El arte advierte (4): «El huevo de la serpiente»

El arte advierte

La advertencia, a través de la divulgación del pensamiento, no solo es competencia de los artistas; también se refiere a estudiosos de diferentes ramas que actúan como faros para avisarnos hacia dónde nos dirigimos si seguimos el camino que nos señala el grupo dominante o «mano peluda» de la época, mediante las «tendencias» que hay que seguir. Aquí el arte es un arma de doble filo, ya que apela a la reflexión y al ser de fácil acceso, llega a la masa de forma «natural». Por eso «la mano peluda» ha mantenido y mantiene el control sobre lo que llamamos «cultura, corriente, actualizaciones» y esa es la razón por la cual el artista siempre necesitó de un «mecenas» o «protector», pero no para dar a conocer su trabajo, sino para que expresara lo que era necesario que se divulgara; de lo contrario, entra en juego la censura institucional o social.

La censura institucional es la supresión, control o limitación deliberada de la información, el arte, la ciencia o la libertad de expresión ejercida de manera formal por una organización, gobierno o entidad con autoridad legal o administrativa. Cuenta con el respaldo de normativas, leyes, burocracias o comités oficiales que dictan qué contenidos son aptos para el consumo público y cuáles deben ser prohibidos, alterados o castigados. Por lo general, crean malestar dentro de la sociedad y generan interés por aquello que se censuró.

La censura social es la presión, rechazo o silenciamiento que ejerce un grupo de personas o la sociedad en su conjunto sobre individuos cuyas opiniones, conductas o expresiones desafían las normas, valores o sensibilidades dominantes de una época. No emana de leyes, gobiernos ni decretos oficiales, no utiliza multas legales ni cárceles, sino que se aplica de manera informal y descentralizada a través de la desaprobación pública, el aislamiento y la condena del colectivo. El miedo a sufrir estas represalias provoca que muchos decidan callar sus verdaderos pensamientos. Es más efectiva, ya que es «silenciosa». La teoría de la espiral del silencio la propuso la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann en su obra «La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social» (1974).

A pesar de ese control silencioso y «desinteresado» del «mecenazgo», algunos pensadores, científicos y artistas rompieron las normas y dejaron apreciar en sus trabajos el punto «incómodo» que se deseaba ocultar. Son innumerables los ejemplos; sin embargo, solo voy a mencionar a unos pocos para no hacer este artículo tan largo. En lo que se refiere al arte, es más fácil observar el mensaje en el momento en que se transmite. Con la ciencia no. Cuando conocemos su existencia, por lo general, los resultados de esos experimentos ya están inmersos en nuestras vidas sin que lo hayamos notado.

Como ejemplo de pintores:

Michelangelo Merisi da Caravaggio

Entierro de Cristo
(Deposizione)
Hacia 1602-1604

Fue un «gran virtuoso» cuya obra continúa abriendo caminos. Retrata la realidad descarnada de la naturaleza humana, sirviendo como el antecedente directo de la «advertencia social» que más tarde adoptaría el Realismo. Su arte es interesante por lo que representa y sugiere; la técnica es un instrumento para transmitir algo mucho más humano, profundo y universal. Pinta escenas donde se despoja la idealización tradicional para advertir sobre la violencia real de los actos.

Francisco de Goya

Francisco de Goya. Museo del Prado. Madrid. España. Romanticismo. Aguafuerte y aguatinta sobre papel verjurado ahuesado.

(Los caprichos, especialmente «El sueño de la razón produce monstruos», 1799)

Una advertencia atemporal. Goya avisa de que si una sociedad abandona el pensamiento crítico, la educación y la razón, terminará siendo dominada por los monstruos de la ignorancia, la superstición y la violencia.

Entre los escritores:

Aldous Huxley, Un mundo feliz.

Publicada en 1932

La novela es una distopía que anticipa el desarrollo en tecnología reproductiva, cultivos humanos, hipnopedia y manejo de las emociones por medio de drogas (soma) que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad. Huxley advirtió del peligro de una sociedad dominada por el placer tecnológico, el consumo rápido y del «consumo del «soma» que nos hará felices, aunque ello nos convierta en seres conformes y adormecidos.

George Orwell, 1984.

Novela de ficción distópica, escrita entre 1947 y 1948 y publicada el 8 de junio de 1949.

Orwell nos advierte sobre cómo el miedo, la crisis económica y la apatía social son el caldo de cultivo perfecto para que surjan los totalitarismos y la pérdida absoluta de la libertad individual. Nos avisó del peligro del control totalitario a través de la vigilancia y el lenguaje. La novela popularizó los conceptos del omnipresente y vigilante «Gran Hermano» o «Hermano Mayor», de la ubicua policía del pensamiento y de la neolengua.

Michael Ende, La historia sin fin

Publicada en 1979

Como expresó el mismo Michael Ende en una entrevista para periódico “El País” el 22 de abril de 1984:
«…Cuando nos fijamos un objetivo, el mejor medio para alcanzarlo es tomar siempre el camino opuesto. No soy yo quien ha inventado dicho método. Para llegar al paraíso, Dante, en su Divina comedia, comienza pasando por el infierno. (···) Para encontrar la realidad hay que hacer lo mismo: darle la espalda y pasar por lo fantástico. Ése es el recorrido que lleva a cabo el héroe de La historia sin fin. Para descubrirse a sí mismo, Bastián debe primero abandonar el mundo real (donde nada tiene sentido) y penetrar en el país de lo fantástico, en el que, por el contrario, todo está cargado de significado. Sin embargo, hay siempre un riesgo cuando se realiza tal periplo; entre la realidad y lo fantástico existe, en efecto, un sutil equilibrio que no debe perturbarse: separado de lo real, lo fantástico pierde también su contenido…».

El libro es una obra de arte metaficcional absoluta que plasma visualmente las dos realidades usando tinta roja (para el mundo real de Bastián) y tinta verde/azulada (para el mundo de Fantasía). Advierte sobre el peligro de confundir el arte con la evasión vacía. Michael Ende nos advierte en el libro de algo que la película omitió: si Bastián se queda a vivir para siempre en Fantasía y solo pide deseos para entretenerse, va perdiendo sus recuerdos del mundo real hasta olvidar quién es. La «Nada» que destruye el mundo de Fantasía nace precisamente cuando los humanos dejan de creer en sus sueños y se entregan al cinismo y al entretenimiento masticable.

L. Frank Baum, El maravilloso mago de Oz.

Ilustrada por W. W. Denslow

Publicada en 1900.

Este libro oculta lecturas profundas que van mucho más allá de un simple cuento infantil. La hipótesis más famosa y estudiada es su alegoría político-económica del populismo estadounidense de finales del siglo XIX, realizada por el historiador, escritor y educador Henry Littlefield en 1964. Él explica que durante la década de 1890, Estados Unidos vivió un intenso debate sobre la política monetaria. Los agricultores y obreros (el movimiento populista) exigían el bimetalismo (añadir la plata como respaldo al dinero) para combatir la deflación, mientras que la élite financiera defendía mantener únicamente el patrón oro.

El camino de baldosas amarillas representa el patrón oro, un camino rígido que promete prosperidad pero está lleno de peligros. Los zapatos de plata, (en el libro original los zapatos son de plata, Hollywood los cambió por rubí en 1939 para aprovechar el tecnicolor). Simbolizan el poder que el pueblo tiene en sus manos para regresar a la normalidad económica, curiosamente Dorothy inicialmente no sabe cómo usarlos. Ella representa al ingenuo pueblo estadounidense, arrastrado por las fuerzas del entorno (el tornado). El espantapájaros encarna a los agricultores del medio oeste. Eran tachados de ignorantes o carentes de luces (por eso busca un cerebro), pero demuestran tener un gran sentido común y resiliencia. El Leñador de Hojalata, simboliza a los obreros de las fábricas urbanas. Deshumanizados y mecanizados por la Revolución Industrial, se han quedado «sin corazón» debido a las extenuantes jornadas laborales. El león cobarde, representa a los políticos con una retórica poderosa («un gran rugido»), pero incapaces o «cobardes» a la hora de enfrentarse a los poderes corporativos. La Ciudad Esmeralda, representa el centro del poder financiero. Para vivir en ella, todos deben ponerse obligatoriamente unas gafas verdes, lo que simboliza el engaño ilusorio del dinero verde (los billetes de dólar). El Mago simboliza a los presidentes charlatanes que gobiernan desde el engaño y las apariencias detrás de una cortina, incapaces de resolver los problemas de la gente y Oz, es una abreviatura directa de la medida de los metales preciosos onzas, u Oz.


También existe otra corriente de análisis esotérico. L. Frank Baum era un miembro activo de la Sociedad Teosófica fundada por Helena Blavatsky. Desde esta perspectiva, la historia se lee como el viaje de iniciación del alma hacia la iluminación. Aquí la simbología cambia un poco: El camino amarillo es el sendero dorado de la ascensión espiritual que debe recorrer el discípulo. Oz, es el plano astral o espiritual superior. Los Compañeros, representan las facultades humanas que el alma debe equilibrar: el espantapájaros, la mente lógica; el leñador de hojalata, el cuerpo emocional; el león cobarde , el instinto o la fuerza de voluntad y el mago simboliza a los falsos gurús o la ilusión del ego exterior. La verdadera magia y las respuestas ya estaban dentro de Dorothy desde el principio.

Película:

Se me ocurre que la más representativa, por su innumerable simbolismo, es:

El huevo de la serpiente, de Ingmar Bergman (1977)

El título de la película proviene de una metáfora clave pronunciada por el doctor Vergérus: «Cualquiera puede ver el futuro, es como un huevo de serpiente. A través de la fina membrana se puede distinguir el reptil ya perfectamente formado».

La película es ampliamente valorada por su asfixiante atmósfera visual y su capacidad para plasmar la desesperación humana ante el colapso de una sociedad. Para aquellos que no la conozcan he aquí un breve resumen:

La trama se ambienta en el Berlín de 1923, durante la convulsa época de la República de Weimar, marcada por una crisis económica devastadora, hiperinflación extrema, miseria social y una profunda decadencia moral. El protagonista es Abel Rosenberg (interpretado por David Carradine), un trapecista judío-estadounidense que se encuentra atrapado en Berlín tras el suicidio de su hermano. Él intenta sobrevivir en una ciudad al borde del abismo, mientras experimenta un clima creciente de paranoia, miedo y antisemitismo. A medida que avanza la historia, descubren que están siendo utilizados en brutales experimentos humanos dirigidos por un médico que anticipa los horrores de la experimentación nazi (el doctor Vergérus).

La película funciona como un retrato psicológico y social de los días previos a Hitler. Bergman muestra cómo las condiciones de miseria, el miedo y la alienación social crearon el caldo de cultivo perfecto (el «huevo») del que nacería, pocos años después, el nazismo. Utiliza elementos visuales y narrativos no sólo para retratar una época histórica, sino para explorar la degradación de la psique humana bajo el peso del miedo. El Huevo de la Serpiente simboliza la transparencia del horror inminente y es visible para quien lo quiera ver.

Son muchos y muy ricos los símbolos que utiliza: Abel y su hermano son trapecistas. El circo funciona como una metáfora de la inestabilidad existencial y social de la República de Weimar. La vida de los protagonistas es un constante acto de equilibrio sin red de seguridad. Representa el colapso económico y la falta de certezas del ciudadano común. Al no poder trabajar en el trapecio, Abel, con la pérdida de su arte, pierde también su identidad y su propósito, quedando a merced de los instintos más bajos de supervivencia. El hospital donde se realizan los experimentos secretos representa la institucionalización de la crueldad y el nacimiento del totalitarismo moderno. El doctor Vergérus no actúa por sadismo tosco, sino con una frialdad clínica y científica. Simboliza la burocracia técnica que más tarde haría posible el Holocausto. Las cámaras y espejos ocultos que utiliza el doctor para observar el colapso mental de sus sujetos simbolizan la pérdida absoluta de la privacidad y el control totalitario del Estado sobre el individuo. La puesta en escena y la fotografía (a cargo del maestro Sven Nykvist) transforman a Berlín en un personaje simbólico.
Las calles oscuras y el barro reflejan la descomposición moral. La ciudad es retratada como un purgatorio asfixiante donde imperan la prostitución, el alcoholismo, la violencia y el cabaret funciona como una fachada de alegría falsa que intenta ocultar la miseria. Es el último refugio de una sociedad que prefiere evadirse antes que enfrentar la realidad del monstruo que está creciendo a su alrededor. Las escenas donde la gente lleva maletas llenas de billetes devaluados para comprar un trozo de pan simbolizan la disolución de las reglas sociales. Cuando las instituciones básicas (como la economía) pierden su valor y su sentido, la moral individual también se desploma, dejando paso a la ley del más fuerte. En resumen, Bergman utiliza estos símbolos para demostrar que el totalitarismo no se impone únicamente por la fuerza de las armas, sino que se gesta en el miedo, la humillación económica y la indiferencia espiritual de las personas.

