Carmen M. Sosa: encuentro in-tranquilo (5)

Tiempo estimado de lectura: 13min 58sec.

De nuevo la duda la abruma: no sabe si continuar con el engaño y fingir que va a trabajar o se queda en la cama para afrontar las consecuencias de contarlo todo.

¿Qué hacer para ganar tiempo antes de explicar que ha perdido el trabajo el mismo día que lo encontró? Es lo que trata de resolver Carmen M. Sosa encerrada en su habitación, pero sus dudas la abandonan al sonar el teléfono móvil. Lee lo que parece un breve mensaje. Se apresura a escribir «¡Perfecto!»

El mensaje de Montse le da la solución a su problema mañanero. Aunque el hombro aún le duele y es difícil vestirse, se apresura. Antes de salir de su casa le dirige un leve saludó a su familia, como si llevara retraso. Le responden con las acostumbradas burlas sobre su ropa, adornos y complementos.

Llega muy temprano al café del encuentro. Camina por los alrededores para hacer tiempo y al ver que la hora de la cita se aproxima se sienta en una mesa discreta con vista al parque. Al poco tiempo llega Montse, nerviosa, descolocada, habla con absurda velocidad sobre el clima. Carmen teme que no va a ser el tranquilo encuentro que esperaba.

—Una pausa Montse, creo que un café sería mucho para ti ahora mismo, mejor te pido una infusión ¿verdad? —pregunta Carmen.

Montse asiente con la cabeza sin apartar los ojos de su teléfono móvil. La inquietante mirada fija sobre el móvil que está sobre la mesa le da qué pensar a Carmen: «Estará esperando alguna llamada importante». Pero no le preguntó eso, se limitó a decir: «¿Ya has desayunado? »

—¡Tengo un nudo en el estómago! Perdona pero es que estoy susceptible —se excusó Montse ante lo seco de su tono —mejor la infusión, solo eso,  —dice ahora algo más pausada —sí eso estará bien… fue lo que dijeron que tomara… a ver espera creo que ¿fue algo de unas flores? o ¿manzanilla?

Al acelerarse de nuevo está a punto de voltear el teléfono móvil para mirar la pantalla, pero en el mismo gesto lo coge con ambas manos y se lo acerca al pecho, se resiste a mirar.

—¡No! ¡No! ¡No me acuerdo! —Carmen se asusta con el grito ahogado y reprimido de su amiga

—¿Pasa algo? —pregunta con media pierna ya fuera de la silla, pero sin atreverse a dejar la mesa.

—No recuerdo qué debo tomar si me pongo nerviosa — responde Montse soltando el Smartphone como si le quemara y enseguida se derrumba. —Tengo algo que confesarte —dice, Carmen intrigada se incorpora en su asiento —Dicen que sufro nomofobia —dice Montse entre susurros.

Al ver que su amiga no sabe de qué le habla, Montse le explica lo del intenso pánico a no estar conectada a las redes. Carmen se pierde una buena parte de la información al dedicarse a navegar a través de sus propias fantasías sobre lo que le cuenta: «Distraída, miraba memes y mensajes…»; «Pero no soy mala madre de verdad, créeme por favor, Jordi ya me lo advirtió que tengo que cambiar o si no… no quiero ni pensarlo. Por eso es importante que me acuerde por mí misma que infusión tomar, sin mirarlo»

—Mirarlo ¿en dónde? —reacciona Carmen

—En Vida próspera —dice Montse — ¡sabes a cuál grupo me refiero! Que yo te he visto. Comentas y reaccionas poco, pero te he visto.

—¡Ah! ¡Tú eres S365! Sí, leí lo que pusiste… fue Manzanilla lo que te recomendaron— dijo Carmen antes de ponerse en pie e ir por las bebidas. Emocionada pensó «¡Siii! conozco a alguien que pertenece a ese grupo»

Mientras Carmen está dentro del local, se escucha una musiquita metálica que anuncia una llamada en un móvil lejano. Montse, de un solo gesto, coge el suyo y revisa rápido sus notificaciones, trata que Carmen no note su desliz. Al llegar ella con las bebidas, el móvil está en la mesa como si nada hubiese pasado.

  —Pero si necesitas dejar esa adicción  ¿Cómo es que lo haces a través de un grupo virtual? —Se atreve a preguntar Carmen ya totalmente involucrada.

—¡Oh no! Claro que no, qué tonterías dices. —Montse se regodea en su problema, relata con exceso de detalles la escena que desencadenó la visita a su terapeuta: «Una regañina del pediatra ha sido la responsable» Atinó escuchar Carmen mientras se esfuerza por ponerle cara a ese niño que nunca ha visto.

—Ya luego Jordi me hizo ir con un terapeuta que me dijo lo que tenía, también me informó que no era para tanto. Ya lo decía yo… con ocho años ya nadie se muere por un bocadillo, pero según Jordi y el pediatra los dolores de barriga del niño fueron por comer platos fríos… “paanees rellenuuus con cualquiiiier cuuuosa” dijeron. —Esto último lo dijo imitando lo que Carmen supuso eran las voces de Jordi y el pediatra. Fue gracioso. Ambas rieron.

—He dejado a ese terapeuta. Ahora estoy con Daniel y Víctor ¿los conoces? —Carmen niega con la cabeza —¿Y a Emma? —De nuevo Carmen lo niega. —Daniel y Víctor son los administradores de Vida próspera, ellos saben de estos temas. Me han ayudado mucho, fíjate todo el tiempo que hemos estado aquí y no he mirado el móvil ni una vez. Y Emma es la administradora de la página de ajedrez. ¿No conoces ese juego? —Ante la nueva negativa de Carmen, Montse se extiende en su explicación sobre el ajedrez y el grupo, pero Carmen sólo escucha: «…no les gusta a todo el mundo, sólo lo juegan personas muy inteligente…» 

Los ojos de Carmen casi se salen de su órbita, acaba de descubrir cómo hacer realidad su deseo de año nuevo: «…que todos me reconozcan como una persona inteligente…», recordó haber escrito en su servilleta.

A medida que habla, Montse siente un exceso de saliva en su paladar y un sudor frío le comienza a nublar la mirada, que se divide entre el rostro de Carmen y su mudo móvil abandonado en el centro de la mesa. Aun así continúa el relato. Carmen se acerca más a ella, quiere absorber todas las palabras, los gestos. Siente que le transmite una revelación valiosa que la pone entre los elegidos, entre las personas inteligentes, su mente vuela al imaginar un juego de ajedrez con los administradores del grupo y cómo sería su vida, su casa, su Jordi, su hijo…

Cuando sus pensamientos se callan escucha que Montse continúa: —Me recomendaron que escribiera en una hoja lo que podría hacer si le dedicara tiempo a otra actividad diferente. Escribí “salir con amigas” y por eso te llamé… Además leer o hacer yoga no va conmigo. —Carmen vuelve a perderse en sus propios pensamientos. Recuerda de nuevo el momento cuando escribió sus propósitos y esboza una sonrisa.

Montse continúa sin dejar de observar de reojo el móvil, le da vueltas de vez en cuando con las manos sudorosas hasta que éste se cae al suelo. Que la pantalla se fracturara se interpreto como una mala premonición.

Índice

Publicado por rosaboschetti

Relatos, historias, ilustraciones… y flexiones sobre arte

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: