La sobrevivencia y el arte
El compromiso tácito del humano consigo mismo (que ha movido a la humanidad desde todos los tiempos) y que ha permitido la evolución, no ha sido otra cosa que la sobrevivencia.
Al buscar la definición de sobrevivencia, encontramos que es la capacidad o acción de mantenerse con vida después de un peligro, una situación extrema o en condiciones adversas con pocos medios. Y en el ámbito psicológico y social, es mantener la estabilidad mental y la cohesión en grupo frente a crisis o dificultades cotidianas.
Entonces debo aclarar que me refiero a esa necesidad de mantener la estabilidad mental y la cohesión frente a las dificultades cotidianas, ya que esto es lo que llevó a los artistas a comprometerse a reflejar la realidad (como un espejo/constancia de su época), transmitir ideas propias, basadas en razonamientos estructurados y advertir (actuar como una alarma ante los supuestos peligros futuros).
Ya desde la prehistoria encontramos que esta responsabilidad se manifiesta en sus expresiones del devenir diario (y que hoy llamamos arte); lo mismo ocurre en las primeras civilizaciones y al llegar la historia, esa necesidad se mantiene.


Pinturas rupestres de la cueva de las Manos (7350 a. C.) (Santa Cruz, Argentina)
Representación de artesanos en el Antiguo Egipto


Panel de la guerra del Estandarte de Ur, c. 2900 a. C.
Almuerzo en la hierba de Pablo Picasso.
El arte como un telón de fondo de nuestra conciencia
Con la Revolución Industrial el mundo se transformó de forma radical. La sociedad sufrió un cambio estructural drástico provocado por el éxodo rural y la consolidación del capitalismo industrial. Este proceso alteró por completo la demografía, los roles familiares, la organización política de la época y el arte. Antes de entrar en el tema del arte propiamente dicho, voy a recordar algunos de estos cambios sociales fundamentales:
La división de la sociedad en dos nuevas clases sociales: 1.- La burguesía industrial, formada por los dueños de las fábricas, banqueros y grandes comerciantes. Se convirtieron en la nueva élite adinerada, desplazando paulatinamente la hegemonía de la aristocracia terrateniente e imponiendo sus valores basados en el esfuerzo individual y el libre mercado. 2.- El proletariado (clase obrera), formado por los campesinos desarraigados y antiguos artesanos que no poseían más que su fuerza de trabajo, la cual vendían a cambio de un salario de subsistencia.
Esto trajo como consecuencia la migración en masa a las ciudades donde se concentraban las nuevas fábricas (el trabajo/ingresos económicos) y se crearon barrios obreros hacinados en las urbes. Debido al crecimiento descontrolado, dichos distritos carecían de los servicios públicos más básicos (alcantarillado, agua potable o ventilación), convirtiéndose en focos constantes de delincuencia y epidemias mortales como el cólera. Por otro lado, las condiciones laborales eran extremas y transformaron la vida familiar. El hogar dejó de ser el centro de la unidad de producción (como ocurría en los talleres agrícolas o artesanales). Los miembros de la familia pasaron a trabajar de manera individual en fábricas diferentes, debilitando los lazos familiares tradicionales.
Como podemos deducir, la Revolución Industrial también alteró por completo el mundo del arte. No solo cambió los temas que los artistas pintaban, sino también los materiales que utilizaban y la forma en que el público consumía la cultura. Este impacto artístico se puede dividir en tres grandes ejes: 1.- Nuevas corrientes artísticas. 2.- Revolución en los materiales y el nacimiento del Impresionismo. 3.- La arquitectura del hierro y el cristal.
1.- Nuevas corrientes artísticas. El impacto social y tecnológico de la industrialización fragmentó el arte en dos posturas opuestas: la evasión de la realidad y la denuncia de la misma.
El Romanticismo (Evasión y nostalgia): Surgió como un rechazo frontal a la racionalidad de la máquina, la fealdad de las fábricas y la destrucción de la naturaleza. Los pintores románticos (como Caspar David Friedrich o William Turner) buscaron refugio en los paisajes indómitos, lo místico, la tormenta y la nostalgia por el pasado medieval, contraponiendo la fuerza de la naturaleza al progreso artificial. Como dije en un post anterior: » …El Romanticismo habla de los sentimientos humanos llevados a los extremos, a las pasiones, a lo extraordinario de la naturaleza, de los elementos. Se centró en las interrelaciones en sí: Sus motivaciones, entregas, renuncias, sacrificios, pasiones, juegos de poder. Y surge en contra de los ideales burgueses»…(https://rboschetti.com/2020/06/10/romanticismo-versus-romantico/)

