Maullidos de amor. Parte V
Al llegar encendió el televisor, se sentó con cansancio y saludó. Sus palabras se escucharon como frágiles susurros. En ese momento los pensamientos se atropellaron en su mente, no podían salir de forma organizada y coherente. Necesitó unos minutos para organizarlos, una segunda oportunidad para expresarse mejor, mientras sentía que la mirada de Romina le acobijaba al acomodarse en el sofá, entrecerrar sus ojos y esperar paciente.
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