El expulsado: Expulsión (15c-18b) Vida detestable (16c-19c) El alegre rostro de la primavera (17c)

Expulsión

Apenas presta atención al desorden que reina en la habitación. Baja y con dolor de cabeza espera el autobús que lo llevará al trabajo. Ya es costumbre que al subir se cumpla el ritual: Presentar la credencial al ayudante del conductor, quien toma nota en una carpeta del mismo color que el vehículo y su uniforme y asigna un número de asiento. Así con cada uno. Antes de Saturnino Segundo hay por lo menos quince personas. Al llegar su turno el ayudante del conductor no encuentra su nombre en la lista por lo que le impide subir.

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El expulsado: como si estuviese presente (12c) Hécuba es reina (13c)

Como si estuviera presente aunque me encuentre en lugares remotos

Decidió no asistir. Se colocaría su segunda máscara favorita (luego de la de «chistoso»), esa de: «No sé de qué me hablan». Pretendió mantenerse al margen del grupo, sin escuchar sus murmullos y poder disfrazar el temor de convertirse en el motivo de las nuevas burlas y cuchicheos. Pensó en escabullirse si los veía venir, permanecer todo el tiempo posible detrás de su escritorio aunque así sacrificara sus cafés.

Pasaron algunos días con más penas que glorias. Saturnino Segundo se planteó que fue divertido por un momento el ir y venir de gentes, el salir y entrar, sentarse al aire libre o dentro de un bar, beber en grupo y escuchar la música que les gusta a otros (aunque descubrió no sonaba tan mal). Era hora de volver a su antigua vida social con Bram y los pocos conocidos de sus viajes. Hombres y mujeres que pese a la considerable distancia geográfica, estaban muy cerca de sus opiniones e intereses y sobre todo, en la inmediatez de su mano a través del portátil.

Saturnino Segundo (silueta) conversa con Bram (gato negro) y con los amigos desde su smartphone y portátil. Habitación del hostal en desorden, libro Malas decisiones sobre la cama
Saturnino retomó los orígenes de su vida social

En su habitación Aarrnino bebe sin compartir las cervezas, aunque si la conversación: A viva voz con Bram y a través de sus dedos con esos amigos virtuales, siempre presentes e inmediatos que dan la bienvenida, reclaman su ausencia y siguen como si nada hubiese pasado con sus temas y consejos ante la angustia de Saturnino Segundo por su economía doméstica.

🔊“♫♪…nuestra ilusión. ♪♫ Ávida de cariño …♪♫”

Saturnino Segundo toma, habla, retoma la letra de la música. Está tranquilo. Los chat han servido para que aclarara: La negociación con sus padres sobre la ayuda que les da, el poder plantearse cómo pagar las cuotas del préstamo, un alquiler y sobrevivir con lo justo. Mira a través de la ventana, se distrae al ver personas desfilar, ocupadas en sus asuntos y de nuevo la abeja, que parece mirarlo desde la maceta de la planta de menta.

Habitación del hostal ordenada, el libro Malas decisiones sobre la cama. Ducha antipulga con manzanilla al gato negro (Bram)
Ducha antipulga con manzanilla

Ese fin de semana gris pensó en Bram, en darle su baño de manzanilla «No tiene garrapatas, pero le gusta» Bram se dejó hacer. Las caricias del algodón con la tibia infusión por su cuello, cabeza y patas, eran agradables y una buena excusa para intercambiar mimos con el casi borracho, Aarrnino. La sesión se vio interrumpida por un mensaje de voz que dejó pensativo Aarrnino: Daniel lo re- invitaba a la próxima tertulia de la tarde.

🔊«♫♪ …Si regresas las mañanas se visten.♪♫ De alegres canciones…♫♪»

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El expulsado: muy exaltados (12b) ruborizar mejillas (13b) permite (14b)

Muy exaltados

Pudo encontrar rápido la dirección. Los vio de lejos, mueven sillas y mesas para formar un círculo.

—Molina ¡Llegas en el mejor momento! —dice Daniel mientras le da un apretón de manos y lo toma con sutileza por el brazo. Lo conduce hasta el fondo del círculo recién formado con las sillas. Camina con ese ritmo peculiar que tienen ellos y que hace que Saturnino Segundo se tropiece con sus propios pies. Lo sentó en el borde más alejado del centro del círculo, junto a una atractiva chica que parece sacada de un cuadro de Botticelli , por sus largos cabellos sueltos y su tersa piel.

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El expulsado: dejadme complaceros (7b) La autoridad primaveral (9b)

¡Dejadme complaceros!

El giro de 180° que dio la vida social de Saturnino Segundo resultó una sorpresa. Cenas, películas, charlas, juegos… en fin, actividades que ni sabía se podían hacer en grupo o desde una casa.

