El expulsado: desplomada de la cima (10) Evitar la rutina (11)

Desplomada de la cima, privada de la gloria

Con las nuevas medidas del transporte la hora de llegada es justa, agotadora. Atrás quedaron, como algo que nunca ocurrió, los cafés pre-jornadas, las bromas y las charlas inconclusas de las mañanas. Saturnino Segundo no supo si los demás pasan por las mismas incomodidades con los autobuses de la institución, no se atrevió a preguntar por temor a parecer un inconforme. Nadie habla de ello. Lo mal que va el tráfico es aún el tema preferido a la hora de descanso, con los mismos «algos de siempre» y los rumores de última hora.

El alivio por no ser el cuestionado del día se ve eclipsado ante el susto de saberse el autor de los nuevos murmullos. Comprobó que estaban inspirados en los comentarios que hizo aquella noche que las copas le habían hecho hablar de más. Sus chistes sobre el trabajo de Anier se agregaron a los rumores, que ya corrían sobre su vida privada, como verdades absolutas. No puede mirar Anier sin pensar que lo dicho por él sin mala intención, se ha convertido en «Los recientes aportes de Molina»

Saturnino Segundo (silueta) llega al trabajo. Atrás quedaron sus cafés pre-jornada
Atrás quedaron sus cafés pre-jornada

La jornada transcurre con mucha actividad, sin embargo Saturnino Segundo está disperso. No puede mirar Anier sin sentirse culpable. En su mente se repite: «Esas tonterías las dije sin mala intención, además son cosas sin importancia… y ahora están en la boca de todos, distorsionadas». Con estas palabras trata de convencerse de su inocencia, mientras intenta trabajar.

—Desconozco la expresión de tu cara —dijo Anier con un tono suave y expresión perpleja. ——Estás muy distraído Saturnino Segundo. ¿Qué te pasa? ¿tienes resaca? De nuevo te dejaste sin terminar algunos aspectos. Tienes que centrarte en los puntos a tratar. —dice Anier al devolverle otro informe incompleto.

—Sabes, estoy cansado de ayudarte con tu trabajo. Esto no me reporta ningún beneficio —Saturnino Segundo alza la voz de golpe. —Estás empeñada en ponerme a trabajar en lo menos productivo de la investigación, para mí es una pérdida de tiempo. —continuó sin bajar el volumen de su voz para tratar de callar sus voces internas, esas que le repiten los desatinados comentarios que hizo sobre ella.

——Puedes ser más concreto, por favor… cuál es tu punto? —interrumpe Anier. —Explica mejor tu queja —continúa Anier perpleja, pero con un tono suave.

Saturnino Segundo empezó a dar vueltas con frases y chistes. Mezcla sus voces internas con los comentarios escuchados sin concretar ningún reclamo, por lo que Anier comenzó a ocuparse de su trabajo y deja de prestar atención a sus palabras.

En el fondo él se alivió. Llegado a este puto había deseado mantenerse al margen, sin embargo no podía dejar de lado su remordimiento, tiene que saber si de verdad ella desconoce lo que circula por allí. Además estaba lo dicho por las barajas: «Desplomada de la cima, privada de la gloria».

En un impulso decide mostrarle el video, ese que aún ni él se ha atrevido abrir.

—¿Esto es lo que te hace ser una mujer de éxito? —preguntó Saturnino Segundo con el video en la pantalla de su móvil.

En el cubículo que comparten en el trabajo, Saturnino mostró el video Anier
Mostró el vídeo

Las carpetas y papeles que Anier revisaba cayeron al suelo, al mismo tiempo que exige:

—¿POR QUÉ ASUMES QUE SOY YO? Explícate, por favor.

Saber la verdad sobre el video
Para saber la verdad, el vídeo lo ven la abeja, Saturnino y Anier

—Me enteré de manera casual y bien visto, puede ser cualquiera la verdad… pero se rumorea que en las reuniones haces cosas ya sabes… poco ortodoxas, no lo sé, no lo he visto ni me interesa la verdad. —Balbucea Saturnino Segundo. —Y no veas lo que hablan sobre los errores en los informes, esos que me achacas a mí… —No es asunto mío, ni yo soy quién para juzgarte, pero que sepas que estoy al margen de todo y que no me interesa —dice, ya seguro de que no está al tanto de los rumores, mientras piensa: «por lo menos me hubiera dado las gracias por informarle»

—¿POR QUÉ ASUMES QUE SOY YO? Te he preguntado! Ni se ve le ve cara!