Ópera:

Richard Wagner

«El anillo del nibelungo» de Richard Wagner (estreno el 16 de agosto de 1876). Más allá de los mitos, es una colosal advertencia sobre cómo la ambición ciega por el poder, el dinero (el oro) y la explotación de la naturaleza terminan destruyendo la civilización y destruyendo la propia humanidad.

Series:

Revolution

Inicio 2012. Cancelada por la NBC en 2014.

Nos advierte sobre la absoluta fragilidad de nuestro estilo de vida tecnológico. Al plantear un mundo donde de repente la electricidad deja de funcionar para siempre, actúa como una alerta: nos avisa de lo rápido que colapsarían nuestras democracias, nuestras leyes y nuestra humanidad si nos quitan las comodidades modernas surgidas de la Revolución Industrial. Nos advierte de que el salvajismo está a solo un interruptor de distancia.

Los 100

2014/2020

Es una advertencia política y social brutal.

Nos avisa de que el ser humano, incluso al borde de la extinción total tras un holocausto nuclear, es incapaz de escapar de sus propios vicios: la guerra, la división en bandos ciegos, el totalitarismo y la justificación de atrocidades en nombre de la supervivencia colectiva. Plantea de forma cruda los dilemas de cómo se resuelven los conflictos de autoridad cuando no hay puentes para el diálogo real.

La advertencia científica

El experimento «Universo 25» fue un famoso y controvertido estudio de psicología social y ecología conductual realizado entre 1968 y 1973 por el etólogo estadounidense John B. Calhoun. El experimento diseñó una «utopía para ratones» con recursos ilimitados, con el fin de analizar los efectos de la sobrepoblación extrema en el comportamiento. Su resultado fue el colapso absoluto de la colonia, un fenómeno que Calhoun denominó «drenaje conductual» (behavioral sink).

El experimento «Universo 25» o «La utopía de los ratones»

Llevado a cabo por el etólogo John B. Calhoun entre 1968 y 1973.

Calhoun construyó un hábitat cuadrado de 2,7 metros de ancho por 1,4 metros de alto, diseñado para albergar cómodamente hasta 3.800 ratones. Había agua y comida ilimitadas en múltiples dispensadores, abundante material para nidos y total ausencia de depredadores o enfermedades. Comenzó con 4 parejas de ratones sanos (4 machos y 4 hembras).

En la fase A: los ratones se adaptaron, marcaron territorios y comenzaron a reproducirse rápidamente.
Fase B: La población se duplicaba cada 55 días. Llegaron rápidamente a los 620 ratones. La jerarquía social empezó a tensarse.
Fase C: El crecimiento se ralentizó. La población máxima alcanzó los 2.200 ratones (muy por debajo de la capacidad física del hábitat). El espacio social se saturó y las interacciones forzadas constantes destruyeron el tejido social.
Fase D: La colonia dejó de reproducirse por completo. El último ratón con vida nació en el día 600 y eventualmente, la población entera murió de vejez, extinguiendo el «Universo 25».