1.- Caspar David Friedrich, El caminante sobre el mar de nubes. 2.- William Turner, El incendio de las Casas del Parlamento.
El Realismo (Denuncia social): Hacia mediados del siglo XIX, artistas como Gustave Courbet u Honoré Daumier decidieron que el arte debía dejar de idealizar el mundo. Empezaron a retratar de forma cruda e incómoda la nueva realidad social: el cansancio de la clase obrera, la pobreza urbana y las duras condiciones de los trabajadores. Y vuelvo a autocitarme: «…Con la Revolución industrial y contra las emociones exageradas del Romanticismo, surge el Realismo que retrata la vida cotidiana, los conflictos propios de la industrialización con el surgimiento de las nuevas clases sociales. Esta tendencia modifica los principios que ya se habían asomado en el Barroco con la pintura del Caravaggio y se van a desarrollar a finales del siglo XIX con el Naturalismo, que se apoya en la filosofía del determinismo y acentúa las características sociales del Realismo»… (https://rboschetti.com/2020/12/27/realismo-naturalismo/)

3.- Gustave Courbet. Entierro en Ornans. 4.- Honoré Daumier, Los trenes del placer.
2.- Revolución en los materiales y el nacimiento del Impresionismo. La ciencia y la producción en masa transformaron el oficio del pintor en la segunda mitad del siglo XIX: Antes de la industrialización, los artistas debían moler sus propios pigmentos en el taller y guardarlos en vejigas de animales, lo que hacía casi imposible pintar al aire libre. La invención del tubo de pintura portátil y flexible (1841) permitió a los pintores salir del estudio. Sin este avance industrial, el Impresionismo no habría existido.
Nuevos pigmentos químicos: La industria pesada y la química crearon colores sintéticos más brillantes, estables y baratos, como el azul cobalto, el verde viridiana o el amarillo cromo, revolucionando la paleta de colores de la época.
3.- La arquitectura del hierro y el cristal. La disponibilidad masiva de nuevos materiales constructivos revolucionó la arquitectura. Los arquitectos dejaron de usar exclusivamente la piedra y el ladrillo para experimentar con las posibilidades estructurales del hierro forjado, el acero y el vidrio plano. Esto dio lugar a una estética completamente nueva, caracterizada por la ligereza y los grandes espacios diáfanos: Estaciones de ferrocarril (los nuevos templos de la modernidad urbana). El Palacio de Cristal de Joseph Paxton (1851): Construido en Londres para la Gran Exposición, demostró cómo los materiales industriales permitían levantar estructuras monumentales en tiempo récord. La Torre Eiffel (1889): Erigida para la Exposición Universal de París, se convirtió en el símbolo definitivo del triunfo de la ingeniería industrial sobre la arquitectura tradicional.

5.- Joseph Paxton, El Palacio de Cristal. 6.- La Torre Eiffel (Dimensiones de la torre Eiffel) Inicialmente llamada Tour de 300 mètres, es una estructura de tipo torre de celosía de hierro pudelado, nombrada ante el ingeniero francés Gustave Eiffel, cuya empresa y sus colaboradores diseñaron y construyeron la torre para la Exposición Universal de 1889 en París (Francia).
Como podemos observar, con la Revolución Industrial, los cambios fueron considerables y permitió la continuidad del desarrollo de nuevas tecnologías que han llegado a nuestros días y continúa su avance con miras al futuro. Ahora bien, en lo que se refiere a este post, sólo voy a mencionar cómo afectó al arte y a la manera en cómo lo comenzamos a percibir. Para ello es necesario recordar de qué manera el arte sirvió para transmitir ideas y razonamientos sobre hechos o sucesos. Aquí el arte no solo copia lo que ve, sino que comunica una ideología, un pensamiento político, una crítica profunda o una emoción existencial estructurada.
Para no llenar este post con ejemplos interminables, tan solo voy a mencionar algunos que nos ayuden a recordar cómo el arte sirvió para transmitir. Como ejemplo de artista (pintor, crítico de arte, editor y escritor) nos encontramos con
Michael Seuphor (cuyo verdadero nombre fue Ferdinand Louis Berckelaers).
En su obra, de 1965, «Le Style et le Cri» («El Estilo y el Grito»), establece una dicotomía crítica para explicar la evolución y las tensiones del arte de vanguardia del siglo XX.