Anier pide más explicaciones que Saturno Segundo no puede dar …

—Yo que sé! Anier hasta ahora ni lo habia visto! creeme! Me enteré de manera casual… pero a dónde vas? —grita Saturnino Segundo hasta quedarse solo. Anier a salido del cubiculo.

Saturnino Segundo se queda solo sin saber muy bien qué hacer. Una vibración del móvil le hace bajar la mirada. Es un mensaje de Daniel: «Ven a la tertulia de mañana en la tarde. Te envío la dirección» En el estado de nervios que está dejó el mensaje en visto… de momento.

10


Páginas: 1 2

El expulsado: como nave sin marinero (8)

En la mañana escuchó en eco a los medios de comunicación y se apresuró con su rutina, sabía que no era fácil encontrar un transporte. Atinó decirle a Bram desde la puerta «No puedo usar el coche, sólo circulan los autorizados».

compañeros de trabajo ríen por lo desatinado de la combinación de la ropa de Saturnino Segundo
Desatinado de su combinación

Llegó al trabajo, los rumores estaban muy avanzados. Se alivió al comprobar que su trabajo no fue el cuestionado, tampoco en estos cuchicheos. No le dio tiempo de decir su habitual: «Hay que ser más inteligente para la próxima vez» porque, como en un déjà vu, una voz se alzó por encima de la suya: «Molina necesita una novia que lo ayude» y volvieron a reírse por lo desatinado de su combinación con observaciones cada vez más hirientes. «¿Van a volver con el mismo tema?» se preguntó para sí mismo con asombro.

—Todo debe reflejar prosperidad —dijo uno que puso cara de circunstancia.

Saturnino Segundo interrumpe, como de costumbre al sentirse vulnerable:

—Pregunta: ¿Cómo desaparecieron los Mayas? Respuesta: Los sustituyeron los leggins.

Logró desviar la conversación hacia nuevas bromas hasta que llegó el momento de retirarse a sus respectivos puestos de trabajo. Saturnino Segundo caminó rápido: «¡Todos los días lo mismo! ¿Qué más da lo que lleve puesto?… ni mi padre logró que cambiara ¡Joder con esta gente!… ¡Al final Bram tendrá razón!» pensó.

A media jornada son convocados al salón de reuniones. Saturnino Segundo entró y buscó en los ojos de los demás respuestas. Entre los presentes se respiró nerviosismo, «es la primera vez que se ha interrumpido la jornada de ese modo» murmuran al encontrarse. Solo faltan los directores, demás cargos importantes y algún que otro despistado por llegar, el resto asistió puntual.

Primera reunión en el salón de reuniones y conferencias del trabajo de Saturnino Segundo
Salón de reuniones y conferencias. Reunión 1

A los pocos minutos entró Daniel seguido por varios de los cargos importantes menos por Anier, quien se detuvo en la puerta del salón de reuniones, sin dejar de hablar por el móvil y no llegó a entrar, dió media vuelta y se retiró. Daniel hizo una pausa que evidenció el rechazo de ella. Luego con palabras grandilocuentes agradeció la asistencia masiva y como responsable de la reunión, indicó que con ello ratificaban la aceptación de lo que él venía anunciar.

📢…Han sido muchos los que se han retrasado en estos días…

La charla se hizo pesada, Saturnino Segundo dejó de interesarse. Comenzó a contar los minutos que quedan para poder tomarse su segundo café del día, mientras pensó: «¿Se consume el tiempo de descanso!» El fastidio lo empujó a escuchar fragmentos.

📢… parte del conjunto de mejoras son los autobuses dispuestos

Se consoló con un «Por lo menos no hay que luchar por buscar autobús»

Al llegar la hora de irse, se encontraron con las puertas bloqueadas. Les hicieron formar una fila para darles las acreditaciones que les permitirían subir a los vehículos.

