por eso han de estigmatizar al creador.
    Por eso yo no veo necesaria la moda actual de conocer la vida persona del creador. Me da igual si es alguien real, un seudónimo o está creado por una inteligencia artificial (creo que ya es posible). Confundir a la persona con el autor es una barbaridad.
    ¿Y sobre la Redes Sociales? Uff. Mejor de eso no hablo. De qué manera están degenerando.
    Dije que había poco que añadir y por poco tengo que empalmar varios comentarios. 🤦🏻‍♂️😅😂
    Felicidades por el artículo, Rosa.
    Que tengas un maravilloso Domingo. Ten cuidadín con el Solete, llévate el sombrero para el paseo e hidrátate con un cóctel fresquete. Yo invito. 😜 (Ojalá hacerlo físicamente)
    Un abrazo.

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    1. Hola JascNet. Totalmente de acuerdo. Por fortuna esa «tendencia» de «conocer al artista para poder apreciar su obra, como toda moda creo que será pasajera. Sin embargo dejará secuelas.
      Por cierto acabamos de terminar el booktrailer de Carmen M. Sosa. ¡Qué difícil fue cuadrar la música!, pero el resultado nos gustó. Ahora a disfrutar de lo que resta del día. Gracias por el coctel 😁 yo te envío unas croquetas 😁 Que pases un feliz domingo. Un abrazo 🐾

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  3. Hola Rosa, muy interesante entrada. Desde mi perspectiva, todo autor deja en su obra una huella de sí mismo pero es una huella sutil, de ningún modo es un plano de su propia existencia. Todo lo que escribimos va teñido tímidamente de nuestras vivencias, o de las vivencias de otros (previa observación). La imaginación y el oficio de escritor hace el resto. A mí me encanta la ciencia ficción y muchos de mis relatos son en el espacio. ¿He estado en el espacio? No, sólo en mi mente. Me fascina el pasado precolombino, conozco muchos sitios arqueológicos de México y sin embargo, muchos de mis relatos se basan en una mezcla de investigación e imaginación. Hay mucho que ponderar sobre lo que planteas. Te dejo un abrazo.

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    1. Hola Ana, estoy de acuerdo contigo. El punto de partida de toda expresión (escrita, pintada, relatada en forma oral o en cualquier otra modalidad) se sustenta de lo conocido y la imaginación hace el resto, aunque muchas veces lo que imaginamos es tan real que lo vivimos como tal. No pongo en duda que en tu fantasía te hayas desplazado en el espacio y tengas un basta experiencia en ese mundo 😍 yo solo voy al espacio en las lecturas y algunas series o películas. Me cuesta imaginarme ese mundo 😁. Gracias por el comentario. Un abrazo 🐾

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  4. Yo nunca he estado en un salvaje tiroteo y puedo escribir durante horas sobre el tema si quisiera. Los autores escriben solo lo que conocen es como decir que un marino no puede hablar sobre alpinismo, solo tiene que documentarse un poco.

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    1. Totalmente de acuerdo contigo. Imagina que para escribir sobre un personaje de un comic nos tuviéramos que convertir en dibujo animado 😲Sería interesante, pero totalmente irreal 😁 Un abrazo 🐾

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