Para Seuphor, el «Estilo» representa la búsqueda de la armonía, la estructura, el rigor matemático y la despersonalización (la Geometría y el Orden). Es la corriente que depura el arte de lo anecdótico y de lo puramente emocional para alcanzar verdades universales a través de la abstracción geométrica. Para Seuphor, el máximo exponente de esta visión es Piet Mondrian y el Neoplasticismo, movimiento del que Seuphor fue un defensor e historiador clave. El «Grito» representa la subjetividad pura, la descarga emocional, la angustia existencial, el instinto y la rebelión de la individualidad (la Expresión y el Caos). Es el impulso que rompe las reglas establecidas y se manifiesta a través de movimientos como el Expresionismo, el Dadaísmo o el Expresionismo Abstracto (Action Painting).

Piet Mondrian. Composición en rojo, amarillo, azul, blanco y negro
Como hemos visto, Seuphor utiliza los ensayos para justificar la legitimidad del arte abstracto no solo como una corriente estética, sino como una necesidad espiritual y filosófica de la época. Aunque él tenía una inclinación natural e histórica hacia el «Estilo» (la abstracción geométrica y ordenada), el libro ofrece una lectura equilibrada al reconocer que el arte necesita de ambos impulsos; «el grito» rompe las estructuras cuando se vuelven académicas, y «el estilo» da forma y permanencia a la energía desbordada del grito.
Aquí podemos observar que el concepto de «sobrevivencia» ha cambiado; este enfoque crea una nueva «necesidad» basada en ideas de tipo intelectual, dejando a un lado lo cotidiano. El ciudadano «de a pie», esa persona común y corriente, queda fuera de la ecuación, ya que el arte pasa a ser una discusión de «entendidos» y aquellos que desean estar «con los tiempos» repiten ideas que apoyan o niegan esas teorías, sin detenerse a pensar. Se quedan en la «forma» y no pueden ver el «fondo»; para ello necesitan de «alguien» que les explique de qué se habla (de los expertos).
Ahora bien, aunque Seuphor, en estos ensayos, defiende al arte abstracto, su obra se puede interpretar como: el “Grito”, la manifestación primaria del artista (el impulso irrefrenable de expresarse) y el “Estilo” como la organización de esas ideas en algo depurado a través de la propuesta (son muchos los que, al reseñar este libro, le dan ese enfoque).
Para continuar, voy a mencionar a otros artistas cuyas obras sirven de ejemplo del arte como transmisor de ideas.
Entre los pintores
Eugène Delacroix . La libertad guiando al pueblo
Transmite los ideales de la revolución, la libertad y la unión de las diferentes clases sociales por una causa común.


Pablo Picasso . Guernica
Transmite el horror, el dolor universal, el caos y la injusticia de la guerra civil y los bombardeos. Es un grito político y humanista que trasciende su época.
Entre los escritores
Fiódor Dostoievski. «Crimen y castigo» Su literatura no es para que «pasemos el rato» ya que en ella transmite un debate filosófico y psicológico profundo sobre la moral, la culpa, la redención y los límites del ego humano. Exige un compromiso intelectual total del lector.
Representación de la obra Crimen y Castigo

Música
La tercera sinfonía de Ludwig van Beethoven, conocida como la «Heroica» o «Eroica» (Op. 55 en mi bemol mayor), fue compuesta entre 1802 y 1803 y marcó el inicio del romanticismo musical. Con ella Beethoven rompió los moldes de la música cortesana (que se usaba como fondo para las cenas de los nobles) para transmitir los ideales de la Revolución Francesa, la libertad y el drama de la existencia humana. Es una propuesta, no un decorado.