Ordenados, en silencio, pacientes, uno detrás de otro en la lenta fila hacia la salida, así se veían desde lejos. «Bueno es la primera vez, lógico que tarden un poco…» decía Saturnino Segundo para sus adentros en un intento por silenciar sus quejas internas (que ya amenazaban con encontrar salida a través de la boca)

Buscó distraerse. Observó a los demás que por sus caras, parecían estar en el mismo proceso interno de auto-calma. A la lentitud se le sumó la voz impersonal de los altavoces dispuestos por todo el edificio, con su anuncio en bucle:

📣« …A partir de este momento está prohibido utilizar el aparcamiento del recinto para todos los vehículos particulares y no autorizados. Recuerden que estas medidas se toman por el bien común…»

Por fin llegó su turno.

Con las credenciales y una carpeta en mano se vio al frente del autobús al cual fue asignado.

📣« …A partir de este momento está prohibido utilizar el aparcamiento del recinto para todos los vehículos particulares y no autorizados. Recuerden que estas medidas se toman por el bien común…»

Reconoció algunos rostros en esa otra fila que se movió un poco más rápido que la anterior.

📣« …A partir de este momento está prohibido utilizar el aparca…

📣 … miento del recinto para todos los vehículos particulares y no autorizados. Recuerden que estas medidas se toman por el bien común…»

Antes de subir al vehículo los de la fila son enumerados por una persona que toma notas en una carpeta del mismo color del autobús y su uniforme, para luego indicar el puesto asignado. Uno a uno. Así supo que iba con otras 49 compañeros de empresa.

📣 …A partir de este momento está prohibido utilizar el aparcamiento del recinto para todos los vehículos particulares y

Se sentó en el puesto señalado y se alegró al ver que conocía al compañero de asiento. Luego de un rato Saturnino Segundo rompió su silencio para decir:

—No te parece que Economía y geografía ambiental rural y urbana para un próspero desarrollo sostenible a largo y mediano plazo, es un título un poco exagerado. Me gustaba más el anterior, más simple.

—Ah! Molina abre tu mente a nuevos vocabularios, igual no lo entiendes. —El compañero no siguió ese hilo, cerró los ojos como preparativo para un largo viaje, aún faltaban 25 personas por subir.

📣 …Recuerden que estas medidas se toman por el bien común…»

Saturnino Segundo sonrió ante el comentario, no pronunció ninguna frase graciosa ni sacó a colación ningún chiste para amenizar el viaje. Para distraerse un poco Saturnino Segundo sacó su móvil y su app de lectura.

Lee: El proceso de Franz Kafka (leer aquí)

El trayecto se hizo eterno. A ratos levanta la vista sin reconocer el paisaje, desea llegar rápido.

De forma monótona el asistente de la conductora anuncia el nombre del que debe bajarse. Este entrega la carpeta repleta de papeles que le dieron al subir. El asistente de la conductora los revisa uno por uno, con una paciencia meticulosa y le entrega una copia sellada. Así Saturnino Segundo se enteró que dentro de la carpeta había algo que debía firmar. Retomó la lectura.

Al cabo de unas cuantas pantallas guardó el móvil para revisar la carpeta: Eran las normas, el horario y la ruta. Las revisó compulsivamente, comprobó que su parada quedaba a diez calles de su casa. Sus ojos avanzan hacia el horario de recogida, cayó en cuenta que debía estar en la parada a las seis de la mañana en punto.

Una de las normas salió del papel para llamar su atención, pero el agotamiento hizo que no se detuviera en ella.

Entre cabezadas comenzó a enumerar lo que creyó, porque así lo quiso, eran ventajas de su nueva situación: Ahorrar combustible, leer en el trayecto de ida y venida… no encontró más. De momento éstas valían.


Para avanzar es necesario que recuerdes ¿dónde vive Saturnino?

Mapa de la ciudad ficticia de Agnus. Código postal y clima
Agnus: Código postal 1018 Tiempo: 🌥 Despejado, con intervalos nubosos · 11 °C
Mapa de la ciudad ficticia de Agnus. Detalle del piso de Daniel, necesario para saber donde pasó a noche Saturnino Segundo y avanzar en juego de historias
Piso de Daniel. Calle 28 de noviembre con séptima avenida. 1018. Agnus
Mapa de la ciudad ficticia de Agnus. Detalle del Hostal Tandem, necesario para saber donde pasó a noche Saturnino Segundo y avanzar en juego de historias
Hostal Tandem. Calle Subsisto, 20, 1018. Agnus

8


El expulsado: coronado con prosperidad (4a)

Regresó a casa de sus padres y esa tarde fue igual a todas, parecía que nada hubiese pasado. Él y su «amigo» se refugiaron en la habitación, cerró la puerta con llave, dejó de nuevo a sus padres con sus voces llenas de reproches. Bram está algo hambriento, deseoso de hablar, pero también con ganas de escuchar sobre el día de Aarrnino, como acostumbra llamarlo.

