Masaje en el corazón. Parte VIII
El viento se mueve con la pereza de los tiempos. Emite sonidos, pero su soplo tan solo atina agitar algunas ramas de las copas de los árboles más altos. No logra mover las hojas caídas ni aplaca el calor sofocante. Dentro del hogar, un silencio aterrador consume mi poca energía. Salgo en busca de algo que alegre mi corazón desolado; sin embargo, el paisaje no alivia mi tristeza y las personas con las que me encuentro hablan de temas desconocidos, sus oídos no logran entender mis palabras y yo no atino a pronunciar otras que sean válidas para ellos.
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