Se tranquilizó al pensar que podía confiar en ella, luego de haber compartido confidencias en el pasado. «Sabrá comprenderme, pero ¿escucharme?» se preguntó Saturnino Segundo al superar esos ojos color de miel que con eventualidad se posan en los suyos.
Fue difícil esperar a que estuviera solo. Se armó de paciencia y con palabras que denotan necesidad, logró introducirlo en el cubículo que comparte con Anier. El caminar pausado y estudiado de Víctor contrasta con los de Saturnino Segundo, quien en varias ocasiones se tropezó con sus propios pasos, al tratar de seguir ese ritmo tan peculiar.
Saturnino Segundo se despierta tarde en el sofá con un fuerte dolor de cabeza. Mira a su alrededor y se asombra ante el desastre que está el salón. Su primer instinto es hacer la acostumbrada limpieza de energía, pero abatido piensa que no sirvieron para nada, no impidió que esto ocurriera. Sin ánimos, encorvado por el sufrimiento, comienza a recoger los restos de basura, colillas, botellas, mientras murmura con reproche: «No mostraron ni el más mínimo de respeto hacia Bram». Sus palabras se ven interrumpidas al sentir una gran presión que le atraviesa el pecho y le impide respirar con naturalidad. Se sienta en el sofá y descubre a la abeja en la ventana. Ella, como única compañía mira cómo el dolor lo transforma. Saturnino Segundo enciende el incienso de flores, que tanto le gustaba a Bram.
Mientras Aarrnino está en el cine Bram duerme cómodo entre los cojines del sofá. Lo despertó un sonido que viene de la puerta de entrada, imperceptible para cualquier humano. El olor a podredumbre que inunda el lugar obliga a Bram a sacudir la cabeza, y a la abeja que se encuentra en una maceta, a buscar refugio en otra planta por fuera de la ventana. Desde allí le llega la brisa de la calle y observa la escena.
Apenas presta atención al desorden que reina en la habitación. Baja y con dolor de cabeza espera el autobús que lo llevará al trabajo. Ya es costumbre que al subir se cumpla el ritual: Presentar la credencial al ayudante del conductor, quien toma nota en una carpeta del mismo color que el vehículo y su uniforme y asigna un número de asiento. Así con cada uno. Antes de Saturnino Segundo hay por lo menos quince personas. Al llegar su turno el ayudante del conductor no encuentra su nombre en la lista por lo que le impide subir.
Como si estuviera presente aunque me encuentre en lugares remotos
Decidió no asistir. Se colocaría su segunda máscara favorita (luego de la de «chistoso»), esa de: «No sé de qué me hablan». Pretendió mantenerse al margen del grupo, sin escuchar sus murmullos y poder disfrazar el temor de convertirse en el motivo de las nuevas burlas y cuchicheos. Pensó en escabullirse si los veía venir, permanecer todo el tiempo posible detrás de su escritorio aunque así sacrificara sus cafés.
Pasaron algunos días con más penas que glorias. Saturnino Segundo se planteó que fue divertido por un momento el ir y venir de gentes, el salir y entrar, sentarse al aire libre o dentro de un bar, beber en grupo y escuchar la música que les gusta a otros (aunque descubrió no sonaba tan mal). Era hora de volver a su antigua vida social con Bram y los pocos conocidos de sus viajes. Hombres y mujeres que pese a la considerable distancia geográfica, estaban muy cerca de sus opiniones e intereses y sobre todo, en la inmediatez de su mano a través del portátil.
Saturnino retomó los orígenes de su vida social
En su habitación Aarrnino bebe sin compartir las cervezas, aunque si la conversación: A viva voz con Bram y a través de sus dedos con esos amigos virtuales, siempre presentes e inmediatos que dan la bienvenida, reclaman su ausencia y siguen como si nada hubiese pasado con sus temas y consejos ante la angustia de Saturnino Segundo por su economía doméstica.
🔊“♫♪…nuestra ilusión. ♪♫ Ávida de cariño …♪♫”
Saturnino Segundo toma, habla, retoma la letra de la música. Está tranquilo. Los chat han servido para que aclarara: La negociación con sus padres sobre la ayuda que les da, el poder plantearse cómo pagar las cuotas del préstamo, un alquiler y sobrevivir con lo justo. Mira a través de la ventana, se distrae al ver personas desfilar, ocupadas en sus asuntos y de nuevo la abeja, que parece mirarlo desde la maceta de la planta de menta.
Ducha antipulga con manzanilla
Ese fin de semana gris pensó en Bram, en darle su baño de manzanilla «No tiene garrapatas, pero le gusta» Bram se dejó hacer. Las caricias del algodón con la tibia infusión por su cuello, cabeza y patas, eran agradables y una buena excusa para intercambiar mimos con el casi borracho, Aarrnino. La sesión se vio interrumpida por un mensaje de voz que dejó pensativo Aarrnino: Daniel lo re- invitaba a la próxima tertulia de la tarde.
🔊«♫♪ …Si regresas las mañanas se visten.♪♫ De alegres canciones…♫♪»
Pudo encontrar rápido la dirección. Los vio de lejos, mueven sillas y mesas para formar un círculo.
—Molina ¡Llegas en el mejor momento! —dice Daniel mientras le da un apretón de manos y lo toma con sutileza por el brazo. Lo conduce hasta el fondo del círculo recién formado con las sillas. Camina con ese ritmo peculiar que tienen ellos y que hace que Saturnino Segundo se tropiece con sus propios pies. Lo sentó en el borde más alejado del centro del círculo, junto a una atractiva chica que parece sacada de un cuadro de Botticelli , por sus largos cabellos sueltos y su tersa piel.
El giro de 180° que dio la vida social de Saturnino Segundo resultó una sorpresa. Cenas, películas, charlas, juegos… en fin, actividades que ni sabía se podían hacer en grupo o desde una casa.
El giro que ha dado la vida social de Saturnino Segundo, después de haber entrado en el grupo de «La vida Próspera» implicó cafés, cenas, películas, charlas, juegos… en fin, actividades que ni sabía que eran posible en grupo. Como fue inevitable, le llegó su turno de organizar una quedada con los compañeros y su periferia. Irían también aquellos que solían estar invitados a la tertulia de la tarde, e incluso, Víctor y Daniel. «La alta esfera» cómo se la describió a Bram.
American son dirigida por Kenny Leon. Basada en la obra de Broadway, del mismo nombre, de Christopher Demos-Brown quien también escribió el guion de la película.
Quiso viajar y a pesar de tener tan solo una semana de vacaciones, se dispuso a realizar esa excursión. Entre los diferentes traslados y el largo vuelo, le tomó un día entero llegar al Amazonas.