Esa abeja ronda la habitación de casa de los padres de Saturnino Segundo. La ventana, ropa y una planta con hierba de gato. Música
Esa abeja

Solos en la habitación Aarrnino le habló de la escena durante el café de la mañana  «estaban critican que critican a uno por un informe y de golpe saltaron ¡que me faltaba una novia..! porque y que ¡no se vestirme! qué tontería» Dijo más cosas sobre su jornada. «Transcurre con más pena que gloria, querido Bram»También hizo alusión al interés de Anier «como si le importara» decía entre carcajadas y conectó los altavoces al móvil para compartir su canción…

🔊 …A la sombra en el oasis ♫ que me inventé..♪♪

Bram escuchó una voz melódica a la par que la de Aarrnino, quien repitió las palabras de Víctor mezcladas con sus propias impresiones y sentimientos. Bram entendió a la perfección que Aarrnino se había sentido observado, con extremo detenimiento. «Como si Víctor estuviese de cacería, ya sé cómo se siente una cucaracha al ser perseguida» dijo entre risas.

La conversación es un poco atropellada, Saturnino Segundo está eufórico ante la posibilidad de mudarse. Enumera las ventajas y desventajas de la propuesta de Víctor sin darle tiempo a Bram de participar de forma activa en la conversación. Este supo que sólo podría opinar al terminar Aarrnino, así que se lo tomó con calma y posó de tanto en tanto su mirada sobre el aturdido Aarrnino. Es un monólogo lleno de preguntas y temores. Bram, que lo conoce bien, duda de su capacidad para tomar buenas decisiones, aun así lo apoyará una vez más de forma incondicional. Utilizó ese lenguaje cargado de sensualidad, que solo ellos dos entienden, para hablar con Saturnino Segundo, quien interpretó estos gestos como un mensaje de confianza.

— Confiar más en los propios criterios… ¡esa es la precaución! —dijo Saturnino Segundo emocionado por la conclusión. —Tienes razón Bram, lo de hoy fue muy sospechoso… pero… hay una posibilidad de mudarse.

Con esta última frases empezaron los proyectos de mudanza: un piso pequeño, cómodo, con grandes ventanas para regocijo de Bram y cercano al trabajo… Saturnino Segundo escribió como pudo esos deseos sobre varias hojas de salvia. Aunque no habían pasado los tres días que marca el ritual para saber si se cumpliría o no la última petición, sintió que esta vez debía concretar más, ser más específico y esperar que durante al menos una noche se soñara con ella, para que, sin lugar a dudas se cumplieran los deseos . Puso algunas hojas debajo de su almohada, otras irían a la almohada de Bram de donde retiró la hoja de la noche anterior. La enterró en una maceta para neutralizar el efecto. Luego Aarrnino pasó a enumerar ventajas y desventajas de la propuesta de Víctor con largas reflexiones entre una y otra sobre la prudencia, sobre la responsabilidad. Convirtió la conversación en un monólogo lleno de preguntas y temores.

Bram comprendió que Aarrnino necesita «ayuda extra» para desvelar los presentimientos, que le urgía saber qué decisión tomar. Por esa razón él, que se considera sabio y un experto en intuición, se dedicó a contemplar la noche a través de la ventana. Era la única manera de apoyarlo en esos momentos de «consultas», dejó sólo Aarrnino para que recurriera a las barajas españolas. Este aprovechó la repentina calma que reinaba en el salón-comedor para hacerlo… y así se quedaron en silencio mientras Saturnino Segundo se centraba en la consulta.

Es de día. Escena en la habitación de casa de los padres de Saturnino Segundo. Tirada de barajas españolas que señalan conversaciones con un hombre y con una mujer. Precaución. En la cama ropa al descuido y en la mesa de noche el libro Malas decisiones
Las barajas dicen: Conversaciones con hombre de poder, con mujer y señales de precaución.

Levantó la vista y una abeja a través de la ventana lo confundió: «seguro que ese animalito me sigue, eso o los problemas me agobian» se dijo para sí mismo Saturnino Segundo segundo antes de que su madre tocara a su puerta. Era la hora de la cena.

4


Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: