Un abrazo al alma. Parte IX
El maullido que escuché esa tarde me hizo pensar que un gato grande pedía ayuda, pero al buscar por la acera me encontré con una gata de pocos días y al cargarla, cupo en el bolsillo de la chaqueta. Con ella allí, seguí el camino sin dejar de escuchar el concierto de esa pequeña, que no paró de maullar hasta encontrarnos dentro de la casa.
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