Al no haber amenazas externas ni necesidad de luchar por recursos, el exceso de densidad demográfica provocó patologías extremas en los ratones:
1.- «Los hermosos» (The Beautiful Ones): Un gran grupo de machos jóvenes que se aislaron por completo de la sociedad. Rechazaban pelear, marcar territorio o aparearse. Su única actividad diaria consistía en comer, dormir y acicalarse el pelaje (de ahí su nombre). No tenían cicatrices y carecían de cualquier instinto social o sexual.
2.- Hiperviolencia e hipersexualidad: Los machos dominantes se volvieron incapaces de defender sus territorios y se tornaron agresivos al azar, atacando a hembras y crías. Otros machos se volvieron hipersexuales, intentando aparearse con cualquier ratón sin distinción de sexo o edad.
3.- Destrucción de la maternidad: Las hembras, al verse obligadas a defender sus nidos debido a la inacción de los machos, adoptaron conductas agresivas que volcaron contra sus propias crías. Dejaron de amamantarlas, las abandonaron o incluso las mataron.

«Los hermosos» The Beautiful Ones

Calhoun concluyó que cuando un espacio físico se satura con una población que se ve privada de desafíos, se anulan sus roles sociales, se produce la «primera muerte» (la del espíritu y el tejido social) y el espacio social se destruye. Formuló que el fin de una especie ocurre en dos etapas: La primera muerte (Muerte espiritual o social): Los individuos pierden la capacidad de ejecutar comportamientos complejos y vitales (cortejo, crianza, defensa, organización social). Aunque sigan vivos biológicamente, ya están «muertos» socialmente. La segunda muerte (Muerte biológica): La incapacidad absoluta de reproducción lleva irreversiblemente a la extinción de la especie.

Calhoun creó un paraíso perfecto para ratones: comida ilimitada, agua, sin depredadores, sin enfermedades y con espacio de sobra. Una utopía material. Al no tener que luchar por la supervivencia, los ratones cayeron en lo que él llamó el «drenaje conductual» (un colapso social absoluto).

Y entre los filósofos: Friedrich Nietzsche y Byung-Chul Han

Byung-Chul Han

Filósofo católico y ensayista, experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín.

El filósofo y ensayista surcoreano Byung-Chul Han (Seúl, 1959) es uno de los pensadores contemporáneos más leídos del siglo XXI.

Su pensamiento se caracteriza por realizar una crítica mordaz al capitalismo tardío, la hiper conectividad digital y la auto explotación, utilizando una prosa ensayística breve, afilada y muy accesible. A continuación y a muy grosso modo señalo los pilares de su pensamiento y sus obras fundamentales: En «La auto explotación y el rendimiento«: Han sostiene que hemos pasado de la «sociedad disciplinaria» del siglo XX (teorizada por Foucault, basada en hospitales, cárceles y fábricas que imponían el «deber») a la sociedad del rendimiento del siglo XXI. El individuo moderno no está explotado por un amo externo, sino que se explota a sí mismo voluntariamente bajo la ilusión de la libertad y el «tú puedes». El trabajador se convierte en el esclavo y el amo de su propio cuerpo y tiempo.

En su obra «La sociedad del cansancio», explica cómo esta auto explotación sistémica conduce inevitablemente al colapso psíquico.

Enfermedades como la depresión, el burnout (síndrome del quemado) y el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) no son infecciones, sino infartos del alma provocados por el exceso de positividad y la incapacidad de decir «no».

El panóptico digital (concepto moderno que describe cómo la tecnología y las redes sociales vigilan y controlan a las personas de forma invisible y voluntaria) y la pérdida de la intimidad: El filósofo analiza cómo el entorno digital ha transformado radicalmente las relaciones humanas y la política, creando una falsa sensación de libertad.

En su obra «La sociedad de la transparencia» (2012), afirma que la transparencia total que nos exige el mundo moderno no genera confianza, sino que destruye la cercanía y el secreto. Las redes sociales funcionan como un panóptico digital donde no hay muros ni vigilancia violenta; nos exhibimos voluntariamente desnudando nuestra intimidad por el ansia de recibir likes.