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El expulsado: miradme (7c) Unos juegan… (9c)

Miradme, muchachos

El giro que ha dado la vida social de Saturnino Segundo, después de haber entrado en el grupo de «La vida Próspera» implicó cafés, cenas, películas, charlas, juegos… en fin, actividades que ni sabía que eran posible en grupo. Como fue inevitable, le llegó su turno de organizar una quedada con los compañeros y su periferia. Irían también aquellos que solían estar invitados a la tertulia de la tarde, e incluso, Víctor y Daniel. «La alta esfera» cómo se la describió a Bram.

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Hada de azúcar morena (microrrelato)

La Muerte acudió al llamado:
—Llévame ¡o hazme una mujer blanca! No me dejarán concursar con ningún pas de deux.
—No puedo cambiar tu piel, pero puedo darte tu deseo.
—¿A cambio de qué?
—Por diversión.

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Una salida extraña (microrrelato)

En la búsqueda del traje apropiado para las fiestas, se sentó en un banco para un breve descanso. Luego no pudo levantarse y una mano se extendió como invitación para que se incorporara, pero al ver la extraña figura que hizo la oferta cayó al suelo.

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El expulsado: que gire la rueda (5b)

Saturnino Segundo conduce el coche a su nueva residencia. En el puesto del copiloto está su mejor amigo con el arnés enganchado en el asiento. La ventana abierta hace entrar una leve brisa que lo despeina. No aparta la mirada del camino, lo olfatea todo, parece estudiar el recorrido. Saturnino Segundo lo mira de reojo y al ver lo grande y hermoso que está una sensación de bienestar recorre su cuerpo, Bram le da un propósito en la vida. Enciende la radio y se dejan llevar por la música.

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El expulsado: rutina rota (3)

Como de costumbre llegó al trabajo al mismo tiempo que los compañeros más asiduos a las habladurías. La charla empezó en torno al tráfico. Quejas en forma de relatos sobre pequeñas molestias del trayecto, esas que pasan con frecuencia.

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El expulsado: nueva cara al mundo (2b)

Ocultos bajo el ruido de las voces chillonas de sus padres que se cuelan a través de las paredes y se mezclan con la música sin llegar acoplarse, consideraron absurdos los reclamos y decidieron ponerles fin. Bram, que es el nombre de «ese amigo», estuvo de acuerdo con Saturnino Segundo, quien comenzó a organizar las pertenencias de ambos en las conocidas maletas y cajas de viajes, que ahora sirven para la mudanza.

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El expulsado: los que fastidian (2a)

Las voces descoordinadas y alzadas en eternas discusiones provenientes del salón-comedor, se colaron por las paredes de la habitación.
Ambos sabían que agradar a los padres era algo que no iban a lograr. Los ojos verdes de Bram (así se llama «ese amigo») compartieron su calma y obligó a Saturnino Segundo a bajar el volumen de la música:

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Personas, gato, plantas, barajas españolas. El expulsado. Saturnino Segundo. El poder, las relaciones y sus creencias

El expulsado: Destino monstruoso (1)

Para Saturnino Segundo Molina las incómodas cenas no tienen fin. En el intento de estar ausente se movió despacio, como si en cada bocado se le fuera la vida. Su vista siguió el vuelo de una abeja, que al igual que las palabras de sus padres, revolotea de forma absurda por el salón-comedor.

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Seis horas de camino, valieron la pena (relato corto)

La casa de su familia quedaba en un lugar paradisíaco, el paisaje se perdía de vista. Con gran entusiasmo la familia salió a recibirnos y mostrarnos nuestras habitaciones, los baños y el resto de aquella enorme casa. Más tarde comimos una suculenta cena al aire libre, en el enorme patio. «El río queda un poco más allá» dijo al señalar un caminito de tierra con orgullo. Charlamos hasta que el agotamiento nos llevó, uno a uno, a las respectivas camas.

A pesar de mi estado de agotamiento no me dormí de inmediato. Miré por el ventanal, las plantas… las flores… caí en éxtasis al sentir la brisa. Un extraño ruido rompió la fascinación, vi que una de sus tías encendió la luz en su habitación, pronunció su nombre en voz alta, luego la apagó y salió a oscuras. La curiosidad hizo que me disfrazara de sombra para seguirla. Así comenzó un peculiar recorrido, en el que fui con precaución por temor a que me descubrieran.  

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Sueño de un paseo de verano (microrrelato)

Encorvada por el peso de la mochila no vi una piedra y resbalé. «¿Estás bien?» preguntó «No te preocupes» respondí. Continuamos el camino cuesta arriba.

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Extrañas compañías (microrrelato)

La noche silenciosa se sentó a su lado en la parada de autobús. Al poco tiempo llegó el miedo y se instaló al otro lado. Mientras esperan, el cielo no quiso mostrar sus estrellas. Así llego la oscuridad que también se sentó con ellos.

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