El expulsado: como nave sin marinero (8)

En la mañana escuchó en eco a los medios de comunicación y se apresuró con su rutina, sabía que no era fácil encontrar un transporte. Atinó decirle a Bram desde la puerta «No puedo usar el coche, sólo circulan los autorizados».

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El expulsado: coronado con prosperidad (4a)

Regresó a casa de sus padres y esa tarde fue igual a todas, parecía que nada hubiese pasado. Él y su «amigo» se refugiaron en la habitación, cerró la puerta con llave, dejó de nuevo a sus padres con sus voces llenas de reproches. Bram está algo hambriento, deseoso de hablar, pero también con ganas de escuchar sobre el día de Aarrnino, como acostumbra llamarlo.

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El expulsado: Venus ordena precaución (4a)

Regresó a casa de sus padres y esa tarde fue igual a todas, parecía que nada hubiese pasado. Él y su «amigo» se refugiaron en la habitación, cerró la puerta con llave, dejó de nuevo a sus padres con sus reproches. Bram estaba algo hambriento, deseoso de hablar, pero también con ganas de escuchar sobre el día de Aarrnino, como acostumbra llamarlo.

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El expulsado: poco duran seiscientas monedas (4b)

El cálido abrazo que recibe al llegar le hace comprender a Saturnino Segundo que estaba equivocado en cuanto a Bram: no está nervioso sino más bien relajado, a gusto, algo hambriento, deseoso de hablar y con ganas de escuchar sobre el día de Aarrnino, como acostumbra llamarlo. La alegría de verse por fin la podían manifestar sin tapujos, están solos.

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El expulsado: Ojos rebosantes (4c)

La alegría de verse por fin la podían manifestar sin tapujos, están solos. El cálido abrazo de Bram hizo saber a Saturnino Segundo que no está nervioso sino más bien relajado, a gusto, algo hambriento, deseoso de hablar y con ganas de escuchar sobre el día de Aarrnino, como acostumbra llamarlo.

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El expulsado: quiera la fortuna, lo que imaginé en mi mente (4a)

Frente a su escritorio, hundido en la silla, la jornada fue en apariencia igual a muchas, solo que en su mente ronda el deseo de encontrar una salida por sí mismo. La vista hacia el ventanal le recordó a Saturnino Segundo lo que dijeron las barajas: Prudencia.

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