«En el enjambre» (2013), nos habla del enjambre digital: A diferencia de las masas tradicionales que podían unirse para hacer una revolución, el usuario digital forma parte de un enjambre. Un grupo de individuos aislados, hiperconectados pero incapaces de organizarse en una acción política colectiva o con «sentido común» propio.

En «La agonía del Eros» (2012), explora cómo la mercantilización y la velocidad del capitalismo destruyen los vínculos profundos. Vivimos en el «infierno de lo igual». Al buscar la gratificación instantánea y evitar cualquier forma de sufrimiento o alteridad, volvemos todo consumible. El amor (el Eros) agoniza porque exige entregarse al «Otro», aceptar la vulnerabilidad y el misterio, algo incompatible con el narcisismo digital. En «La desaparición de los rituales» (2019), explica que los rituales crean comunidad, detienen el tiempo y dan estabilidad a la vida a través de la repetición. Al ser sustituidos por el consumo constante de cosas nuevas e información efímera, perdimos la capacidad de habitar el mundo de forma simbólica.

En sus producciones teórica más reciente analiza el paso de la materia a la información. En «Infocracia» (2022) reflexiona sobre cómo el régimen de la información digital sustituye a la verdad por la efectividad de los datos. Los algoritmos y las fake news ya no controlan solo lo que compramos, sino cómo votamos, destruyendo el debate democrático racional. Y en su obra «No-cosas» 2021), explica que ya no habitamos un mundo de objetos físicos estables (como un libro de papel o una mesa), sino de información y datos efímeros (pantallas, notificaciones) y cómo esto nos distancia de la realidad tangible.

Byung-Chul Han define al arte como un espacio de resistencia, contemplación y negatividad que se opone a la sociedad del rendimiento y al consumo rápido.

Para Han, el verdadero arte requiere de la negatividad, entendida como la presencia del dolor, la alteridad, la extrañeza o el conflicto. El autor afirma tajantemente que «sin daño, ni la poesía ni el arte son posibles». Ya que afirma que el arte auténtico debe sacudir, interpelar y herir al espectador para forzarlo a salir de su zona de confort. El arte exige capacidad de demora, es decir, el acto de detenerse y contemplar en silencio. Vincula la experiencia estética a los rituales y al juego: actividades que crean comunidad y no sirven a un propósito mercantil, rescatando un tiempo sagrado frente al tiempo acelerado del hiperconsumismo.

Friedrich Nietzsche

Friedrich Nietzsche (1844–1900) fue un influyente filósofo, poeta y filólogo clásico alemán, considerado uno de los pensadores más revolucionarios de la modernidad.

Su pensamiento se basó en una crítica radical a la religión, la metafísica occidental y la moral tradicional, a las cuales acusaba de debilitar y negar la fuerza vital del ser humano.

Nietzsche no anunció la «muerte de Dios» como una celebración atea, sino como un diagnóstico cultural e histórico de Occidente. Significa que la sociedad moderna ha dejado de creer en un orden moral superior o en verdades absolutas que justifiquen la existencia. Esto abre la puerta al nihilismo (la pérdida de sentido y de valores). Frente a esto, advirtió que la humanidad corría el riesgo de caer en el desgano absoluto o de crear falsos sustitutos ideológicos si no era capaz de crear sus propios valores.

Para Nietzsche, la fuerza motriz del universo y del ser humano no es la mera supervivencia, sino el impulso intrínseco de expandirse, auto-superarse, crear y dominar creativamente las propias circunstancias. El Übermensch (El superhombre), es una figura filosófica creada en su obra «Así habló Zaratustra» que representa al ser humano capaz de superarse a sí mismo, rechazar la moral tradicional y crear sus propios valores. Es el individuo que logra superar el nihilismo provocado por la muerte de Dios. No es un conquistador militar, sino un creador de sus propios valores, un espíritu libre que ama la vida con todas sus tragedias (Amor Fati) y que define su propio destino sin depender de la aprobación de la masa.

«El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música» (publicado en 1872)

En este, su primer libro, el filósofo introduce los dos impulsos estéticos fundamentales de la cultura griega: Lo apolíneo (Apolo): Representa el orden, la belleza formal, la medida, la luz, la razón y las artes plásticas (como la escultura). Es la fuerza que da estructura, claridad y contorno a la realidad a través de la ilusión del sueño. Lo dionisíaco (Dioniso): Encarna la pasión, el caos, la embriaguez, la música, el riesgo y la fuerza vital desatada. Es la disolución de los límites individuales que conecta al ser humano con el fondo trágico de la naturaleza.
Nietzsche argumenta que la cumbre del arte occidental —la tragedia griega de Esquilo y Sófocles— nació precisamente de la fusión perfecta y equilibrada entre ambas fuerzas. Lo dionisíaco aporta la energía desbordante y dolorosa de la existencia, mientras que lo apolíneo la transforma en una forma bella, soportable y contemplable para el espectador. El declive del arte comenzó, según él, cuando Sócrates y Eurípides impusieron la racionalidad extrema, sepultando el impulso vital dionisíaco.

En esta obra, trata del nacimiento de la tragedia ática, de los motivos estéticos que la inspiraron y de las causas de su desaparición. Explicó que el arte necesita una fuerza «dionisíaca» (pasión, caos, fuerza vital, riesgo) combinada con lo «apolíneo» (orden y belleza).

Nietzsche es el filósofo de la advertencia por excelencia. Él criticaba con dureza a la sociedad de su época (que ya empezaba a ser una sociedad de masas) porque veía que las personas preferían la comodidad, el conformismo y la seguridad antes que el esfuerzo de crear sus propios valores. Llamó a esto la «moral de rebaño«.

A manera de conclusión

El arte refleja la realidad bajo un criterio crítico (capacidad humana de evaluar, juzgar y emitir opiniones fundamentadas sobre una idea, obra, situación o comportamiento). No se trata de «criticar» en el sentido negativo de censurar, sino de aplicar el pensamiento crítico para ir más allá de las apariencias y las respuestas simples; de pensar por uno mismo. Implica no aceptar verdades absolutas ni dogmas solo porque provengan de una autoridad, una mayoría o un algoritmo. Es la capacidad de descomponer un problema en sus partes, verificar la veracidad de los datos, identificar sesgos cognitivos, evaluar la lógica de los argumentos y tener la disposición a cambiar de opinión si se presentan evidencias sólidas que contradigan las creencias previas.

Cuando se elabora una idea tomando en cuenta este criterio crítico, el arte actúa como un vehículo para transmitir el mensaje y funciona cómo alarma profética del futuro al advertir a la sociedad sobre algún peligro que para el artista/pensador/científico es evidente (obviamente, sin dejar a un lado el criterio crítico).

El entorno moderno, dominado por el dinero rápido, el exhibicionismo digital y el temor a la censura social, empuja a los creadores a refugiarse en los algoritmos para saber cómo expresarse «correctamente», ignorando que estas herramientas están diseñadas únicamente para automatizar el entretenimiento. Esta crisis demuestra que el arte, bajo una mirada lockeana, corre el riesgo de llenarse de destellos rápidos y vacíos en una sociedad que solo vive de las pantallas. El arte kantiano exige un espectador activo que participe en la propuesta intelectual y no un mero consumidor pasivo. Al eliminar la necesidad de luchar por sobrevivir debido al exceso de comodidad o al refugiarse en el entretenimiento masticable, llegamos a lo que describe Byung-Chul Han: al «infierno de lo igual» y la humanidad se acerca a la profecía nietzscheana de la moral de rebaño y al colapso del «Universo 25» de Calhoun: individuos apáticos, con hiperviolencia e hipersexualidad, aislados en un consumo estético superficial, que sufren una muerte espiritual previa a la extinción física. En mi opinión, la responsabilidad del artista es negarse, de forma rotunda, a ser uno más en el rebaño y asumir su propia propuesta creadora en lugar de usar la tecnología, los algoritmos o la «mano peluda» como excusa para evadir su propio vacío intelectual.

Es cierto que los mecenas de antaño fueron sustituidos por empresas y corporaciones anónimas. El artista dejó de ser un protegido para convertirse en un asalariado «deseoso» de cumplir normas comerciales. Un panorama agravado hoy por el uso de algoritmos que garantizan la aceptación masiva sacrificando el riesgo intelectual. Esto nos alejaron de los pensamientos de John Locke (el empirismo y la mente como una tabula rasa que absorbe y refleja la experiencia viva); Immanuel Kant (el arte verdadero exige un juicio libre y una «satisfacción desinteresada» ajena al beneficio rápido); Byung-Chul Han (el arte como un espacio de resistencia, contemplación y negatividad que se opone a la sociedad del rendimiento y al consumo rápido) y Friedrich Nietzsche (la advertencia contra la «moral de rebaño» y la necesidad de equilibrar la pasión dionisíaca con el orden apolíneo).

Para Nietzsche, «tenemos el arte para no morir a causa de la verdad». El arte es la forma suprema de la Voluntad de Poder; no debe ser un adorno moral ni burgués, sino una fuerza trágica y vital que confronta al ser humano con su realidad desnuda (lo dionisíaco). Nietzsche describió de forma profética al «Último Hombre» (Der letzte Mensch), el ser humano que vive en la era del nihilismo pasivo: un individuo cómodo, que evita cualquier tipo de conflicto, dolor o riesgo, buscando solo el entretenimiento estéril y el confort físico. Este «Último Hombre» de Nietzsche es el equivalente exacto de «Los hermosos» del experimento de Calhoun y del «sujeto de rendimiento» cansado y anestesiado que describe Han.

Para Han, el arte contemporáneo corre el peligro de volverse meramente «pulido» (estética de lo liso, como los iPhones o las esculturas de Jeff Koons, (escultor, empresario y pintor estadounidense), un arte comercial que no duele ni cuestiona. El verdadero arte, bajo su óptica, debería ser aquello que interrumpe el flujo de la información, que introduce el misterio, la negatividad y obliga al espectador a detenerse y contemplar en silencio en un mundo que no para de producir.

Nietzsche ya vio venir el peligro del entretenimiento automatizado: una cultura que anestesia a la población para que no piense por sí misma. Ese «entretenimiento» nos hace adictos y nos adormece en el conformismo de la mayoría.

Cuando le quitas al ser humano la necesidad de luchar por “sobrevivir”, bien sea por exceso de “comodidad” o porque se han creado falsos conceptos de sobrevivencia, la sociedad corre el peligro de convertirse en «Los hermosos» de Calhoun: individuos aislados que solo buscan el consumo estético, la comodidad pasiva y el entretenimiento automatizado, sufriendo una especie de «muerte espiritual» antes de la extinción física y se convierte en el humano que busca «en carne propia el destino de los dinosaurios». Y esto se puede lograr a través de la apatía mental. Al no saber reconocer un hecho o una amenaza real, necesitan que “alguien” resuelva el problema, que guíe sus pasos, porque, al igual que los ratones del experimento Universo 25, ya no está en capacidad de poner en práctica sus instintos ni el intelecto.

El experimento Universo 25 funciona como una brutal advertencia social que encaja de forma milimétrica con el pensamiento de Byung-Chul Han. Los ratones «Los hermosos» de Calhoun (aislados, narcisistas, obsesionados con su estética, incapaces de vincularse con el «Otro» y vacíos de propósito en un entorno hipersaturado de positividad y recursos) son el equivalente biológico exacto del «sujeto de rendimiento» y el narcisismo digital que describe Han en su obra. Ambos escenarios advierten que la ausencia de negatividad, de límites y de misterio destruye los vínculos profundos y colapsa a la comunidad.

Es oportuno recordar las palabras que Immanuel Kant nos dejó en su libro «Crítica de la razón pura»: «La Ilustración significa el abandono del hombre de una infancia mental de la que él mismo es culpable. Infancia es la incapacidad de usar la propia razón sin la guía de otra persona. Esta puericia es culpable cuando su causa no es la falta de inteligencia, sino la falta de decisión o de valor para pensar sin ayuda ajena. Sapere aude «¡Atrévete a saber!» He aquí la divisa de la Ilustración.»

Reflexión anterior: El dilema del arte urbano contemporáneo y la domesticación de los clásicos (3)


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