Theater an der Wien, lugar del estreno.
Series
Black Mirror (Primeras temporadas)

Utiliza la ficción científica no como fuegos artificiales, sino para transmitir una tesis muy clara sobre cómo las herramientas tecnológicas modifican y a menudo corrompen nuestros vínculos humanos y nuestra empatía.

Lost
Búsquedas personales, dilemas profundos y la condición humana.
Lost demostró que la televisión podía divertir y plantear temas profundos al mismo tiempo, rompiendo con la vieja fórmula de la «familia feliz». A través de su famosa isla, la serie no busca dar respuestas masticables; utiliza la ciencia ficción y los viajes temporales como un vehículo para transmitir debates filosóficos sobre la fe frente a la razón (Locke contra Jack), la redención, el peso del pasado y la necesidad intrínseca de comunidad que tenemos los seres humanos. Es una propuesta artística con mayúsculas que exige tener la mente abierta y un espectador activo que arme el rompecabezas.
El filósofo que sirve de ejemplo de cómo transmitir la realidad es Immanuel Kant. Como dije en la entrada anterior: “…a muy, pero muy grosso modo (y para los fines de esta entrada), voy a simplificar su pensamiento”.
Immanuel Kant: La transmisión y la propuesta (El arte exige un juicio libre)

Kant resumió su filosofía en tres grandes preguntas fundamentales que definen al ser humano:

¿Qué puedo conocer? (Crítica de la razón pura)
Kant unió el racionalismo (la razón) y el empirismo (la experiencia). Demostró que el conocimiento viene de los sentidos, pero nuestra mente pone las reglas (como el espacio, el tiempo y la causa) para ordenarlo. Solo podemos conocer los fenómenos (lo que percibimos), pero nunca las «cosas en sí mismas» o noúmenos (como Dios o el alma) mediante la ciencia pura.
¿Qué debo hacer? (Crítica de la razón práctica)

Su ética es formal y del deber. Para Kant, una acción es buena solo si se hace por respeto al deber moral, no por buscar un beneficio o miedo al castigo. Esto se resume en el imperativo categórico: obra de tal modo que tu conducta pueda convertirse en una ley universal.

¿Qué puedo esperar? (Crítica del juicio)
Trata sobre la religión, la historia, la estética y la teleología (el propósito del universo). Intenta conectar el mundo de la naturaleza con el de la libertad, encontrando esperanza en el progreso moral y la justicia.
En este texto, Kant busca tender un puente entre el reino de la naturaleza (regido por la necesidad causal) y el reino de la libertad (regido por la moral), utilizando la facultad del juicio como intermediaria. La obra se divide en dos grandes secciones que abordan cómo los seres humanos juzgan la finalidad del mundo: 1.- Crítica del juicio estético (La belleza y lo sublime): Kant analiza cómo experimentamos el arte y la naturaleza a través de los sentimientos de placer y displacer. 2.- El juicio de gusto: Para Kant, lo bello no es una propiedad del objeto, sino una relación entre el objeto y nuestro estado mental.
Los juicios estéticos son desinteresados (no buscan poseer ni usar el objeto) y aspiran a la universalidad, es decir, cuando decimos que algo es bello, sentimos que los demás también deberían encontrarlo bello, aunque no podamos demostrarlo lógicamente. Mientras que lo bello produce una sensación de armonía y limitación, lo sublime surge ante lo infinito, lo inmenso o lo sumamente poderoso (como una tormenta en el océano o la inmensidad del universo). Lo sublime nos hace sentir pequeños físicamente, pero despierta la conciencia de nuestra superioridad moral y racional.
Kant investiga si la naturaleza tiene un propósito o diseño. Argumenta que las leyes estrictamente mecánicas de la física no bastan para explicar la vida (un árbol o un animal). Para entenderlos, debemos juzgarlos como si hubieran sido diseñados con un fin (teleología), donde las partes existen por el todo y el todo por las partes. Finalmente, propone que el ser humano, en tanto que ser moral capaz de actuar en libertad, es el fin supremo de la creación en la Tierra.
Finalidad sin fin: Una obra de arte u objeto bello parece estar perfectamente diseñado para un propósito, pero no tiene una utilidad práctica o un fin comercial concreto.
El Genio: Kant define al genio como el talento innato a través del cual la naturaleza da la regla al arte. El genio no sigue reglas preexistentes; crea nuevas formas de ver el mundo.
La relación entre la estética y la moral según Kant.
Para él, la estética es el símbolo de la moralidad. En la Crítica del juicio, conecta estos dos mundos al demostrar que el sentimiento de lo bello prepara al ser humano para amar el bien moral de manera desinteresada.
A continuación, voy a resumir algunos puntos clave que estructuran esta relación:
- El desinterés como punto de unión
La conexión más profunda entre la estética y la moral radica en la libertad frente al deseo egoísta. En la estética: Cuando juzgas algo como bello, tu placer es desinteresado. No deseas poseer el objeto, consumirlo ni sacarle un provecho económico o práctico; simplemente disfrutas de su contemplación libre. En la moral: Una acción es genuinamente buena solo si se realiza por deber, libre de intereses personales, recompensas o búsqueda de felicidad egoísta (el imperativo categórico). Kant argumenta que el juicio de gusto educa nuestro espíritu, ya que nos habitúa a encontrar placer en algo sin buscar una ganancia personal, lo cual es el primer paso hacia la actitud moral. - La analogía entre lo Bello y lo Bueno
Kant establece que lo bello y lo bueno comparten características estructurales que hacen que nuestra mente los vincule de forma natural. Universalidad: Ambos aspiran a que todo el mundo esté de acuerdo. Cuando dices «esto es bello» o «esto es justo», no expresas una simple preferencia personal (como el gusto por el helado de chocolate), sino que esperas que los demás compartan tu juicio. Inmediatez: Tanto el agrado por la belleza como el reconocimiento del deber moral se presentan de forma directa, sin necesidad de largos razonamientos previos. Libertad: El juicio estético pone en juego el libre ejercicio de la imaginación y el entendimiento. Por su parte, la acción moral es el reflejo de la voluntad libre del ser humano. - Lo Sublime y la dignidad moral
Si lo bello se vincula con la armonía, lo sublime (la grandiosidad de una tormenta, el océano infinito o el universo estrellado) conecta directamente con nuestra fuerza moral. Frente a la magnitud de la naturaleza, nos sentimos físicamente insignificantes e impotentes; sin embargo, esa misma inferioridad física despierta en nosotros la conciencia de nuestra superioridad espiritual. Nos damos cuenta de que, aunque la naturaleza pueda destruirnos, poseemos una razón y una ley moral interna que están por encima de cualquier fuerza física. Lo sublime, por lo tanto, es el puente que nos recuerda nuestra propia dignidad y destino moral. - El interés intelectual por la belleza natural
Kant afirma que una persona que siente un interés genuino y profundo por la belleza de la naturaleza da muestras de tener un alma predispuesta al bien moral. El hecho de que la naturaleza produzca formas bellas que armonicen con nuestras facultades mentales genera una especie de «pista» o esperanza de que el mundo natural no es ajeno a nuestras metas morales.
Podríamos deducir que el arte verdadero produce una «satisfacción desinteresada». ¿Qué significa esto? Que cuando ves una obra de arte real, no la valoras porque te sea útil o porque te dé un beneficio rápido (eso sería consumo), sino por el libre juego que despierta en tu mente y en tu imaginación. Frente al «entretenimiento masticable» que te lo da todo hecho, el arte kantiano exige un espectador activo que participe en la propuesta.
A manera de conclusión
Sé que los artistas no vivimos en una burbuja, somos hijos de su época, del entorno en el cual vivimos, y hoy en día, la sociedad se mueve por la prisa, las redes sociales y las apariencias. Mientras que las revoluciones tecnológicas pasadas hicieron reaccionar a los artistas para que se plantearan nuevas preguntas y por ello surgieron distintas propuestas, ahora, en la actualidad, corremos el peligro de que, con las comodidades en el día a día y las “nuevas necesidades”, esa lucha por la “sobrevivencia” queda lejana. Ahora la sobrevivencia se limita a lo que los «expertos» nos señalan qué es. Nos involucramos en «luchas» prefabricadas, llenas de conceptos ambiguos que nos alejan cada vez más de la verdadera esencia del humano. Tanta «modernidad» está llenando nuestros espacios mentales con ideas confusas que necesitan de «otros» para ser aclaradas.
Por otro lado, todos los objetos necesarios están “al alcance de la mano” y hay demasiadas amenazas de tipo social: por ejemplo, al tener una idea, lo pensamos varias veces por el temor de ofender a terceros y muchas veces la callamos o se adorna con las palabras «adecuadas», aunque pierda sentido aquello que queríamos transmitir. También las nuevas tecnologías las vemos como una amenaza. Es como si no fuéramos capaces de diferenciar entre una herramienta y nuestros pensamientos.
Esa comodidad que trajo la revolución industrial y que se expandió con la Bauhaus se ha llevado a los extremos. Ahora se confunde el cuadro que combina con los muebles, con la ropa, con la taza de tomar café, con una obra de arte. Las voces de los cantantes «corregidas» con Auto-Tune con las «verdaderas». Nuestros oídos ya no registran ese sonido metálico y escuchamos al software de procesamiento de audio (creado por Antares Audio Technologies, que mide y corrige la afinación en interpretaciones vocales e instrumentales) como las «naturales» y así, lamentablemente, podría extenderme con muchos otros ejemplos…
Ahora bien , si utilizamos las herramientas (la IA, por ejemplo) sin tener una idea clara de lo que queremos, estamos dejando que ella nos «corrija» con sus algoritmos. Ella nos va a indicar cuál es la forma “correcta” de expresarnos, las palabras claves, el pensamiento que «está vigente» y nos olvidamos que esos algoritmos son producto de una herramienta que nos lleva por un camino llenos de rostros parecidos, posturas «correctas», pensamientos «alineados» con lo actual. ¿Entonces la «culpa» es de las redes sociales, del uso excesivo de la IA? ¿De la época? ¿De los tiempos? ¿Necesitamos nuevas y más leyes que restrinjan su uso?
Pero… podemos pensar y darnos cuenta de que buscar un «culpable» es dejar a un lado la responsabilidad que tiene el artista de pensar en una propuesta, plantearla, defenderla. «Culpar» a la herramienta (en este caso la IA, o lo accesible de los objetos de consumo) es igual que culpar de su obra a los pinceles que utilizaba Van Gogh o pensar que Edward Bulwer-Lytton en su obra de teatro Richelieu; or the Conspiracy (1839) cuando dice: «Bajo el gobierno de grandes hombres, la pluma es más poderosa que la espada» es porque escondía algún arma en ella.
Entonces cabe preguntarse: ¿El artista actual debe ajustarse a las reglas actuales de no ofender/molestar a terceros con ideas que van en contra de lo establecido y así monetizar o estar a la vanguardia con su trabajo? Si la respuesta es sí, entonces estamos muy mal. ¿Quizás ese sea el motivo por el cual el arte ya no transmite o advierte y ahora entretiene y adormece? ¿Será que el artista, en su afán de estar “con los tiempos”, se limita a reflejar una sociedad que tan solo desea el entretenimiento de consumo rápido? ¿El arte actual ha perdido su propia fuerza? ¿Se ha vuelto comercial, vacío, confuso? Las tres funciones esenciales que el arte ha tenido a lo largo de la historia: reflejar, transmitir y advertir, ¿dejaron de estar “vigentes”? ¿Y adónde queda el pensamiento crítico? ¿Ya no “hay tiempo” para ponerlo en práctica? Si John Locke e Immanuel Kant (los que he mencionado hasta ahora) nos están contemplando, a lo mejor se tapan la cara o vuelven a fallecer de pura tristeza.
Reflexión anterior 1 Domesticación de los clásicos del arte
Próxima entrega: 3 El dilema del arte urbano contemporáneo y La domesticación de los clásicos
Como punto final les voy a recomendar el canal de Cristina Soto en Youtube. En esta entrada en particular habla sobre Kant. Espero que lo disfruten y que estos momentos sirvan para realizar una “inquietante” reflexión.
Con un lenguaje claro, preciso y bien documentado, ella habla de filosofía, economía, política, educación, historia, psicología, neurociencia y lenguaje. Analiza cómo se construyen los relatos y por qué ciertas ideas acaban imponiéndose como si fueran evidentes.
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